martes, julio 7

Nadie lo entiende aún, pero en el preciso instante en el que Enzo despega del campo, el destino está escribiendo una escena gloriosa en la historia de los mundiales. Con Messi lejos a 20 metros, con Scaloni pisando la línea de la cancha, con el Dibu casi en la misma línea que Licha y el Cuti. Y ahí, con el centro de Lautaro Martínez y el frentazo de Fernández, la explosión sucede en Atlanta y repercute por toda Latinoamérica unida. O al menos, la Latinoamérica que tiene puesta su fe en esta Argentina de fierro y de fe.

Nadie lo entiende aún, pero en el preciso instante en el que Enzo despega del campo, el destino está escribiendo una escena gloriosa en la historia de los mundiales. Con Messi lejos a 20 metros, con Scaloni pisando la línea de la cancha, con el Dibu casi en la misma línea que Licha y el Cuti. Y ahí, con el centro de Lautaro Martínez y el frentazo de Fernández, la explosión sucede en Atlanta y repercute por toda Latinoamérica unida. O al menos, la Latinoamérica que tiene puesta su fe en esta Argentina de fierro y de fe.

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Domingo sin Neymar, lunes sin Cristiano, y casi martes sin Messi. Porque hasta los 70′, Egipto corría y Argentina se ahogaba. Egipto había pegado con goles de Ibrahim (15′) y Zico (67′) y se ponía cartel de aguafiestas. Hubiese sido 3-0 si no le anulaban un gol luego de un contraataque feroz que desarmó a la defensa albiceleste.

Pero el ‘Colling Break’ dio un respiro. Scaloni ultimó detalles. El 2-0 era el gran batacazo del Mundial 2026. Chau, campeones del mundo y un largo circo de lamentos argentinos que hubiera inundado las redes. Sin embargo, el destino nos tenía preparado una inyección de adrenalina y fútbol.

Messi retrocedió porque se perdía entre los centrales egipcios. Salió y salió, y cuando tomó el balón, comenzó a lanzar misiles al área rival. Cuti y Licha, los de la banda del ‘Palo Santo y los que se bañan en agua bendita antes de ingresar al campo, se metieron como generales de la guerra a las trincheras contrarias. Cuti calzó un centro de Leo y al fin venció (79’) a Mostafa Shoubir, el héroe hasta ese momento. Con esta asistencia, Messi igualó a Fritz Walter como el máximo asistidor en la historia de los mundiales con 10 cada uno.

El golpe remeció a Egipto, que ya no corría, que ya no acechaba y cometió el error de resguardarse bajo del arco. Siguieron cayendo los misiles de Messi, y siguió Cuti metido de ‘9’ entre estorbando y habilitando. El 2-2 llegó así. Misma fórmula, pero esta vez con un zapatazo de Messi -tras rebote de Cuti- para hacer más grande su legado: 8 goles en el Mundial 2026, 21 en toda la historia.

Argentina’s forward #10 Lionel Messi celebrates scoring his team’s second goal during the 2026 World Cup round of 16 football match between Argentina and Egypt at Atlanta Stadium in Atlanta on July 7, 2026. (Photo by Thomas COEX / AFP)

/ THOMAS COEX

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El alargue parecía un premio gigante para todos. Para Argentina por venir de atrás, para Egipto que tenía una rodilla hincada en el campo y para los hinchas que esperábamos 30 minutos más del partido.

Siete minutos de tiempo añadido. Sin fuerzas, Egipto es un boxeador en el último round dando puñetazos al aire. Argentina tampoco tiene oxígeno, pero le alcanza para un último ataque. La jugada comienza con Salah cayendo en el área albiceleste. Entre reclamos, Argentina salió en contraataque. El balón llegó a los pies de Lautaro, y el goleador dejó el egoísmo y no buscó el remate. Esperó y esperó. Y cuando vio que una camiseta argentina pisó el área, lanzó el centro.

El trabajo final, la cereza del pastel, la puso Enzo Fernández. El pibe formado en River Plate que en el 2021 vino a Lima como un desconocido para jugar ante Universitario con Defensa y Justicia. Ese mismo volante, peinado de wachiturro y tatuajes tumberos, anotó de cabeza el 3-2 histórico para que Argentina llegue a los cuartos de final del Mundial 2026.

Esta historia continuará…

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