Lejos de las playas y los viajes que suelen marcar las vacaciones de verano en Europa, 180 adolescentes italianos decidieron dedicar dos semanas a levantar viviendas y espacios deportivos en algunos de los sectores más vulnerables de Lima. Con palas, martillos y brochas en mano, los estudiantes, de entre 14 y 16 años, participaron en la construcción de 24 viviendas prefabricadas de madera en Lurín y dos losas deportivas en Pamplona, obras que beneficiarán a cientos de familias.
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Actualmente, Wecare desarrolla proyectos de voluntariado en Perú, Argentina, Brasil y Ruanda, y este año movilizará a más de 520 voluntarios. Solo en el Perú participaron 210 personas entre adolescentes, coordinadores juveniles y personal adulto.
Para Lozada, el objetivo va mucho más allá de construir infraestructura.
“Queremos poner juntos dos mundos, el de personas que viven situaciones muy difíciles y el de jóvenes que han tenido muchas oportunidades. Cuando ambos se encuentran descubren que, más allá de las diferencias, comparten el mismo deseo de ayudar”.
De una cancha esperada por dos décadas a 24 viviendas para familias de Lurín
La primera parte del voluntariado se desarrolló en Pamplona, donde los adolescentes construyeron dos losas deportivas que durante más de veinte años habían sido esperadas por los vecinos.
Cada una beneficiará aproximadamente a 170 familias y permitirá que decenas de niños cuenten, por primera vez, con un espacio seguro para practicar deporte.
Posteriormente, los voluntarios se trasladaron a Lurín para construir 24 viviendas prefabricadas destinadas a familias en situación de pobreza extrema.
Organizados en equipos de ocho y nueve integrantes, levantaron las estructuras prácticamente desde cero.
“Construimos los cimientos, el piso, las paredes, las ventanas y el techo”, cuenta Nicolo, estudiante de 15 años procedente de Milán.
Aunque ninguno de los adolescentes tenía experiencia previa en construcción, el fundador de Wecare destaca que el entusiasmo terminó imponiéndose sobre la falta de práctica.
“Son jóvenes que nunca habían tocado una pala o un martillo, pero el deseo de transformar la vida de otras personas termina siendo más grande”.
«Es un regalo de vida»: el impacto de recibir una vivienda propia
Para Paola Martínez, la casa entregada por Wecare llegó en el momento más importante de su vida.
Hasta hace unos días vivía junto con su esposo, sus dos hijos y otros familiares en una vivienda prestada. Ahora cuenta con un espacio propio que, además, recibió pocos días antes de cumplir 36 años. En una entrevista brindada a El Comercio, nos cuenta que esta vivienda la recibe como si fuese su regalo de cumpleaños.
“Es un regalo de vida. Es un regalo de cumpleaños. Nadie viene y te dice que te va a regalar una casa. Para mí es una bendición de Dios”, afirma.

Paola Martínez recibió una de las viviendas construidas por los voluntarios de WeCare en Lurín. La nueva casa permitirá a su familia dejar de pagar alquiler y afrontar con mayor tranquilidad el tratamiento médico de su hija de cuatro años. (Foto: Hugo Perez / GEC).
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La vivienda también representa un alivio económico para su familia. Su hija de cuatro años padece hipoacusia bilateral profunda y actualmente recibe terapias mientras espera un implante coclear.
“Ya no me voy a preocupar por el alquiler. Ahora ese dinero podrá servir para otras necesidades de mi hija”.
Una historia similar vive Anabel Flores, madre soltera de dos hijos, quien hasta ahora residía en un cuarto alquilado.
























