Marzo nos pega el bolsillo por tres frentes: interrupción local, petróleo más caro y un dólar más fuerte. Y el Fenómeno El Niño asoma como amplificador.
El primer golpe es local: el racionamiento de gas en Lima y Callao tras un accidente. La prioridad ha sido lógica: hogares y el GNV que mueve transporte masivo. Pero el ajuste recayó sobre generadoras eléctricas, industria y otros transportistas a GNV, que consumen cerca del 90% del gas del país.
El segundo golpe viene de fuera. El conflicto en Medio Oriente pone el foco en el Estrecho de Ormuz, por donde circula alrededor de una quinta parte del comercio global de petróleo y gas natural. Si el tránsito se complica, el Brent se sostiene por encima de US$80. En buen cristiano: justo cuando el país necesita sustituir temporalmente gas, el mundo encarece los sustitutos.
El tercer golpe es el dólar. El martes 3 de marzo, el tipo de cambio subió 1.6% y registró su tercera mayor subida diaria de los últimos cinco años luego de la segunda vuelta de las elecciones de 2021 (1.76%) y el primer mensaje presidencial de Pedro Castillo (3.62%). Con un mayor riesgo global, el dólar se fortalece (el tipo de cambio sube) y la factura de importar combustibles se encarece dos veces: por el barril y por el tipo de cambio.
A esto se podría sumar el riesgo climático. A la fecha, lo probabilidades apuntan a un FEN costero débil, pero cuyas lluvias y sus efectos empiezan a sentirse, con un impacto potencial sobre los precios de los alimentos.
Dicho esto, estamos ante shocks energéticos temporales que requieren respuestas ad-hoc: focalizadas, transparentes y con fecha de caducidad. Esto requiere, como mínimo: dos puntos. Primero, información clara: cronograma, reglas de racionamiento, criterios de priorización y canales de atención. Sin eso aparecen colas, especulación y costos innecesarios. Segundo, facilitar sustitución donde sea posible —incluida la generación eléctrica— sin controles de precios ni tampoco subsidios generalizados que sobreviven a la emergencia.
Pero el gas no se resuelve con “aguantar dos semanas”. El fondo es la fragilidad de un sector que dejó de atraer inversión. Luego del desarrollo del yacimiento de Camisea, que se inauguró en 2004 luego de haberse descubierto en 1984, no se ha desplegado otro proyectos gasífero de gran envergadura. La falta de nuevos desarrollos se refleja en la caída sostenida de la inversión en exploración y explotación desde 2013. En general, el sector ha perdido prioridad. desde 2021 se han realizado apenas tres perforaciones exploratorias, frente a las 47 ejecutadas entre 2011 y 2015.
Que la emergencia sirva para mirar lo importante: urgen reglas estables para explorar y desarrollar, permisos predecibles y más infraestructura de transporte y distribución. Contener hoy es urgente. Corregir la vulnerabilidad mañana es obligatorio.














