Sale a escena con un candelabro en la mano, a tientas. Se mueve como si no quisiera pisar a alguien. El espectador que aguza la vista notará un muñeco, totalmente negro, sin facciones, en el suelo. A lo largo de la presentación, Mirella Carbone (72) habrá de interactuar con este objeto al que otorga características humanas, pero no es el único “juguete” en “Volver a mirar”, retrospectiva donde la bailarina peruana repasa dos momentos clave de su carrera profesional y que, cómo no, se vinculan a su vida personal. Un encuentro con movimientos que se pueden rastrear hacia tres décadas en el pasado.
“Es parte de mi historia artística y de mi vida también. Siempre he hecho obras que tienen que ver con mis experiencias, con mi historia, elevadas un poco a la ficción. En este caso he querido sacar algunas obras, algunos fragmentos, para revisarlos y reflexionar sobre ellos”, contó Carbone a El Comercio. Ella repasa en esta obra escenas de sus performances “Vedova in Lumine” (1994) y “Paso doble” (2004). La primera obra nació tras ser detenida por la Dircote en 1992; estuvo presa 15 días, salió por ser inocente. En la nueva versión, ella quiso utilizarla para dar un homenaje a su madre fallecida.
“Al revisarlo sentí una necesidad muy grande de hacerle un ritual a mi madre; eso salió en los ensayos. Ella murió en pleno COVID, murió de vieja, a los casi 100 años. Hice un una reestructura dándole énfasis a la madre. Fue bueno porque me enfrenté a algunos fantasmas que siempre me persiguen [risas]”, indicó la artista. Uno de sus fantasmas es la religión; ella se educó en un colegio de monjas. El otro es el ‘Hombre de hojalata’, uno de los muñecos que creó en su carrera y que representa el machismo, con lo que ha tenido que lidiar toda su vida.
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¿De dónde viene este interés en el muñeco? No es algo que se asocie a la danza, donde sí está vinculado el cuerpo humano. “En casi todas las obras saco muñecas chiquitas, grandes. Incluso en ‘Paso doble’ hago de un muñeco de ventrílocuo. Creo que tiene que ver con la infancia: soy una ‘baby boomer’ y en los años 50 no había muchos juguetes. Solo recibía pelotas, cosas de playa, muñecas. Y las muñecas casi nunca me interesaron; jugaba con ellas diferente a las otras niñas. Las desarmaba, les cortaba el pelo para saber qué tenían adentro”, dijo la también docente de la Universidad Católica.
Su otra inspiración viene de las fiestas de fin de año, donde se queman muñecos. En Perú todavía se hace, así como en Ecuador, país donde vivió la bailarina y que fue inspiración directa para este recurso escénico con los que en esta ocasión representa a su sombra y a una monja. Mientras tanto, Carbone permanece como firme creyente de las posibilidades de la danza, que llega allí donde la palabra no basta.
“Yo creo mucho, no solamente como bailarina, sino como ser humana, que el movimiento te trae recuerdos, te trae a tu inconsciente y puedes analizarte mejor o expresar mejor cosas que están muy dentro. Yo creo mucho más en el movimiento que en la palabra, lo siento [risas], pero cada uno con lo suyo”, sostuvo.
El dato
“Volver a mirar”, de Mirella Carbone. Del 29 de enero al 8 de febrero en el Teatro La Plaza (Larcomar, Miraflores, Lima). Entradas a la venta en Joinnus y boletería.




