El “nuevo amanecer del fútbol peruano” va camino a convertirse en su noche más oscura.
El “nuevo amanecer del fútbol peruano” va camino a convertirse en su noche más oscura.
Desde los resultados, la selección de Mano Menezes no tiene cómo defenderse. El grado de desconcierto de su cuerpo técnico es tal que en un auténtico lapsus que pasará a la historia, el brasileño declaró, luego de la derrota ante Canadá, que es necesario “escoger rivales que nos permitan ganar”. ¿San Marino, quizá?
Menezes llegó al Perú con la imagen de ser capaz de sacar petróleo de donde no había, pero todos sus intentos han sido fallidos. Por momentos se ve a un equipo que intenta presionar alto, excesivamente dependiente de Jairo Vélez. Luego, conforme pasan los minutos, la gasolina se le acaba y ese once impetuoso, a ratos bullidor, se transforma en un cuadro marchito, que apenas corre detrás de la pelota.
Mano no es mago, ni mucho menos uno de esos santeros bamba que pululan en su país. Si el fútbol hasta hace poco nos ayudaba a olvidar nuestras penas, hoy nos las recuerda con saña. Todo lo que ha intentado para revivir a esa encarnación de la tristeza en que se ha convertido la Blanquirroja ha fracasado. Tampoco es un embaucador como su compatriota Pepe, quien organizaba partidos de solteros contra casados durante la Eliminatoria de 1989. Lo peligroso es que va camino a hacer de la selección un revival de aquella que no ganó un solo punto y tanta vergüenza provocó.
Mano Menezes registra el peor porcentaje de puntos ganados de un técnico de Perú en los últimos 30 años. | Foto: FPF/ITEA
Por estos días, se habla que habrá cambios impulsados por la federación: reducción de cupos para extranjeros, obligaciones para los clubes, una nueva bolsa de minutos y hasta la presencia de Jean Ferrari en una novísima comisión de licencias.
Permítanme, más por viejo que por diablo, desconfiar de tantas lindezas. Aquí lo que se necesita es un ‘shock’, pero de confianza. Y eso pasa por colocar al mando de la federación a una persona respetable, incólume, sin tacha, con probadas habilidades para gestionar una organización que lleva años en agonía. Cualquier cambio, sin modificar la cabeza, nos llevará a la nada.
Cuando Ferrari dejó Universitario para irse a trabajar a la Videna se tejieron muchas versiones. No dudo de sus buenas intenciones, como las de Manuel Barreto para aceptar la dirección de menores; pero su trabajo, hasta el momento, ha sido darle vida a una persona probadamente nefasta para el interés futbolístico del país.
Para que se vaya el Tín, antes deben hacerlo las personas que le dan vida con su trabajo y su prestigio. Ojalá, más temprano que pronto, lo entiendan.