sábado, septiembre 12

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Antes de arribar, Marco tuvo su cariñito. Perú rompió sus relaciones con Irán. Así, de la nada, pero, en verdad, por todo lo que pide Trump: un hemisferio unido en contra de lo que amenace o compita la hegemonía de los Estados Unidos. Así de simple.

No somos los únicos visitados por Rubio, pero tenemos un lugar especial en su gira de a tres, junto a Colombia y Ecuador. Somos un tablero de la competencia entre su país y la China.

El visitante estuvo apenas unas horas en Quito, donde se reunió con el presidente Daniel Noboa, y aquí llegó a dormir. No sabemos que tan serena fue su noche, teniendo de anfitrión a su hiperkinético embajador Bernie Navarro.

Como ha explicado el excanciller Hugo de Zela, la visita se gestó durante el gobierno de José Jerí, pero se pospuso por la sucesión de José María Balcázar. No tenía sentido que Marco viniera a conversar sobre Aristóteles con un fugaz presidente de izquierda.

El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, y su esposa, Jeanette Dousdebes, llegaron al Grupo Aéreo N° 8, en el Callao la noche del 9 de septiembre de 2026. Fueron recibidos por el Canciller peruano Carlos Espá y el embajador de EE.UU. en Perú, Bernie Navarro. Foto: Martin Mejia / AFP

El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, y su esposa, Jeanette Dousdebes, llegaron al Grupo Aéreo N° 8, en el Callao la noche del 9 de septiembre de 2026. Fueron recibidos por el Canciller peruano Carlos Espá y el embajador de EE.UU. en Perú, Bernie Navarro. Foto: Martin Mejia / AFP

/ MARTIN MEJIA

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Cité a De Zela porque es uno de los gestores de la fórmula con la que navegamos por el mundo bipolar: EE.UU. es nuestro aliado íntimo, nuestro pariente, nuestro ‘bro’; mientras China es nuestro principal socio comercial. Lazos de sangre versus interés comercial. No es muy convincente la fórmula, pero es lo que hay. El canciller Carlos Espá se inclina más hacia el ‘bro’ pero sabe que la ecuación de Torre Tagle es la que conviene.

Marco Rubio llegó a Palacio de Gobierno y fue recibido por Keiko Fujimori, con quien sostuvo una reunión junto a sus respectivas delegaciones. (Foto: Presidencia)

/ Cristian Olea

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La agenda de las reuniones de Rubio con Espá en Torre Tagle y, luego, con Keiko Fujimori en Palacio, fue pública pero podemos adivinar el entrelineado de lo que se habló en privado: Los límites de la alianza de defensa contra los ‘grupos hostiles transnacionales’ llamada Shield of the Americas (Escudo de las Américas), a la que ya estamos incorporados según anuncio hecho por el propio Rubio y confirmado el jueves por Keiko; la cooperación que de allí se deriva; las relativamente pocas inversiones de EE.UU. en Perú y la presencia de China en nuestro país.

¡La China! Ese fue el elefante en la sala. El artículo ‘Un hemisferio que cumple’ (8/9/2026) que publicó Rubio en El Comercio en víspera de su arribo empezó la polémica. “Mientras los proyectos respaldados por el Partido Comunista Chino pasan por alto los marcos legales del Perú y amenazan la seguridad y la transparencia de los datos, el sector privado de EE.UU. está trayendo inversiones abiertas”, escribió Marco.

Al día siguiente, la Embajada de China en Lima, le contestó: “China nunca ha actuado con cálculos geopolíticos, nunca ha interferido en los asuntos internos de otros países y nunca ha exigido a otros países que tomen partido o elijan un bando. El hemisferio occidental no es el ‘patio trasero’ de nadie”. La cosa está clara, la ecuación sirve.

¿El sucesor?

«Pero, ojo, Marco no cuenta con el favoritismo de Donald. Este ha dicho, más de una vez, que “una fórmula Vance-Rubio” sería imbatible, pero siempre ha puesto a su vicepresidente JD Vance por delante», reseña Fernando Vivas en su crónica. (Photo by SAUL LOEB / AFP)

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La rivalidad de EE.UU. con China está en el candelero nacional junto con el hombre que podría ser -se comenta desde hace tiempo- un sucesor de Trump en las primarias republicanas para elegir candidato. Pero, ojo, Marco no cuenta con el favoritismo de Donald. Este ha dicho, más de una vez, que “una fórmula Vance-Rubio” sería imbatible, pero siempre ha puesto a su vicepresidente JD Vance por delante. También ha hablado, provocadoramente, de su reelección, aunque la XXII Enmienda a su Constitución, aprobada en 1951, impide ser elegido más de dos veces. En cualquier caso, sea que lo desplace el propio Trump o Vance, Marco puede esperar. Tiene 55 años, poco para una presidencia gerontocrática.

Locuaz hispanoparlante, Rubio parece un secretario de Estado a la medida del renovado interés de Washington en LATAM. Pero no se confundan. El apetito de influencia de Trump es global y la latinidad de Marco no necesariamente está en función de un supuesto regionalismo trumpista.

Rubio compitió con Trump en las primarias del 2015. Donald lo ganó incluso en Florida, su estado natal y estado adoptivo del ahora presidente, que tiene allí su residencia Mar-a-Lago.

Marco no es diplomático de carrera, sino un político (senador) que integró la Comisión de Relaciones Exteriores de Senado y se prendó del asunto. Donald lo convocó de canciller por que lo conocía, porque es de su querida Florida y porque, en general, aporta un saludable soplo de diversidad a su gabinete y a la nación en la que el español es el segundo idioma más hablado.

El encuentro entre Keiko Fujimori y Marco Rubio culminó con el anuncio del inicio de una “nueva era” bilateral. (Foto: Presidencia)

/ Cristian Olea

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En la conferencia de prensa en Palacio, Marco dio respuestas bilingües, bromeó con la prensa, toreó -o sea, desvió- las preguntas sobre China y sobre si habría tropas suyas en Perú, y no parecía agotado cuando Keiko cerró las preguntas. No fue una ‘visita de Estado’ pues ese concepto se reserva para los presidentes, pero se trató como si lo fuera.

Rubio vino en avión propio, el canciller lo recibió al pie de la escalinata y estuvo acompañado por su esposa Jeanette Dusdebes; como si fuera un mandatario. Espá le puso la Orden Del Sol en Torre Tagle. Marco correspondió la pompa en un post de circunstancia en X. Las cartas están sobre la mesa.

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