martes, junio 2

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En el colegio, los amigos de Gardenia Reynoso se burlaban de su amor por la música coreana. “Es la rarita que escucha a sus chinitos”, le decían, según recuerda con ternura la cantante y bailarina peruana. Amante de la ola musical k-pop, ella empezó haciendo coreografías de BTS y otros grupos asiáticos, y participaba en competencias de baile. El tiempo ha pasado y, si bien sigue llevando su nombre y apellido con honor, en el plano artístico los cambió por Qorianka, que en quechua significa “águila de oro”. Su historia es de lucha y de un vínculo con el continente oriental que nadie de su familia anticipó. Hoy firma canciones de fusión peruana con pop internacional –en las que mezcla quechua, español, coreano e inglés–, como es el caso “Tayta”, su más reciente sencillo.

En el colegio, los amigos de Gardenia Reynoso se burlaban de su amor por la música coreana. “Es la rarita que escucha a sus chinitos”, le decían, según recuerda con ternura la cantante y bailarina peruana. Amante de la ola musical k-pop, ella empezó haciendo coreografías de BTS y otros grupos asiáticos, y participaba en competencias de baile. El tiempo ha pasado y, si bien sigue llevando su nombre y apellido con honor, en el plano artístico los cambió por Qorianka, que en quechua significa “águila de oro”. Su historia es de lucha y de un vínculo con el continente oriental que nadie de su familia anticipó. Hoy firma canciones de fusión peruana con pop internacional –en las que mezcla quechua, español, coreano e inglés–, como es el caso “Tayta”, su más reciente sencillo.

“Empecé grabando covers con un productor musical, amigo de la familia, que trabajaba con Max Castro”, recuerda la artista de 25 años. Su padre es Carlos Reynoso, guitarrista y compositor del Dúo Romances, famoso grupo de Andahuaylas. Él la llevaba de niña a los conciertos donde sonaban temas como “Amor de arena” y “Mi tierna flor”. Su abuela soprano Marina Echevarría y sus tíos quechuahablantes le dieron el oído y la voz para ser diestra en el idioma que hoy incorpora en sus letras.

Mientras su canal de YouTube supera las 20 mil personas suscritas, el tema más escuchado de Qorianka en Spotify, “Upallay”, ronda las 71 mil reproducciones. (FOTO: DIEGO MORENO/EL COMERCIO)

Mientras su canal de YouTube supera las 20 mil personas suscritas, el tema más escuchado de Qorianka en Spotify, “Upallay”, ronda las 71 mil reproducciones. (FOTO: DIEGO MORENO/EL COMERCIO)

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Qorianka nació en Lima, pero su brújula interior apunta a la sierra: por parte de padre, andahuaylina; por el lado materno, ayacuchana. De niña vivió un tiempo en Apurímac antes de volver a la capital para estudiar el colegio y la universidad.

Duo Romances tenía un vínculo de amistad con Pedro Suárez-Vértiz. El padre de Qorianka, Carlos Reynoso, participa en las producciones de su hija aportando arreglos de cuerdas, especialmente guitarras y charango. (Foto: Cortesía Qorianka)

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Qorianka siempre intenta vincular la cultura peruana en sus videoclips y lo hace de muchas maneras. En el de “Tayta” la observamos menearse con un traje de polleras y un crop top fluorescente, adoptando los enérgicos pasos de baile del k-pop. La canción habla de fortaleza interior, fe y esperanza. De acuerdo a la traducción de su título, invoca a ese “padre” espiritual que la sostuvo cuando todo parecía desbordarse en su vida.

Con su propuesta, Qorianka se integra a la movida de artistas locales que mezclan quechua con pop, rap o electrónica, como ya lo hacen Renata Flores, Lenin o Kayfex. Una comunidad que reivindica el idioma como lengua viva, capaz de habitar pistas bailables o hacer convivir el charango con los sintetizadores.

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Qorianka estudiaba Relaciones Internacionales en Lima cuando obtuvo una beca para estudiar Comercio Exterior en la Universidad de Incheon, en Corea del Sur. Allá, además de estudiar, se sostenía vendiendo productos y compartiendo en redes sociales su experiencia como estudiante latina en Asia. Pero la fascinación por Seúl tuvo un reverso áspero. La presión por las notas perfectas, los estándares de belleza y la soledad en plena pandemia la llevaron a la depresión.

“Lo que me salvó y alentó a seguir adelante, primero, fue Dios, y después los sueños que siempre he tenido. Dedicarle mi vida a la música, a la danza y al arte en general”, dice.

Qorianka se reunió con Amanda Portales, Pelo D’Ambrosio y Marco Romero en China para filmar el video musical “De Chancay a Shanghai”. (Foto: Cortesía Qorianka)

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Este año, Qorianka también marcó China en su mapa. Fue invitada a un proyecto cultural en Shanghái que reunió a otras figuras de la música peruana como Amanda Portales, Pelo D’Ambrosio y Marco Romero. Juntos grabaron el videoclip “De Chancay a Shanghai”, iniciativa del canal Shanghai Media Group (SMG). La pieza celebra el encuentro entre culturas y acompaña simbólicamente la construcción del puerto de Chancay como puente entre ambos países. “Aprendí de ellos que, a pesar de todo, incluso tiritando en el frío en el que grabamos, un artista siempre tiene que estar dispuesto a cantar”, cuenta.

Pensando en un horizonte internacional, Qorianka ya está habitando el ecosistema digital asiático. Lanzó sus cuentas en plataformas chinas, como Douyin o RedNote (Xiaohongshu), necesarias para llegar a audiencias de un país donde las aplicaciones occidentales más populares no están disponibles. (FOTO: DIEGO MORENO/EL COMERCIO)

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“En vez de Justin Bieber, que era la voz de mi adolescencia, ahora la moda es BTS. Ver con mis propios ojos cómo el k-pop hace un cambio es increíble. Pasó de ser algo de minorías a algo que gusta a las masas”, expresa.

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