Desde que el hombre pisó la Luna por primera vez, un sueño se ha mantenido vivo: poder volver. Ese anhelo está más cerca gracias a Artemis II, el primer vuelo tripulado de la NASA alrededor del satélite de la Tierra en más de 50 años. Tras varios retrasos, el domingo 8 de febrero se abrirá la ventana de lanzamiento para la misión que llevará a cuatro astronautas a orbitar la Luna a bordo de la nave espacial Orión.
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“Los gobiernos ya no actúan solos. Las empresas comerciales diseñan y operan naves espaciales, y las asociaciones internacionales dan forma a las misiones desde el principio […] Hoy más países compiten por llegar a la Luna, con China emergiendo como un jugador a la altura”, le dijo Michelle L. D. Hanlon, profesor de derecho aéreo y espacial de la Universidad de Mississippi, al medio “The Conversation”.
Aunque no habrá alunizaje, Artemis II cumple un rol estratégico en el camino de regreso al satélite. “Artemis no es una suerte de repetición de la misión Apolo. Su objetivo es probar con una tripulación a bordo el sistema completo que la NASA va a usar para volver a llevar a los humanos a la Luna”, señala a El Comercio la astrofísica y divulgadora científica Carla Arce Tord.
El plan de la NASA es que la humanidad vuelva a la Luna en el 2028 con Artemis III. La meta final es fijar una presencia permanente en el satélite de la Tierra.
“Artemis II es más una especie de prueba antes de llegar a la etapa III, que es ya finalmente enviar a esa tripulación a la superficie lunar con la finalidad de no solamente visitar o pisar la Luna, sino más bien explorar las posibilidades de asentar a futuro bases humanas en el satélite”, explica Arce Tord.
Avance tecnológico
Considerar ambiciones futuras es posible gracias al salto tecnológico desde las misiones Apolo, el mayor cambio de estas décadas.

Tripulación de la Misión Artemis II de la NASA. (Foto: NASA)
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“La tecnología ha avanzado bastante; hablamos de mejor electrónica, softwares superiores, una automatización de los procesos y de la tecnología renovada, mejores capacidades de comunicación y mejores protocolos de seguridad. Hay una diferencia considerable entre Apolo y Artemis”, resalta Arce.
Por ejemplo, la experta detalla que las naves que va a manejar la misión Artemis, la SLS y el Orión, tienen un mejor volumen y un mejor diseño, lo que está orientado a que las personas que conforman la tripulación tengan una mejor estadía en la duración de la misión, trabajen mejor y de forma más optimizada. Y lo mismo ocurre con los trajes espaciales.
“Los trajes actuales siguen el mismo protocolo que en la misión Apolo, pero evidentemente están hechos con materiales más resistentes y a medida de cada astronauta. Esto permite mayor seguridad, pero también un mejor rango de movimiento, lo que será clave para caminar en la Luna cuando llegue la fase Artemis III”, concluye la académica.














