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El viernes por la noche, el fútbol peruano volvió a quebrarse. En la tribuna sur del Estadio Alejandro Villanueva, casa de Alianza Lima, lo que debía ser una muestra de aliento previo al clásico terminó en tragedia. Un hincha falleció y decenas resultaron heridos, según los últimos reportes, en medio de un banderazo que se salió de control. El dolor, otra vez, se instaló en la tribuna. Y con él, la inevitable memoria: el fútbol peruano ya ha estado aquí antes.
El viernes por la noche, el fútbol peruano volvió a quebrarse. En la tribuna sur del Estadio Alejandro Villanueva, casa de Alianza Lima, lo que debía ser una muestra de aliento previo al clásico terminó en tragedia. Un hincha falleció y decenas resultaron heridos, según los últimos reportes, en medio de un banderazo que se salió de control. El dolor, otra vez, se instaló en la tribuna. Y con él, la inevitable memoria: el fútbol peruano ya ha estado aquí antes.
LEE: “Es un accidente absolutamente lamentable”, Administrador de Alianza, Fernando Cabada, responde si banderazo tenía autorización después de tragedia en Matute
Testimonios e imágenes posteriores sugieren avalanchas humanas, presión en las tribunas y una respuesta tardía ante la emergencia. La clausura del recinto tras el incidente es una medida que llega, como tantas otras veces, después del daño.
“Siempre hemos tenido estos banderazos, que son eventos internos del club, donde llegan los hinchas a manifestar su respaldo al equipo. Nunca ha pasado nada, pero lo primero que quiero decir es que lamento profundamente que se haya perdido la vida de una persona de nuestra familia. Nosotros, como siempre lo hemos dicho, somos una gran familia blanquiazul y se ha perdido la vida de uno de nuestros familiares”, comentó el administrador aliancista Fernando Cabada.
“Este es un evento interno, no es un evento comercial, no es un evento con entradas, no es un evento que usualmente se organice de manera formal. Es simplemente un grupo de hinchas entrando, como sucede en todos los banderazos y en todos los equipos en el Perú. Era un grupo de hinchas ingresando para darle el respaldo a su equipo”, añadió.
Mientras tanto, el clásico entre Universitario de Deportes y Alianza Lima siguió en pie, como si el calendario no admitiera pausas para el duelo. El fútbol, en su lógica implacable, continúa. Pero la pregunta queda flotando: ¿a qué costo?
Para entender la magnitud de lo ocurrido, es inevitable mirar hacia atrás. El 24 de mayo de 1964, en el Estadio Nacional, se vivió la mayor tragedia en la historia del fútbol peruano -y una de las más graves del mundo-. Durante un partido entre Perú y Argentina por el Preolímpico, una decisión arbitral encendió los ánimos. La invasión de campo, la represión policial y el cierre de puertas provocaron una estampida mortal.
El saldo fue devastador: más de 300 muertos y cientos de heridos. En medio del caos, surgió la figura del llamado “Negro Bomba”, un hincha cuya irrupción simbolizó el inicio del desastre. Aquella noche no solo dejó víctimas; dejó también una herida que el fútbol peruano nunca terminó de cerrar.
“El informe del juez que investigó los hechos fue vetado por las autoridades judiciales en un intento de sepultar la verdad de lo ocurrido”, escribió el periodista Efraín Rúa en el libro “El gol de la muerte: la leyenda del ‘Negro Bomba’ y la tragedia del estadio”.
El ‘Negro Bomba’ sufrió mordeduras de parte de los perros de la policía. (Difusión)
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Víctor Vásquez, el ‘Negro Bomba’ ingresa a la cancha para agredir al juez. (Difusión)
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El domingo 2 de abril se jugó en Arequipa, donde Melgar goleó a Boys (4-0); en Sullana, Municipal cayó ante el local Alianza Atlético (6-2); y en Chiclayo, Juan Aurich empató con Pesquero (1-1). El cuarto partido fue en Lima: era el choque entre el líder del torneo Universitario de Deportes y Unión Minas, de Cerro de Pasco.
Ese partido pasó a la historia no por su resultado sino por un drama, una tragedia en realidad: la muerte de un adolescente, hijo de una trabajadora de limpieza del estadio, en la propia tribuna principal del coloso de José Díaz, luego de ser impactado por una bengala lanzada desde una de las tribunas.
2 DE ABRIL DE 2000 IMAGEN DEL ACCIDENTE OCURRIDO EN EL ESTADIO NACIONAL DURANTE EL PARTIDO ENTRE UNIVERSITARIO Y UNION MINAS. UNA BENGALA LANZADA POR UN GRUPO DE HINCHAS IMPACTO EN EL ROSTRO DE JOSE MAYTA TORRES, «PEPITO», CAUSANDOLE INSTANTANEAMENTE LA MUERTE. MAYTA SUFRIA DE SINDROME DE DOWN. FOTO: EL COMERCIO.
/ ARCHIVO FOTOGRAFICO
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El partido fue suspendido y se reanudó dos días después para terminar los 75 minutos que faltaban jugar. Fue una victoria crema por 2 a 0. Sin público, de luto. La victoria más amarga de todas las que hemos visto hasta hoy en el fútbol peruano.
En la portada de El Comercio del 4 de abril, el mismo día que fue sepultada la víctima, se informaba que las investigaciones de la División de Homicidios de la PNP serían reservadas.
“El no merecía morir así. Pepe fue un muchacho noble, amigable, que nos contagiaba siempre esa innata alegría de sus gestos y ocurrencias… Ayer (domingo) murió en mis brazos y no pude salvarle la vida pese a que lo intenté una y otra vez”, contó a El Comercio, Luis Vergara, un antiguo empleado de vigilancia del estadio, quien intentó salvarle la vida al pequeño hincha pero no lo consiguió.
La tragedia de Pepito Mayta puso al fútbol nacional de duelo hace 20 años. (Foto: Archivo de El Comercio)
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El 2007 dejó otro episodio que expuso la fragilidad del sistema. En el Estadio Monumental, durante un amistoso entre Universitario y Sport Boys, barristas cremas accedieron a una zona donde se encontraban hinchas rivales. Las rejas, que debían separar, fueron abiertas. Lo que siguió fue una agresión brutal que dejó a varios heridos de gravedad.
Ese mismo año, otro hecho estremeció al país: el linchamiento de un hincha rosado en la tribuna sur. La violencia ya no era un accidente ni un desborde ocasional; era una expresión directa de odio entre grupos organizados que encontraban en el estadio un campo de batalla.
Pero si hay una imagen que resume el nivel de confrontación que puede alcanzar el fútbol peruano, es la del bus de Sporting Cristal incendiado por hinchas de Universitario en 1991, luego de la victoria rimense por 2-1 en el viejo ‘Lolo Fernández’ de Breña. El ataque ocurrió en las inmediaciones del estadio y puso en riesgo la vida de jugadores y cuerpo técnico.
Aquel episodio marcó un antes y un después en la percepción de seguridad en el fútbol local. Sin embargo, como tantas otras veces, el impacto fue momentáneo. Las medidas adoptadas no lograron erradicar la violencia, que mutó y reapareció en distintas formas.
En 1991, hinchas de Universitario incendiaron el bus de Sporting Cristal.
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“Recuerdo cuando nos prendieron fuego al bus, fiera. Cuando jugamos en el (estadio) Lolo Fernández. Hubo mucho humo blanco, llamas. Pero fíjate que cuanta decencia de Ricardito Bentín (hijo del fundador del club, Ricardo Bentín Mujica), que acompañado de Federico Cúneo y (Francisco) ‘Pancho’ Lombardi, puso paños fríos. Nosotros sabíamos quién había sido, quién había mandado a hacer todo eso”, contó Horacio Baldessari, autor de los dos goles celestes, a El Comercio sobre aquel día en el que fue una de las víctimas.
El 24 de septiembre de 2011, el nombre de Walter Oyarce se sumó a la lista de víctimas. Hincha de Alianza Lima, fue arrojado desde un palco en el Estadio Monumental tras el clásico. Su muerte, captada por cámaras y seguida por una investigación mediática, expuso la impunidad con la que operaban algunos barristas.




