Akunin, de 69 años, es uno de los escritores rusos contemporáneos más leídos, y se encuentra exiliado en Occidente desde el 2014.
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Su verdadero nombre es Grigori Chjartishvili. Si regresara a su país natal, sería detenido de inmediato y pasaría los primeros cuatro años en una prisión común y el resto en un penal de máxima seguridad. Además, tendría que pagar una multa de 4.380 euros y no podrá administrar sitios web durante cuatro años.
Ahora que forma parte de la lista de “extremistas y terroristas”, sus libros han sido retirados de las librerías de Moscú, según la ONG Amnistía Internacional (AI). Además, informó la agencia europa press que se suspendió la representación de una de sus obras.
Debido a que se encuentra en el exilio, Akunin no acudió al juicio y su condena se dio en ausencia. Su caso fue abierto en el 2023 cuando el Comité de Investigación de la Federación Rusa abrió investigación penal por terrorismo en virtud del artículo 205 del Código Penal y por difundir información falsa sobre las Fuerzas Armadas, delito contemplado en el artículo 207 del Código Penal.
Además…
El ruso contemporáneo más leído
En el mundo literario Akunin es un referente. Es conocido por una serie de novelas ambientadas en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX que tienen como protagonista a Erast Fandorin, un singular detective que se convirtió en un personaje entrañable para los lectores. En el año 2000 fue declarado «Escritor ruso del año» y ha recibido numerosos premios fuera de Rusia. En el 2023 fue colocado en la lista de «extremistas y terroristas».

¿Qué fue lo que hizo Akunin?
Para entender su acusación hay que remontarnos a los momentos previos a la guerra entre Rusia y Ucrania. Conocido por sus críticas al régimen, llegó a calificar a Vladimir Putin como “un político del siglo XX” en busca de más territorio que cree que “cuánto más miedo se le tiene en el mundo, más poderoso es”.
“Moscú considera a Ucrania y a las otras antiguas repúblicas soviéticas parte de su ‘zona de influencia’ y no quiere que esta se reduzca. Toda la crisis ucraniana, desde la toma de Crimea a la financiación de la revuelta en el Donbás, es un castigo a Ucrania porque en el 2014 el nuevo gobierno ucraniano decidió dar un giro del este al oeste”, dijo en el 2022 a la agencia de noticias EFE.
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Y es que el factor de la guerra con Ucrania tiene un papel clave en la represión rusa.
Después de la guerra
El conflicto que el régimen de Vladimir Putin comenzó en Ucrania hace casi tres años y medio también ha significado mayor represión hacia los rusos, como es el caso de Akunin.
“Forma parte de la represión que existe en Rusia contra todos aquellos que se atrevan a criticar, aunque sea de manera mínima, pero realmente mínima, lo que está haciendo Rusia en Ucrania”, explica el analista internacional Francisco Belaunde.
En conversación con El Comercio, indica que incluso en dicho país se condena que se hable del conflicto en Ucrania como una guerra y no de una operación militar especial. Este último es el nombre oficial que le dio el régimen ruso a la invasión a territorio ucraniano.
“Rusia evidentemente es un país que se ha vuelto cada vez más represivo, una dictadura cada vez más abierta. Pero la cosa ha aumentado con la guerra en Ucrania”, explica. Para esto cuenta con el aparato gubernamental. La lista de “extremistas y terroristas” es desarrollada por el Rosfinmonitoring, un servicio federal que fue creado por Vladimir Putin en el 2001 y analiza también el financiamiento a organizaciones que consideran terroristas.
En la práctica el régimen ruso ha incluido en dicha lista a organizaciones de derechos humanos, movimientos LGBT e incluso el gigante tecnológico estadounidense Meta fue añadido en el 2022. Es decir, no solo investiga a políticos sino que persigue a todo tipo de personalidades, empresas y organizaciones.
Persecución a artistas
Lamentablemente, el caso de Akunin no es el único. En la lista de perseguidos se puede encontrar un gran número de intelectuales y personalidades entre poetas, escritores, dramaturgos, músicos y periodistas que en algún momento han criticado al gobierno.
En el 2024 las artistas rusas Zhenya Berkovich y Svetlana Petriychuk fueron condenadas a seis años de prisión debido a la obra de teatro “Finist es un valiente halcón”, del 2020. La directora Berkovich y la dramaturga Petriychuk fueron acusadas de apología al terrorismo.
Ambas han negado la acusación. “En la obra no hay ninguna justificación del terrorismo”, se defendió Petriychuk durante su juicio, informó el diario DW.
Otro caso que saltó a la luz en el 2024 fue el del músico Eduard Sharlot, acusado de justificar el nazismo e insultar los sentimientos religiosos. Por esto, la fiscalía rusa ha solicitado casi ocho años de prisión.
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Según el diario The Moscow Times, fue arrestado al regresar de Armenia y publicar un video de él mismo quemando su pasaporte y clavando el retrato de Kirill, patriarca de la Iglesia Ortodoxa, en una cruz en oposición a la invasión a gran escala de Ucrania.
Otro caso también actual es el del escritor y poeta Dmitri Bykov, sobre quien pesa una orden de búsqueda y captura. Es investigado por sus críticas a las acciones de las tropas rusas contra civiles ucranianos desde el inicio de la guerra de Ucrania en febrero del 2022.
Dejó su país en el 2021 y al año siguiente fue declarado agente extranjero, que es como el Kremlin suele etiquetar a los opositores. Es conocido por su oposición al régimen de Vladimir Putin y en el 2019 sobrevivió incluso a un ataque por envenenamiento.
Así como ellos, otros personajes perseguidos son la poeta y cantante Vera Polozkova, o los actores Yana Troyanova o Alexei Panin, entre otras personalidades que han mostrado su rechazo al régimen de Vladimir Putin.




