miércoles, enero 14

Una de las escenas mas reveladoras de “Eternally Electric”, la autobiografía que Debbie Gibson publicó el año pasado, transcurre en una sala de juntas de Atlantic Records donde la desproporción lo dice todo. De un lado de la mesa, una chica de 16 años sentada junto a su madre. Del otro, una docena de ejecutivos trajeados que discuten si esa adolescente tiene derecho a escribir y producir su propia música. En medio de esa tensión, la madre golpea la mesa: “Mi hija puede grabar un disco mejor que nadie”. Ella lo sabe porque ha visto a Debbie armar un estudio casero en el garaje de su casa a los 14 años, porque la ha visto componer desde los 5 años. Los ejecutivos siguen sorprendidos. Que una joven artista que todavía va a secundaria pelee por el control creativo de su carrera les parecía una afrenta o una burla..

Una de las escenas mas reveladoras de “Eternally Electric”, la autobiografía que Debbie Gibson publicó el año pasado, transcurre en una sala de juntas de Atlantic Records donde la desproporción lo dice todo. De un lado de la mesa, una chica de 16 años sentada junto a su madre. Del otro, una docena de ejecutivos trajeados que discuten si esa adolescente tiene derecho a escribir y producir su propia música. En medio de esa tensión, la madre golpea la mesa: “Mi hija puede grabar un disco mejor que nadie”. Ella lo sabe porque ha visto a Debbie armar un estudio casero en el garaje de su casa a los 14 años, porque la ha visto componer desde los 5 años. Los ejecutivos siguen sorprendidos. Que una joven artista que todavía va a secundaria pelee por el control creativo de su carrera les parecía una afrenta o una burla..

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La edad siempre ha sido un factor paradójico en la música pop. La industria suele apuntar al público adolescente, porque el retorno monetario es inmenso, pero históricamente ha desconfiado de su capacidad para crear. Hoy vemos con naturalidad a artistas como Billie Eilish, quien con 17 años compuso un disco que barrió con los cuatro Grammys principales. También hemos visto a Olivia Rodrigo llegar al número uno con “Drivers License”, a los 17. En 1987, ese panorama era casi impensable. Las adolescentes podían cantar, bailar, sonreír para las cámaras y vender millones de discos, pero no se esperaba que escribieran las canciones ni tomaran decisiones en el estudio.

La músico pop Debbie Gibson posa para un retrato en su casa en 1988. (Foto: Joe McNally/Getty Images)

/ Joe McNally

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El tiempo, sin embargo, no ha sido amable con Debbie Gibson. Una artista como Madonna, que era algunos años mayor que ella, siempre fue percibida con un toque mucho más transgresor que Gibson no tenía y al parecer tampoco buscaba. Con Cyndi Lauper, la otra gran cantante de los 80, se llevaban 17 años de diferencia. Claramente era de una liga aparte. Su rival por entonces era otra cantante juvenil, su casi contemporánea Tiffany. Pero la hoy olvidada Tiffany no era compositora.

Aun así, la música de Gibson fue recibida con montañas de cinismo por parte del público adulto y la crítica rock que suele deslegitimar las expresiones adolescentes y las considera un entusiasmo pasajero o producto fabricado. Para muchos, su nombre quedó asociado a un fenómeno breve: dos discos exitosos y poco más.

Debbie Gibson por primera vez en Lima. (Foto: Difusión)

Debbie Gibson por primera vez en Lima. (Foto: Difusión)

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Cuando llegaron los años noventa y la adolescencia cambió la miel por la angustia grunge, la inalterable pulcritud de su pop empezó a sonar fuera de época. Gibson encontró entonces refugio en el teatro musical —su otra gran vocación—, mientras seguía editando discos que ya no despertaban el mismo interés. El mundo había dejado de prestar atención al pop hecho por chicas. No volvería a hacerlo hasta algunos años después, con la aparición de Britney Spears, en coordenadas distintas y mucho más sexualizadas que las de los años ochenta.

Antes de sentarse en las mesas de negociación, Debbie Gibson cuenta en su biografía que creció en una casa donde hubo un piano antes que un sofá. Su padre era músico aficionado y no perdía oportunidad de transmitirles a sus hijas la pasión por el canto. Nacida en Long Island, compuso su primera canción a los cinco años y pasó la infancia participando en concursos de canto y piano. Tocaba a Beethoven y Mozart en primaria, lo que la hacía ver como un bicho raro, una sensación que la acompañó durante buena parte de su vida escolar. No iba a fiestas, no era la más popular. Era una nerd de la música que, para su regalo de confirmación, pidió un teclado Casio antes que una cadena. Soñaba con ser Elton John o Billy Joel y escribir sus canciones, tocarlas y darles forma desde adentro.

Portada del libro «Eternally Electric», la autobiografía de Debbie Gibson, publicado el 2025.

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La autobiografía de Gibson es pródiga en detalles menos conocidos, como su lucha contra la ansiedad, que la llevó a consumir xanax desde muy joven. También recuerda cómo debió lidiar con insinuaciones que hoy resultarían impensables en la era posterior al Me Too. La Debbie Gibson que llegará al Perú este 3 de febrero es distinta a la adolescente que saltaba por el escenario con su pop prístino. Es una artista que ha cantado en los principales teatros de Broadway durante más de tres décadas y que ha compuesto canciones para otros músicos. Gibson siente que esta etapa, en la que el público vuelve a escuchar sus viejos éxitos, combina pasado y presente. A esa sensación la llama ‘newstalgia’: “No creo que todo lo bueno haya ocurrido en el pasado, pero sí sé que podemos recuperar todas las emociones de nuestra juventud, traerlas al presente y salir al final de la noche con una vitalidad renovada”. //

Además…

Chicas de los 80s

Las dos grandes figuras que dominaron el pop en los años ochenta fueron Madonna y Cyndi Lauper. La primera aún no era conocida como la Reina del Pop, pero ya tenía ambiciones enormes de realeza. Lanzó su disco debut en 1983, desde una coordenada juvenil, y pronto entendió las ventajas de rodear su propuesta de controversia, desde canciones como “Like a Virgin” hasta videos como el “Like a Prayer”. En los años siguientes, se rodearía de productores clave que terminarían de impulsar su proyecto. Cyndi Lauper, en cambio, no era adolescente cuando publicó su hipervendedor “She’s So Unusual”. Aunque muchos lo desconocían, tenía 30 años al imponer canciones como “Girls Just Want to Have Fun”. Su voz se adaptaba con naturalidad a distintos ritmos y géneros, del rock al R&B. Lauper visitó el Perú en 2008 para un recordado concierto en la tribuna norte del Estadio Nacional.

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