Accede a esta función exclusiva
Resume las noticias y mantente informado sin interrupciones.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
A los cuatro años, cuando la mayoría de niñas apenas aprende a montar bicicleta, Daniella Oré ya estaba dando vueltas en un kart. Su primer recuerdo no es un juguete ni una muñeca, sino el sonido del motor y la sensación de velocidad. Su padre, el piloto César Oré, la llevaba a sus competencias, hasta que un día le pidió subirse con él. Bastó una vuelta para quedar atrapada para siempre por el automovilismo.
MIRA TAMBIÉN: “Quería poder bailar Beyoncé sin quitarme la esencia flamenca”: la historia de Bravata, el grupo de danza peruano que se volvió un fenómeno viral
“Quedé totalmente fascinada”, cuenta. Desde entonces, el circuito de karting del bulevar de Asia se convirtió en su segundo hogar. Al principio alquilaba karts; luego vinieron el casco, el uniforme y, finalmente, su propio vehículo. Casi sin darse cuenta, ya estaba compitiendo a nivel nacional.
Su padre, el también piloto César Oré, la motivó a correr desde chica.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Creció siendo la única mujer en pista. Pero eso no era algo que, de niña, le pesara. “Yo era muy inocente. Veía que algunos chicos lloraban cuando perdían conmigo, pero pensaba que solo estaban tristes porque no habían ganado”, recuerda. Con el tiempo entendió que detrás de esas lágrimas había algo más: padres que les decían que no podían perder contra una chica, una situación que aprendió a procesar sin perder la ilusión.
Antes de dar el salto a Europa, Oré compitió en la Fórmula 4 argentina, donde logró varios podios y llamó la atención de equipos internacionales.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Esa experiencia forjó una de sus mayores fortalezas. “Comprendí algo que me ha servido bastante: a veces se gana, a veces se pierde, pero siempre se aprende”, comenta. La tolerancia a la frustración se volvió tan importante como el talento. Daniella no solo entrenaba el cuerpo: también trabajaba la cabeza. Una psicóloga deportiva la acompañó durante años para aprender a manejar las emociones, la ansiedad y la presión competitiva, un paso fundamental para seguir creciendo.
El ascenso de Daniella ha sido meteórico. Tras cerrar su etapa en karting, pasó por la Fórmula Nacional Argentina y la Fórmula 4, donde logró varios podios y un tercer lugar general, siendo la única mujer del campeonato. Esos resultados llamaron la atención de equipos internacionales. Dos propuestas (una de Argentina y otra de Colombia) le ofrecieron cubrir parte del presupuesto para dar el salto a Europa.
Así llegó la noticia que cambió su carrera: en abril debutará en Francia en la Fórmula 3, una de las antesalas más exigentes del automovilismo profesional. “No me lo esperaba. Estoy muy feliz de poder estar ahí. Trato de fluir y mantenerme tranquila, porque si me pongo muy ansiosa sé que eso influye negativamente en mis resultados”, dice.
Daniella Oré, en el cuarto donde guarda los trofeos que ha ganado desde que empezó a correr a los cuatro años.
/ Diego Moreno
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
La preparación es casi científica. Daniella entrena cuatro veces por semana en el gimnasio, con rutinas específicas para cuello, brazos y resistencia. En casa tiene un simulador donde pasa al menos dos horas diarias. Allí descarga pistas de circuitos europeos, se conecta con su entrenador en Argentina y revisa telemetrías para mejorar décimas de segundo.
La pista también le ha enseñado a convivir con el riesgo. En Argentina sufrió un accidente a más de 200 km/h: otro piloto la chocó por detrás, su auto dio vueltas y quedó invertido. “Nunca había vivido algo así, pero no tuve daños físicos. Para mí el miedo no es lo primero; lo primero es reaccionar”, sostiene.
Fuera del circuito, Daniella es una adolescente de 19 años que pinta y canta —talento heredado de su madre—, sale con amigos y comparte tiempo con su enamorado, quien no es piloto, pero la acompaña en todo. Necesita esas pausas para desconectarse de un deporte que, paradójicamente, es muy solitario.
“Me puedes encontrar en el aeropuerto con la laptop, terminando trabajos de la universidad o conectada a una clase virtual”, cuenta. Estudia Administración y, aunque viajará una semana al mes para competir, no piensa abandonar los estudios. “Más allá de ser deportista, quiero tener un futuro profesional. No todo dura para siempre”, afirma.
En casa, entrena a diario en su simulador, donde pasa hasta dos horas revisando pistas y telemetrías junto a su entrenador.
/ Diego Moreno
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Entre sus referentes está Lewis Hamilton, a quien admira tanto por su talento como por su historia. Y aunque sabe que el camino es largo, su meta está clara: la F1 Academy, categoría exclusivamente femenina creada por la Fórmula 1. “La Fórmula 3 es el camino. Mi máximo sueño es llegar a la Fórmula 1, aunque no sé si sea posible, pero lucharé por eso”, nos dice.
En un país donde el automovilismo aún lucha por visibilidad, Daniella Oré corre contra el cronómetro y contra los prejuicios. Pero también corre impulsada por una certeza que aprendió desde niña: no importa cuántas veces pierda, mientras siga aprendiendo, siempre estará avanzando. //




