Seis meses después del inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el conflicto parece haber entrado en una etapa distinta a la que imaginaron sus protagonistas. La ofensiva comenzó el 28 de febrero con el objetivo de golpear el programa nuclear iraní y reducir sus capacidades militares, pero la guerra se prolongó mucho más de lo previsto.
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Para Jorge Antonio Chávez Mazuelos, analista internacional, el problema para Washington es que los avances militares no se han traducido en una victoria política.
“En buena cuenta, ninguno de los objetivos” se ha cumplido completamente, sostiene. El programa nuclear no fue destruido, Irán mantiene capacidad para producir misiles y sus grupos aliados fueron debilitados, pero no eliminados.
A ello se suma un nuevo problema para Estados Unidos: cómo salir de la guerra. Chávez Mazuelos explica que una invasión terrestre podría provocar el colapso del régimen iraní, pero tendría un costo demasiado alto para Washington. La geografía de Irán y la capacidad de respuesta de sus fuerzas harían necesaria una operación militar de gran escala.
Por eso, Estados Unidos tiene capacidad para aumentar la presión, pero no controla completamente las consecuencias de hacerlo. Irán todavía puede atacar bases estadounidenses y objetivos de países aliados en el Golfo. En ese escenario, una nueva escalada también tendría un costo para Washington.
Irán juega su principal carta
Mientras Estados Unidos intenta encontrar una salida, Irán también ha tenido que modificar su estrategia. Para Ricardo Falla, especialista de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, el objetivo principal de Teherán es ahora la supervivencia del régimen.

Imagen de archivo de un petrolero en llamas en el estrecho de Ormuz. Foto: EFE
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El especialista considera que la guerra ha generado un desgaste económico y social importante, pero también señala que el gobierno iraní mantiene respaldo interno y entiende el conflicto como parte de un proyecto político y religioso más amplio.
Además, Falla destaca el papel de Rusia y China. Según explica, el respaldo de ambos países puede darle a Irán un margen para resistir la presión estadounidense. “Ormuz es claramente el as que tiene bajo la manga la República Islámica”, afirma.
La importancia de esa vía marítima explica parte de la dificultad para alcanzar un acuerdo. Mientras Teherán puede utilizarla para presionar sobre los precios del petróleo y el comercio internacional, Washington necesita conseguir su reapertura sin dar la impresión de que cedió ante Irán.
Al mismo tiempo, la situación económica iraní se ha deteriorado. Según datos recogidos por la agencia EFE, la inflación interanual llegó al 87,9% en julio y la de alimentos alcanzó el 128%. El desempleo también aumentó y el rial llegó a mínimos históricos frente al dólar.
Israel también cambió sus prioridades
Aunque gran parte de la atención internacional se ha concentrado en la confrontación entre Washington y Teherán, Israel mantiene sus propios objetivos.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en Jerusalén, el 17 de agosto de 2026. (Ohad Zwigenberg / POOL / AFP)
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Chávez Mazuelos explica que Israel buscaba inicialmente destruir el programa nuclear iraní, reducir su capacidad misilística y cortar el apoyo a los grupos armados respaldados por Teherán. Pero había una meta más ambiciosa: provocar el colapso del régimen e incluso una eventual fragmentación de Irán. Ese objetivo tampoco se cumplió.
El régimen iraní sobrevivió y, después de la muerte de Alí Jamenei, fue designado un nuevo líder. La Guardia Revolucionaria mantiene además un papel central dentro del aparato de poder iraní.
Ante ese escenario, Israel desplazó parte de su atención hacia Hezbollah y el Líbano. Para Chávez Mazuelos, esto también está relacionado con la situación política interna de Israel y con la necesidad de Benjamin Netanyahu de mantener cohesionada su coalición de gobierno.
El analista considera que aquí aparece una diferencia importante con Washington. Israel no necesariamente comparte todos los objetivos ni los tiempos de Estados Unidos. De hecho, sostiene que Netanyahu puede mantener posiciones propias frente a Gaza, Líbano e Irán porque tiene margen político para hacerlo.
Falla también advierte que Israel ha quedado parcialmente oculto detrás de la imagen de una guerra entre Estados Unidos e Irán. “Desde el otro lado del mundo solamente vemos la presencia” de Washington, señala, aunque remarca que Israel mantiene un papel importante en el conflicto.

Varios automovilistas circulan con sus vehículos junto a una valla publicitaria política que muestra al presidente estadounidense Donald Trump y el estrecho de Ormuz en la plaza Valiasr de Teherán, el 26 de mayo de 2026. (ATTA KENARE / AFP) /
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¿Qué puede pasar ahora?
Seis meses después del inicio de la guerra, las negociaciones siguen siendo el principal camino para evitar una nueva escalada. El memorando de entendimiento alcanzado en junio no logró convertirse en un acuerdo definitivo y las conversaciones volvieron a estasncarse. Según AP, Washington terminó retomando la presión económica después de que ese entendimiento quedara prácticamente en el olvido.
El escenario de los próximos meses dependerá, en buena medida, de cuánto estén dispuestos a ceder Estados Unidos, Israel e Irán. Cada uno necesita algo diferente: Washington busca una salida que pueda presentar como una victoria; Teherán quiere garantizar la supervivencia de su régimen y conservar capacidad de respuesta; e Israel mantiene objetivos de seguridad que no siempre coinciden con los de su principal aliado.
Para Falla, los equilibrios que han evitado una expansión mayor de la guerra son “muy frágiles”. Por su parte, Chávez Mazuelos considera que el principal error estratégico fue pensar que Irán podía ser derrotado rápidamente.
Seis meses después, esa apuesta parece haber quedado atrás. La guerra comenzó con objetivos definidos, pero el paso del tiempo los fue modificando. El programa nuclear sigue siendo una preocupación, los misiles iraníes no fueron eliminados y Ormuz se convirtió en una pieza central del conflicto.


