La economista y baronesa Dambisa Moyo, quien participará como oradora principal en el Simposio – XVI Encuentro Internacional de Minería, conversó con El Comercio sobre la necesidad que el Perú crezca alrededor de 3% anualmente para pasar de US$10.000 a US$20.000 en sus ingresos per cápita. Apuntó que, nivel internacional, los efectos del conflicto geopolítico en Medio Oriente viene afectando a Estados Unidos, por lo que existe hasta un 30% de probabilidad de recesión hacia el 2027.
-¿Cómo observa el crecimiento económico global, frente a conflictos geopolíticos como el de Medio Oriente?
En general, la geopolítica no afecta directamente el crecimiento económico, salvo cuando el conflicto tiene un impacto físico sobre la infraestructura o impide que la economía funcione con normalidad. Desde la perspectiva de los mercados, la geopolítica se vuelve relevante cuando afecta la trayectoria de las tasas de interés.
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El caso del Estrecho de Ormuz es importante precisamente por eso: no solo porque existe un problema geopolítico, sino porque tiene un impacto directo sobre las expectativas de inflación y, por lo tanto, sobre el costo del capital y las tasas de interés.
Alrededor del 20% de la producción global de petróleo pasa por el Estrecho de Ormuz. También transitan otros insumos relevantes como fertilizantes y helio: en este último caso, más del 30% del suministro global pasa por esa zona. Esa posible restricción genera preocupación sobre el crecimiento y la inflación mundial.
-¿Cómo se observan presiones inflacionarias a nivel internacional?
En Estados Unidos, por ejemplo, los precios mayoristas y el índice de precios al consumidor han empezado a mostrar señales de incremento. El precio del petróleo también ha subido. Según estimaciones de la OCDE, la inflación de Estados Unidos podría llegar a 4,2%, muy por encima del objetivo de 2% de la Reserva Federal.
Cuando empezó el 2026, la proyección global para el petróleo era de alrededor de US$50 por barril; ahora se ubica cerca de US$108 e incluso se han observado operaciones físicas de energía en mercados asiáticos por encima de US$150.
Este fenómeno no se limita al crudo: también afecta fertilizantes, helio, cobre y otras industrias. El riesgo es que estos precios tan altos, derivados de restricciones de oferta, generen destrucción de demanda. Eso eleva la probabilidad de una recesión.
Algunas estimaciones, como las de Goldman Sachs para Estados Unidos, ubican la probabilidad de recesión entre 25% y 30% hacia 2027. A esto se suma el riesgo de que, si la inflación aumenta, los bancos centrales eleven las tasas de interés para contenerla. Tasas más altas encarecen el crédito, frenan la inversión y pueden llevar a un escenario de estanflación: menor crecimiento, mayor inflación y menor inversión futura.
-Mencionó el cobre. Justamente, China había suspendido sus exportaciones de ácido sulfúrico -necesario para la extraer ese metal- ante los problemas de transporte de azufre por el Estrecho de Ormuz. ¿Se ha visto efectos a nivel de la minería mundial?
Todos los sectores ya están siendo impactados por el aumento de precios, no solo la producción de cobre o la minería. También están siendo afectados sectores como bienes de consumo, manufactura, energía y otros rubros estratégicos.
Ya existen reportes de que alrededor de 80 países han introducido medidas de emergencia para proteger sus economías. No están vinculadas al mercado energético, sino también a otros sectores e insumos críticos.
-¿Como afectan estas medidas a nivel del Perú, viendo los otros sectores?
Por ejemplo, el turismo también es importante para la economía peruana. El aumento de precios, junto con restricciones a las exportaciones implementadas por distintos gobiernos -como el caso de China-, puede generar efectos de segunda vuelta muchos más amplios.
No se trata solo de preguntar qué pasa con el azufre o el cobre. También hay que mirar lo que ocurre con el gas, el helio, los fertilizantes y otros insumos. Además, el aumento de precios puede generar presiones en el mercado laboral y trasladarse a una inflación más amplia en toda la economía.
-¿Cómo observa el crecimiento económico del Perú frente a este panorama global?
Es importante poner las proyecciones de crecimiento económico en contexto. Para que un país pueda duplicar su ingreso per cápita en una generación, por ejemplo, para que Perú pase de alrededor de US$10.000 a US$20.000 en 25 años su economía tendría que crecer aproximadamente 3% anual.
Muchas economías desarrolladas, como Estados Unidos, Europa y Japón, y grandes economías emergentes como Brasil, Rusia, India o China, están creciendo por debajo de ese umbral. Eso significa que, en muchos casos, no se está avanzando al ritmo necesario para duplicar los ingresos per cápita en una generación.
En el caso peruano, las estimaciones de crecimiento que he visto se ubican entre 2,7% y 3,4%, aunque con cierta variabilidad. Por eso, el objetivo de crecer de manera sostenida alrededor del 3% anual sigue siendo clave.
-¿Nos ubicamos en un ciclo de bajo rendimiento a nivel internacional?
Para responder esta pregunta, conviene tomar una perspectiva histórica. Es demasiado limitado preguntarse únicamente qué se hace mal desde la política. En general, los responsables de política pública intentan implementar medidas que respondan a los problemas de un momento determinado.
Desde los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial, el crecimiento global, incluyendo países como Perú, estuvo impulsado por grandes “superciclos”. Uno de ellos fue la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral en las décadas de 1950 y 1960, lo que elevó la productividad y demanda de consumo. Otro superciclo fue la incorporación de China a la Organización Mundial de Comercio en 2001, impulsando la globalización y aumentando la demanda mundial. Un tercer superciclo fue la expansión del crédito.
Sin embargo, muchas de esas fuerzas que impulsaron el crecimiento hoy están en retroceso. Informes del FMI y de McKinsey sugieren que, después de 2008, el crecimiento global podría ser aproximadamente la mitad de lo que se observó entre 1950 y 2008.
La globalización que antes significaba más comercio, integración y flujos de capital, hoy enfrenta un proceso de reversión. Estamos viendo desglobalización, mayores aranceles, tensiones comerciales y cambios en los flujos de capital. Esto es particularmente para países como Perú, que necesitan inversión externa para financiar proyectos productivos, especialmente en minería.
-A ello se añade el impacto que generó la pandemia.
La pandemia de 2020 redujo la demanda global, el endeudamiento elevado sigue siendo un problema, la inflación posterior a la pandemia generó nuevos desafíos y las tendencias demográficas también están cambiando.
Existen cambios estructurales profundos que están modificando la forma en que se genera crecimiento. También hay una posible buena noticia: podríamos estar al inicio de dos nuevos superciclos capaces de impulsar el crecimiento.
-¿Cuáles son estos?
El primero es la inteligencia artificial y el impacto que puede tener en términos de inversión. Es un proceso complejo, porque no avanza en una sola dirección, también plantea desafíos como el riesgo del desempleo. El segundo es la transición energética.
Los pilares fundamentales del crecimiento económico han cambiado. Hay transformaciones estructurales en marcha que están desafiando la trayectoria del crecimiento, la forma en que se genera y cómo se impulsa. Aun así, la inteligencia artificial y la transición energética podrían ser precisamente los nuevos motores que ayuden a salir de este periodo de estancamiento.
-¿Hay estimaciones económicas del impulso de la inteligencia artificial?
Todavía es muy pronto para saberlo con certeza. Hay mucho entusiasmo en torno a la inteligencia artificial. Por ejemplo, PwC estimó que la IA podría sumar alrededor de US$17 billones al PBI global hacia 2030, una cifra muy significativa dado que el PBI mundial ronda los US$120 billones. La pregunta clave es cómo ocurrirá ese impacto. Todavía no conocemos con claridad esos efectos. El impacto será distinto según el nivel de desarrollo de cada economía.
Lo que sí se esperan son ganancias de productividad y eso puede beneficiar a todos. Históricamente, las grandes revoluciones tecnológicas han generado cambios complejos. Aunque [con la IA] existe preocupación por el empleo, también podría necesitarse más energía, trabajadores, cobre, azufre e infraestructura para construir centros de datos y sostener la revolución tecnológica.
En minería, la tecnología puede ayudar a reducir desperdicios, mejorar la eficiencia, reciclar mejor, optimizar el uso del agua, gestionar mejor los suelos y reutilizar terrenos. Existen avances en esa dirección. Además, se estima que las grandes empresas tecnológicas, las llamadas “Magnificent Seven”, invertirán más de US$800.000 millones en Capex hacia 2027. Eso puede ser positivo para el crecimiento, la generación de oportunidades y demanda de insumos.
-¿Qué expectativas se tienen ante el XVI Encuentro Internacional de Minería?
Perú compite con muchos otros países que se parecen en términos de oportunidades de inversión. Espacios como el Simposio permiten posicionar al país como un destino relevante, confiable y estratégico. Es una oportunidad para construir una marca-país fuerte, como lo hizo Singapur.
Perú tiene una gran oportunidad para convertirse en un narrador clave de la región. No solo debe buscar ser conocido globalmente, sino reconocido dentro de Sudamérica. El país no es pobre, es una economía de ingresos medios con capacidades importantes y debería promover también que sus propios ciudadanos e inversionistas locales apuesten por el país.













