domingo, septiembre 13

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Los analistas de la prueba PISA (Programme for International Student Asssessment o ‘programa para la evaluación internacional de los estudiantes) han encontrado lo que llaman la ‘paradoja peruana’. La explico. El quinceañero local muestra más curiosidad y disposición para aprender que en el promedio de países de la OCDE. Dicho en cifras: el 82% de estudiantes peruanos se declara curioso sobre muchas cosas, mientras el promedio de la OCDE es de 73%. El 74% dice que se esfuerza más cuando la tarea se pone difícil, mientras la OCDE arroja un 60%. El 14% dice que el colegio es una pérdida de tiempo; el promedio ODCE es de 20%.

Según esta PISA, el colegial nacional está dispuesto a estudiar, es sufrido para el castigo y -arriesgo esta hipótesis- quizá no sea muy sincero cuando responde a encuestas. Pero vamos, aunque hubiera una dosis de lo último, hay un talento -aquí viene la infame paradoja- que se desperdicia porque el magisterio y el sistema educativo en general, ¡no están a su altura! Para colmo, en el 2021 un maestro ganó la presidencia y metió al Congreso una Bancada Magisterial que bregó por su cédula viva (homologar la pensión de jubilado con el sueldo) y por destruir la meritocracia.

El magisterio consiguió la cédula viva, pero la puede perder. El Colegio de Economistas ha planteado ante el TC una demanda de inconstitucionalidad contra la Ley 32851, aprobada por el Congreso pasado, con votos naranjas, porque genera un gasto insostenible para la caja fiscal. Teniendo en cuenta que en la sentencia del Expediente 00018-2023-PI/TC de junio del 2026 el tribunal estableció nuevos criterios de interpretación para cerrar definitivamente la puerta a la iniciativa de gasto congresal, lo más probable es que los profes pierdan el beneficio que apenas atisbaron, pues no se ha llegado a reglamentar.

La prueba PISA costará mucho al futuro de los escolares y del Perú, pero les va a costar ya mismo a los maestros, por si el TC quiere abundar en razones para evaluar si merecen un privilegio pensionario que no tenemos el resto de peruanos mortales (salvo militares y diplomáticos, pero ese es otro debate). Miren la PISA: en Ciencia retrocedimos apenas dos puntos, pero en Matemática caímos 9 puntos (de 391 que tuvimos en el 2022 bajamos a 382) y en Lectura, que es crucial, nos desplomamos 18 puntos (de 408 a 390). En ‘Mate’ tenemos menos puntos que en el 2015. Por eso, muchos dicen que retrocedimos una década. Dicho de otra forma por la PISA, solo el 30%, es decir 3 de cada 10 chicos, adquieren el nivel básico de comprensión matemática. De lectura, lo hace solo el 42%.

Llamé a Ricardo Cuenca, ex ministro de Educación y me dijo: “Pedro Castillo llegó al poder con la agenda de destruir la meritocracia, que es el corazón de la reforma de la educación. Fue anodino, hizo poco o nada en el año y pico que estuvo; más dañina fue Dina Boluarte que se alió con la Bancada Magisterial. Pero con todos los golpes que ha recibido, el corazón de la reforma educativa sigue en pie. Sino fuera así, estuviéramos aún peor en la prueba”. Ricardo pide ver los resultados de PISA con calma. El promedio de la OCDE y del grupo de encuestados que no estamos en la OCDE ha bajado en todo el mundo; pero veamos nuestros porqués.

La ‘paradoja peruana’ es brutal: si el sistema diera la talla ante la curiosidad y esfuerzo del sufrido alumno podríamos estar en el top y no en la cuarta parte más baja de la tabla de 91 países encuestados (38 de la OCDE, 53 ajenos a ella). No nos asignan un puesto general, porque hay un ránking para cada variable medida, pero podemos calcular que estamos alrededor del puesto 70. No solo Cuenca, el MINEDU también está viendo la PISA con calma. Todo el mundo, repito, ha caído. En ‘Ciencia’ no tanto, pero en ‘Matemática’ y ‘Lectura’ más; comportamiento similar al que ha tenido el Perú. Ahora bien, los puntajes de OCDE son altos; han caído, pero sin dejar las alturas.

La OCDE diferencia a un primer grupo de países que han aumentado o disminuido poco, a los que han disminuido regular, y a los que han caído mucho. Estamos entre los del medio. A nivel latinoamericano no estamos tan pero tan mal. Somos el puesto 7 de los 13 encuestados; por debajo de Uruguay, Chile, Costa Rica, Colombia, México y Brasil; pero por encima de Ecuador, Argentina, El Salvador, República Dominicana, Paraguay y Guatemala. El BID, en un breve informe sobre el desempeño de la región en la PISA, señala que estamos por encima del promedio regional. Por primera vez se ha medido una nueva variable, ‘pensamiento computacional’ (aprendizaje con la IA y las herramientas digitales) y allí estamos mejor. Somos el quinto de 13 en LATAM.

Lo doloroso es que hayamos caído en comprensión matemática y lectora. En esta última habíamos subido esperanzadamente. Los expertos dicen que tras un pico de mejora suele venir una caída, pero no busquemos ese consuelo estadístico. Nuestros chicos, como tantos en el mundo, están siendo víctimas del ‘breadth over depth’ (multiplicidad de temas superficialmente tratados versus profundidad en un grupo de conocimientos básicos) y ocupando mucho tiempo ante las pantallas. Lo dice el secretario general de la OCDE, el australiano Mathias Cormann, en su prefacio al informe.

No caigamos rápidamente en los prejuicios apocalípticos contra las pantallas del mundo: que la imagen embrutece, que la virtualidad debilita, que la IA piensa por ti, inutiliza tu cerebro y lo oxida. Podemos aventurar, eso sí, la hipótesis de que ésta PISA, tomada en el 2025, está algo desfasada de los rápidos cambios en el aprendizaje con la IA. Nuestros quinceañeros -solo se encuestó a chicos de 15- están, junto con sus profesores y parientes, en pleno proceso de familiarización con nuevas herramientas de juego, necesidad y saber.

La reforma educativa no tiene que ser golpeada por esto, sino fortalecida o mejorada. Su corazón, la evaluación del desempeño docente, no es ni facho ni caviar. Lo impulsó primero el gobierno de Alan García en el 2007 cuando logró realizar la primera prueba masiva a profesores. El ministro de aquel entonces, el mismo José Antonio Chang de hoy, no logró vencer la dura resistencia sindical del SUTEP. El avance se frustró hasta el 2012, cuando el gobierno de Ollanta Humala pudo por fin establecer el sistema periódico de evaluación.

El currículum se desentumeció con nuevos enfoques transversales, en competencias (habilidades) y no solo en contenidos, y se incidió, como me remarca Cuenca, en aspectos socioemocionales de los niños. Se visibilizó el bullying, y ese fue un avance consensual. Hay otra batalla, larga y fanática, entre liberales y conservadores sociales en torno al enfoque de género, el abordaje de la sexualidad y ciertos relatos sobre la historia reciente. Esa batalla apuró la censura de la mayoría fujimorista al ministro Jaime Saavedra, gesto que la propia Keiko ha calificado en más de una oportunidad como un error político. Pero la polémica de marras se concentra en una pequeña zona del enorme esfuerzo de la educación. No cabe empantanarse en ella, sino imponer consensos técnicos. En el análisis de PISA, por ejemplo, es consensual -las cifras lo muestran- que el interés y apoyo de la familia en la educación, mejora el aprendizaje.

En el 2002, el Acuerdo Nacional tomó a la educación como estandarte. Uno de sus 31 acuerdos para el futuro, el número 12, es un compromiso por lograr que el gasto en educación equivalga al 6% del PBI. Muchos políticos repiten esa cifra desde entonces y, en una ocasión, en un insólito e histérico pleno de madrugada, se votó un proyecto de reforma constitucional para que conste en la Carta Magna la obligación de gastar por lo menos el 6% del PBI en Educación. Fue una locura congresal más atrevida que una iniciativa de gasto, fue una ‘ilusión de gasto imposible’. Aunque hemos mejorado en ese rubro, las últimas cifras disponibles llegan al 4.2% del PBI. La norma no se ha derogado, pero cada año el debate presupuestal la pasa por alto.

El promedio de gasto en porcentaje del PBI en países de la OCDE no llega a 6%, está alrededor de 5%. Esto es relativo cuando vemos, en el grueso presupuesto del MINEDU, que la mayor parte se va en gasto corriente (pagos a maestros y funcionarios) y no en gasto de inversión. El promedio OCDE de gasto anual por alumno, según cifras del informe PISA del 2023 (aún no salen las cifras actualizadas del 2022) es de $12,438 mientras que en Perú gastamos $1,984. Para abundar en otros países de la región: Chile gasta $5,289; Costa Rica %5,226; Argentina $4,448; Brasil $3,872 y México $2,790.

Pedí al MINEDU su evaluación oficial sobre la última PISA. Sin duda, el ministro Chang cuenta con un análisis elaborado por su UMC (Unidad de Medición de la Calidad Educativa) pero, al cierre de esta edición, aún no lo ha hecho público. Ha sido Keiko Fujimori, en su primer round de entrevistas arrancado el viernes, quien ha dicho que el resultado de la PISA es ‘lamentable’, que ha conversado largamente con el ministro Chang y que mañana lunes presentarán un plan integral para el sector. Veremos qué tanto respetan y fortalecen el corazón de las reformas de este siglo para acabar con la paradoja peruana que desperdicia la curiosidad juvenil.

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