jueves, marzo 19

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El arte de desplazarse de un edificio a otro, pero no desde el suelo, sino desde lo alto de un techo, con la gravedad tirando del cuerpo y la adrenalina recorriendo cada músculo. El vacío parece más profundo de lo que es y, durante un segundo, todo depende de un aterrizaje preciso. Esa es la sensación de quienes se atreven a practicar parkour, una disciplina física de origen francés que consiste en trasladarse de un punto a otro superando los obstáculos del entorno urbano, como muros, barandas, escaleras o desniveles.

Su crecimiento ha sido tal que hoy también se ha popularizado en Lima. Para sus practicantes es mucho más que ejercicio; es entrenamiento físico y mental, y también una filosofía de vida. No se trata solo de ir de un lugar a otro, sino de dominar el cuerpo en movimiento con volteretas, piruetas y saltos que exigen precisión absoluta.

Cada cálculo importa; cada error puede convertirse en riesgo. El Comercio conversó con distintos traceurs, nombre con el que se conoce a los practicantes de esta disciplina, para recoger sus testimonios y escuchar sus respuestas ante las críticas que ha generado esta tendencia.

Existen tanto practicantes independientes de esta disciplina como escuelas donde se aprende. Foto: GEC.

/ Mario Zapata N.

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Y es que, en medio de los cuestionamientos, el parkour se ha abierto paso en la capital, especialmente en Miraflores, donde se viralizó un video de un joven llamado Sebastián Perea practicando esta disciplina en Larcomar. Las imágenes encendieron el debate en redes sociales y pusieron nuevamente en discusión los riesgos de esta actividad urbana.

En diálogo con este Diario, Sebastián contó que conoció el parkour cuando tenía 14 años, a través de youtubers europeos. A los 16 se animó a aprenderlo de manera empírica, viendo tutoriales en internet. “Desde muy chico me gustaba saltar y trepar árboles. Siempre practiqué fútbol y básquet, pero ningún deporte llenaba mi espíritu aventurero como el parkour”, relató.

Sebastián Perea es el joven que se hizo viral en redes sociales al saltar en Larcomar. Aunque recibió críticas, también hay personas que lo apoyan y lo felicitan por impulsar el interés por el parkour. Foto: GEC.

Sebastián Perea es el joven que se hizo viral en redes sociales al saltar en Larcomar. Aunque recibió críticas, también hay personas que lo apoyan y lo felicitan por impulsar el interés por el parkour. Foto: GEC.

/ Mario Zapata N.

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Sebastián cuenta que siente libertad y alegría cada vez que realiza estas piruetas, aunque reconoce que requieren preparación y técnica. “El objetivo en general es desplazarte de un punto A a un punto B, y es ahí donde puedes realizar los famosos vaults, que son movimientos para superar obstáculos en altura; también están los long jumps, o saltos de longitud; el acto de ‘pinchar’, que es cuando, después de saltar, caes en un punto fijo y te sostienes con el pie, específicamente con el metatarso; y finalmente los mortales hacia atrás, hacia adelante o laterales, entre otras variaciones”, explicó.

En relación con sus métodos de prevención para evitar accidentes o daños a terceros, el joven indicó que el salto realizado en Larcomar es reciente, pero que antes lo practicó innumerables veces desde el suelo para estar debidamente preparado. “Me ha tomado ocho años hacer un salto de esa magnitud y aprender a controlar mi cuerpo. Además, antes de saltar limpio y reviso la zona, me aseguro de que nadie esté pasando por ahí y verifico que la estructura no esté dañada. No soy un vándalo; siempre calculo mis fuerzas”, señaló.

Sebastián sostiene que ha practicado durante ocho años y que, progresivamente, ha ido mejorando sus habilidades. Foto: GEC.

/ Mario Zapata N.

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“El peligro siempre va a estar. Sin embargo, yo soy responsable de minimizar el riesgo todo lo posible. Por ejemplo, si cruzo la pista existe el peligro de que me atropellen, pero el riesgo aumenta si yo cruzo con la luz en rojo; ahí sí soy responsable. Para minimizar los riesgos, aplico mis métodos de prevención para cuidarme a mí y a los demás”, precisó.

El amante del parkour es consciente de las críticas que recibe en redes sociales, pero procura que no lo detengan. “Si una persona solo ve un TikTok y no conoce todo el trabajo que hay detrás, la reacción natural suele ser atacar. Sé que para algunos soy ‘un loquito saltando’ o ‘un vago que quiere llamar la atención’, pero no es así. Soy profesional en publicidad y marketing y tengo mi propia agencia. Además, como he mencionado, practico esto desde niño y siempre me preparo antes de cada salto”, expresó.

Indicó que sería ideal que en el Perú se creen más espacios adecuados para que los practicantes de esta disciplina puedan entrenar con normalidad. “En Europa existen los ‘parkour parks’, pero aquí todavía no hay espacios similares. Ojalá en algún momento los haya, porque es una actividad para todo tipo de personas. Incluso en el extranjero hay adultos mayores y personas con discapacidad que la practican. Sería bueno que se creen lugares adecuados para entrenar, dar clases y seguir promoviéndolo de manera correcta”, concluyó.

El joven resalta que antes de cada salto siempre observa su entorno, verifica que no haya personas pasando y que la infraestructura donde realizará sus movimientos no presente ningún daño. Foto: GEC.

/ Mario Zapata N.

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Así como Sebastián, existen distintos centros de formación donde niños, adolescentes y adultos pueden aprender esta disciplina física. Uno de ellos es el de Sebastián, llamado Wasi Gym. El joven lo puso en pausa por una temporada, pero ahora está pensando en reactivarlo, ya que su sueño es vivir del parkour. Por otro lado, también están Templum Perú y Maskana, escuelas de movimiento donde se puede aprender parkour, acrobacias, tricking, entre otras disciplinas.

Asimismo, una de las escuelas más conocidas es Lima Traceurs, en Miraflores, donde los más pequeños pueden iniciarse en esta práctica. Su director, Marco Roncal, dijo a El Comercio que creó este centro en 2017 porque quería compartir el arte de mantener el cuerpo en movimiento a través del espacio. “Si bien es cierto este centro cuenta con espacios idóneos, la calle te permite explorar muchas más técnicas, especialmente en los parques. Por ello, considero que deberían existir más espacios urbanos para hacer parkour”, mencionó.

En Lima Traceurs, escuela ubicada en Miraflores, los niños pueden aprender parkour. Foto: GEC.

/ EDUARDO CAVERO SIBILLE

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El profesor de la escuela, Bruno Lindo, enfatizó que esta interacción con el espacio es única y brinda una sensación de libertad. “Siempre nos preparamos antes de cada salto. Todo es muy progresivo; por ejemplo, recomendamos empezar con saltos básicos en el suelo, con un colchón por seguridad, y obviamente siempre escuchando al cuerpo. Entiendo que la gente critique, pero es porque no entiende. Nosotros somos docentes, lo tenemos todo controlado”, enfatizó.

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