Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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A David Camacho es probable que no le guste el título que encabeza este artículo.
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Siempre sonriente, elocuente y con un discurso tan ordenado como sorprendente para su corta edad, este niño originario de Querétaro cuenta de manera casual que imparte conferencias en universidades y para organismos internacionales, y que está a punto de publicar un libro.
También tuvo la “grandiosa oportunidad” de ser seleccionado para ir a la sede de la NASA en Houston y participar en un programa de entrenamiento espacial, donde pudo pilotar un vuelo asistido y experimentar la gravedad cero.
Hacia allá podría dirigirse su futuro, pero sin cerrarse ninguna puerta.
“Me gustaría hacer la primera cirugía en el espacio. Hacer el próximo SpaceX, ser el próximo Elon Musk, algo así. Combinándolo todo con los negocios, con las humanidades… ¡tengo toda la vida por delante!”, cuenta.

David participó en un programa de entrenamiento espacial en la NASA.
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Actualmente, David estudia en una escuela internacional en línea que lo certificará para poder ingresar en la universidad. Habla español, inglés, francés y alemán, y acaba de empezar con ruso, portugués e italiano.
Asegura que es “un orgullo” tener un coeficiente intelectual tan alto y que lo que más le gusta de ser un niño con altas capacidades es poder entender las cosas rápido y aprender de manera más acelerada.
“No muchas personas nacen con esto, así que me gustaría usarlo a favor de los niños y del bienestar de la humanidad, dejar mi huella”, dice.
Sin embargo, cree que no siempre se comprende lo que es ser un niño genio.
“Mucha gente piensa que debemos saber todo, pero no somos adivinos, nos tienes que ir enseñando. No significa que tengamos todas las respuestas del universo”.
Y agrega riendo: “Muchas veces me retan, diciendo: ‘Si eres tan niño genio, dime la raíz cuadrada de no sé qué, multiplica por tanto…’. ¡Espérame, si no lo he aprendido, no lo voy a saber”.
Su madre, Claudia Flores, recuerda las primeras pistas que les hicieron pensar que había algo especial en David.
“Hacíamos un viaje largo en carretera y él se sabía como 40 canciones infantiles. Lo mandamos a la escuela y estuvo feliz 15 días, pero después empezó a decirme: ‘Pásame con los niños grandes, quiero aprender más’”, le cuenta a BBC Mundo.
“Me aburría mucho”, confirma David.
Pero el momento decisivo llegó con la pandemia de covid-19. Su madre se sentó a su lado mientras tomaba las clases en línea y se dio cuenta de que era cierto que aprendía muy rápido en comparación con los otros niños.
“Le pregunté hasta qué número se sabía y llegamos contando hasta millones. Así que me puse a investigar lo que eran niños con altas capacidades, y especialistas nos dijeron cómo manejarlo”, dice Claudia.

La madre de David se dio cuenta de que su hijo aprendía muy rápido en comparación con otros niños.
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Pero, pese a todos sus logros, llegar hasta aquí no ha sido fácil para David. Asegura que sufrió un acoso “tremendo” en el que era el colegio de sus sueños.
“Los otros niños no entendían por qué alguien que acababa de entrar a la escuela podía saber más cosas que ellos ni cómo podía hacer tantas cosas. Su manera de reflejarlo era haciéndome bullying”, explica.
David recientemente decidió aprovechar esa mala experiencia para darle la vuelta y utilizarla para desarrollar Macayos, una app que estará disponible a lo largo de este año.
Él la define como “la primera plataforma digital en México creada con inteligencia artificial, que de manera divertida enseña a los niños habilidades para saber gestionar sus emociones”.
A todos aquellos que acosan a niños como él, David les pide empatía y que sean inclusivos. “No somos extraterrestres: tenemos altas capacidades, pero seguimos siendo niños”.
De hecho, aunque reconoce que muchas de sus relaciones son con personas adultas porque siente “no encajar” con muchos niños, asegura que también hace cosas habituales de su edad como jugar con sus bloques o ir al parque.
“Muchos piensan que soy un niño disfrazado de adulto, pero pues soy un niño que hace cosas de niños… y también parte de cosas de adultos”, resume.

David asegura que también le gusta hacer cosas de niños.
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Él tuvo suerte por el hecho de que su diagnóstico de altas capacidades llegara relativamente rápido a su vida.
Un gran número de niños son identificados erróneamente como si tuvieran trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) porque están inquietos o se aburren en la escuela. También puede confundirse con autismo.
“Lo que pasa es que el niño ya entendió lo que se está explicando y quiere algo más”, opina Claudia.
De hecho, según estimaciones manejadas por instituciones como el Centro de Atención al Talento (CEDAT), en México se calcula que podría haber un millón de niños superdotados. Sin embargo, la gran mayoría no han sido identificados y el 93% de ellos fueron mal diagnosticados.
“Estoy seguro de que en México hay muchos niños como yo que no están siendo respaldados ni guiados. Me da mucha tristeza ver que hay grandes talentos y que se tienen que ir a otros países porque su familia no tuvo los recursos o aquí no encontraron las oportunidades”, reflexiona David.















