La fotografía estaba destinada a convertirse en la primera gran postal de Lima 2027. Simone Biles, la presidenta Keiko Fujimori y la paraatleta Karon Palomeque dieron inicio a la cuenta regresiva hacia los Juegos Panamericanos en la Plaza de Armas de Lima. Pero en esa imagen faltaba una autoridad que, por su cargo, debía tener un lugar en la ceremonia: José Antonio Chang, ministro de Educación. Chang había llegado al acto, pero no apareció en la fotografía que marcó oficialmente el inicio de la cuenta regresiva (evento que no celebraba el año previo, otro dato por lo menos curioso). Según pudo conocer este Diario, Chang tampoco estuvo en la recepción protocolar posterior con Biles y los invitados. El ministro asumió el cargo apenas el 28 de julio, por lo que el episodio ocurrió durante sus primeros días al frente del sector del que depende el Instituto Peruano del Deporte.
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Por eso, la eventual salida de Lang no debe confundirse con una crisis que pueda hacerle perder a Lima la sede de los Juegos. El riesgo es más concreto: una interrupción en la ejecución. A menos de un año de Lima 2027, una transición administrativa en un puesto que concentra tantas áreas puede producir demoras, redistribución de responsabilidades y pérdida de continuidad. La frase clave, en este punto, no es “perder los Juegos”, sino perder tiempo. Y eso es justamente lo que la organización menos puede permitirse.
La interrogante entonces surge como obviedad: ¿Por qué Ludeña decidió dar por terminada la orden de servicio de Lang en sus últimas horas como jefe del IPD?
La segunda gran pregunta está en la infraestructura. Lima tiene una ventaja que pocas ciudades organizadoras poseen: no parte de cero. El legado de Lima 2019 seguirá siendo la columna vertebral de los Juegos. Pero los escenarios construidos o renovados hace ocho años requieren nuevas intervenciones para responder a las exigencias de 2027. El IPD y la Autoridad Nacional de Infraestructura suscribieron en julio un convenio para ejecutar seis inversiones estratégicas por más de S/145 millones. El paquete contempla trabajos en el Estadio Nacional, el Coliseo Eduardo Dibós, la Base Aérea Las Palmas, la Villa Deportiva Regional del Callao y la Escuela de Equitación del Ejército, además de nueva infraestructura deportiva.
La tercera respuesta está en los nuevos escenarios. Dentro de ese paquete se contempla la construcción de un moderno centro tenístico en la Villa Panamericana, una instalación especializada para escalada deportiva y el primer campo de cricket del país. El objetivo no es únicamente llegar con sedes listas a julio de 2027. También se busca cerrar brechas de infraestructura y ampliar el legado deportivo después de los Juegos. El IPD señala que estas inversiones permitirán modernizar escenarios existentes y crear instalaciones que permanezcan al servicio del deporte peruano.
La cuarta respuesta vuelve a la operación. Unos Juegos Panamericanos no se organizan solamente con estadios terminados. Transporte, seguridad, alojamiento, tecnología, acreditaciones, voluntariado, alimentación, servicios médicos y atención a las delegaciones forman una maquinaria que tendrá que funcionar al mismo tiempo. Lima tiene una ventaja enorme frente a una ciudad que organiza los Juegos por primera vez: la experiencia de 2019. Pero esa experiencia también dejó una vara alta. Carlos Neuhaus, expresidente del Comité Organizador de Lima 2019, había puesto el foco en el momento actual con una frase que resume la urgencia: “La organización está recuperando el tiempo perdido”. Sin embargo, los repentinos cambios en las últimas horas de gestión de Ludeña podrían alterar críticamente este flujo.
La quinta respuesta está en lo que quedará después. Las inversiones de Lima 2027 no deberían medirse solamente por la capacidad de entregar sedes para las competencias. También por lo que ocurrirá con ellas una vez terminada la fiesta. El centro tenístico, la instalación de escalada y el campo de cricket han sido planteados como parte de un nuevo legado para el deporte peruano. La experiencia de Lima 2019 dejó claro que construir es apenas una parte del problema: después vienen el mantenimiento, la administración, el presupuesto y la capacidad de mantener activas las instalaciones.
La fotografía de Simone Biles, Keiko Fujimori y Karon Palomeque tenía todos los elementos de una celebración. Pero detrás de esa imagen aparece el verdadero examen de Lima 2027. No se trata de si Perú perderá los Juegos: los compromisos con Panam Sports están en marcha y no existe hoy una amenaza de retiro de la sede. Tampoco de si hay obras previstas: existen proyectos y más de S/145 millones comprometidos en un paquete específico de infraestructura. La pregunta es si la organización tendrá la estabilidad y el tiempo suficientes para convertir todo eso en operación. Transporte, hoteles, vuelos, buses, uniformes, voluntariado, marketing, sedes y Villa Panamericana no se resuelven el día de la inauguración. Se construyen mucho antes. Y ahí está hoy la urgencia.

César Candela, director ejecutivo de la SNCI, se reunió con Sergio Ludeña, presidente del IPD, para abordar la problemática en torno a la preparación de cara a los Juegos Panamericanos Lima 2027. Foto: SNCI.
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Óscar Fernández, reciente ministro y anteriormente jefe del IPD, era el gran candidato para reemplazar a Sergio Ludeña. Sin embargo, en las últimas horas su candidatura perdió fuerza por varios motivos: uno de ellos es que tras dejar la cartera de Trabajo, apenas semanas después asumió como asesor de Ludeña.
Esta relación cercana con el saliente Ludeña habría generado que el Gobierno retroceda en su decisión, alargando además el tiempo de decisión para elegir a la nueva cabeza del Instituto Peruano del Deporte.
A esto es preciso añadir que Fernández dejó el cargo como jefe del IPD en agosto de 2018. Su dimisión ocurrió tras una denuncia periodística del programa Punto Final que reveló una supuesta contratación irregular de tres amigas de su esposa como asistentes en su despacho sin concurso público.
Fernández fue nombrado jefe del IPD el 2 de diciembre de 2016 mediante la Resolución Suprema Nº 049-2016-MINEDU, bajo el gobierno del entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski. Antes de liderar el IPD, Fernández se desempeñaba como presidente de la Federación Deportiva Peruana de Atletismo (FDPA).














