miércoles, febrero 25

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El cambio de último momento en la jefatura del Gabinete Ministerial alteró el escenario previsto para el inicio del gobierno de José María Balcázar (Perú Libre). Tras idas y vueltas durante la jornada del martes 24, el cargo recayó en la exministra de Economía Denisse Miralles, en lugar de Hernando de Soto, cuyo nombre había sido anunciado por Palacio de Gobierno desde el fin de semana pasado.

El cambio de último momento en la jefatura del Gabinete Ministerial alteró el escenario previsto para el inicio del gobierno de José María Balcázar (Perú Libre). Tras idas y vueltas durante la jornada del martes 24, el cargo recayó en la exministra de Economía Denisse Miralles, en lugar de Hernando de Soto, cuyo nombre había sido anunciado por Palacio de Gobierno desde el fin de semana pasado.

La contramarcha cambió las expectativas en torno a la conformación del Gabinete. Además, el viraje se produce en un contexto de incertidumbre.

La composición final del Gabinete también pone en debate el equilibrio entre perfiles técnicos y consideraciones políticas en la selección de ministros, así como el peso de las bancadas del Congreso en las negociaciones. Ahora, el Ejecutivo enfrenta el reto de alcanzar el voto de confianza.

Para evaluar el alcance político de este giro y las perspectivas del nuevo Gabinete, los analistas políticos Enrique Castillo, Karen López Tello y Paulo Vilca responden a cuatro preguntas clave:

  1. ¿Qué lectura hace del cambio de último momento en la jefatura del Gabinete?
  2. ¿Cuánto debilita a este gobierno esta contramarcha en el Gabinete?
  3. ¿Qué factores cree que pesaron más en la conformación final del Gabinete: el perfil técnico o los intereses de las bancadas en el Congreso?
  4. ¿Qué tan viable ve que este Gabinete obtenga el voto de confianza del Congreso?

Enrique Castillo, analista político. (Foto: Hugo Pérez / El Comercio)

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1. Es obvio que hubo una gran discrepancia entre el presidente y Hernando de Soto. Definitivamente no cotejaron juntos los nombres de los ministros y es muy probable que el presidente no haya estado de acuerdo con las propuestas de De Soto y viceversa. Es muy probable que De Soto no haya estado de acuerdo o no haya querido formar parte de algún tipo de nombramiento que, de repente, el presidente impulsó.

Lo que queda claro es que hubo un entusiasmo inicial de ambas partes, pero seguramente el presidente de la República ha recibido muchas presiones desde los sectores congresales y no solamente a nivel del Parlamento, sino también de otros sectores. Recordemos que la presidencia de la República abarca una serie de grandes sectores.

Lo más probable es que no haya existido un acuerdo, pero lo más sorprendente es que no haya habido una explicación antes de la juramentación. Simplemente nos encontramos con un gabinete sin De Soto y sin ningún tipo de explicación por parte de la presidencia.

El presidente ignoró a De Soto, lo cual es sorpresivo y además demuestra pocos modales, considerando que el mismo presidente, a través de un comunicado, ya había designado a De Soto. Lo que correspondía era que el presidente diera algún tipo de explicación, si no personalmente, al menos a través de alguno de los mecanismos de comunicación de Palacio de Gobierno.

2. Esta nominación del gabinete obviamente genera algún tipo de cohesión interna dentro del propio equipo ministerial. Gran parte de este gabinete es una reafirmación de los cargos de quienes ya ocupaban funciones ministeriales durante el período de José Jerí. Por lo tanto, desde un punto de vista interno, existe una cohesión que se mantiene si, además, cuenta con el beneplácito de las bancadas que ya tenían ciertas cuotas de poder en el gabinete de Jerí. Sin embargo, esta situación provoca un debilitamiento hacia el exterior. De comprobarse estos hechos, se reafirmaría que son las bancadas quienes han ejercido presión sobre el presidente Balcázar para mantener o nombrar a personas ligadas a sus propios colores políticos.

En consecuencia, aunque se logre esa cohesión interna, la imagen y la percepción pública se verán afectadas. Lo que quedará claro es que De Soto fue separado de la designación porque, probablemente, no estuvo de acuerdo con los nombramientos del presidente, o el presidente no aceptó las condiciones de De Soto debido a las presiones internas. Las ratificaciones y los movimientos dentro del gabinete son una muestra de que, efectivamente, las presiones de los partidos políticos funcionaron. En resumen: se logra cohesión interna, pero se genera un problema de percepción externa.

3. Es obvio que los intereses que primaron fueron los de las bancadas. Si bien es cierto que existe un perfil técnico —especialmente en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y en la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), así como en otros sectores, prevalece la sensación de que hubo presión política.

Lo que está ocurriendo refleja un interés por aceptar el manejo de ciertos partidos políticos (no de todos los del Congreso, sino de aquellos que brindaron su apoyo al presidente Balcázar), quienes presionaron en las últimas horas para impedir la inclusión de Hernando de Soto. En el caso específico de Perú Libre, Vladimir Cerrón se opuso abiertamente a su nombramiento. En consecuencia, este episodio quedará marcado por la influencia de la presión política sobre las decisiones del Ejecutivo.

4.Es muy probable que el Congreso de la República le otorgue el voto de confianza a este gabinete. No cabe duda al respecto, ya que los partidos que apoyaron al presidente Balcázar ya se encuentran alineados con este equipo ministerial.

Lo más probable es que, dado que Balcázar obtuvo los 64 votos necesarios para ser designado presidente del Congreso y, consecuentemente, presidente de la República, se repita esa misma votación. Por lo tanto, no queda ninguna duda de que este gabinete obtendrá los votos necesarios para la confianza en el Parlamento.

Karen López Tello, politóloga y directora de Política de Propuesta País.

Karen López Tello, politóloga y directora de Política de Propuesta País.

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1.El cambio de último momento en la jefatura del Gabinete transmite una señal de improvisación que el Ejecutivo no puede permitirse en un contexto de alta fragilidad política. Más que una disputa personal, lo ocurrido revela una falta de cierre político previo en la conformación del equipo. La Ley Orgánica del Poder Ejecutivo es clara: el presidente lidera la designación y el primer ministro articula el Gabinete. Si existían dudas sobre su composición, debieron resolverse antes de aceptar el encargo.

2.No es una contramarcha, pero sí un inicio debilitado. Y en política, los inicios condicionan la gobernabilidad. La señal que se proyecta es de incertidumbre, lo que erosiona la confianza en la capacidad del gobierno para sostener una línea de acción clara.

3.En la composición del Gabinete coexisten perfiles técnicos —alrededor de un tercio— con continuidades y equilibrios políticos. Sin embargo, la permanencia de algunos ministros obliga a evaluar resultados concretos: en sectores como transporte o seguridad ciudadana, los avances han sido insuficientes frente a problemas críticos como la extorsión. En salud, no se anticipan cambios de rumbo. En seguridad, el margen es estrictamente operativo y de corto plazo.

El mayor punto de alerta está en la gestión del Fenómeno de El Niño. Más allá de la experiencia individual, no se evidencia una capacidad efectiva en sectores clave de coordinación multisectorial e intergubernamental, que es donde históricamente el Estado peruano falla.

4.El Gabinete probablemente obtendrá el voto de confianza. Pero su verdadero examen no está en el Congreso, sino en su capacidad de gestión inmediata.

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