viernes, mayo 29

Una ola de calor “sin precedentes” viene azotando el centro y sureste de Europa, con algunas zonas experimentando temperaturas entre 10 y 15 grados por encima de lo habitual en esta época del año, mandando señales de alerta por todo el Viejo Continente.

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España ha registrado temperaturas de 34ºC de forma generalizada y se teme que en algunos lugares podrían llegar hasta 37ºC. En Francia, siete personas han fallecido desde el sábado por un clima inusual que ha alcanzado temperaturas de 36ºC y que podría subir hasta los 38ºC. Cruzando el canal de la Mancha, Gran Bretaña ha experimentado temperaturas de hasta 35ºC, mientras que actividades para escapar del calor han desencadenado la trágica muerte de unas diez personas por ahogamiento.

Mientras tanto, en los Balcanes y Europa central, Albania alcanzó los 36 grados y varios países como Montenegro, Bosnia-Herzegovina, Croacia y Macedonia del Norte registraron temperaturas por encima de los 32 grados.

Lo más sorprendente del asunto es que estas temperaturas no ocurren en pleno verano sino en la primavera boreal, una época en la que usualmente el clima alterna entre días de frío y calor.

Ahora estamos viendo temperaturas de verano dos meses antes”, señala Ricardo Bohl, profesor de las carrera de Geografía y Medio Ambiente en la Pontificia Universidad Católica, quien habló con El Comercio desde París, Francia. “Y existe el temor de que el calor continúe durante junio y llegue con fuerza en el verano europeo, lo que podría no solo amenazar la salud de las personas, sino también provocar más incendios y pérdidas agrícolas por estrés hídrico”.

Las altas temperaturas no se han confinado al territorio europeo, con la India también sufriendo una ola de calor que ha registrado temperaturas de hasta 47ºC y que ha cobrado la vida de al menos 16 personas por insolación en el estado sureño de Telangana.

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU), esta ola de calor es “un crudo recordatorio de las crecientes repercusiones de la crisis climática, tanto humanas como económicas”, según declaró Simon Stiell, secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático.

En conversación con el Diario, el director de la Carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Lima, Javier Quino, explica que la actual ola de calor responde a la formación de una “cúpula de calor”.

Esta ola de calor responde a que una masa de aire caliente proveniente del norte de África quedó ‘atrapada’ por un sistema de alta presión sobre Europa occidental y formó una cúpula de calor”, indica el especialista. Según remarca, este sistema comprime el aire caliente y evita la formación de nubes, generando una especie de burbuja inmóvil que incrementa aún más las temperaturas.

Ricardo Bohl complementa que si bien la ola de calor que sufre Europa se debe a una masa de aire cálido procedente del Atlántico y vinculada a la corriente del Golfo, el problema de fondo es sin duda el cambio climático y el rápido calentamiento global de los océanos.

“Los océanos en general están calientes”, afirma Bohl. “Y la temperatura mundial está aumentando más rápido de lo que se previó”.

Se teme que esta ola de calor supere a la que sufrió Europa el año pasado. (Foto de Alex HALADA / AFP)

/ ALEX HALADA

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Un problema que no solo afecta a Europa, con el experto señalando que el calentamiento oceánico está alterando los patrones climáticos a escala global y advierte que fenómenos similares ya afectan a las Américas.

“En el mes de marzo una cúpula de calor intensa afectó el suroeste de Estados Unidos con temperaturas entre 11 y 17 °C por encima del promedio en California, Nevada y Arizona, y que superaron los 44 °C en varios lugares”, recuerda Quino. “Para el verano que se aproxima, los pronósticos apuntan a sobrepasar los promedios históricos en casi todo Estados Unidos, impulsados aún más por el desarrollo del fenómeno de El Niño”.

Mientras tanto, Bohl advierte que el Perú ya presenta temperaturas inusualmente elevadas para esta época del año, posiblemente vinculadas al fenómeno de El Niño y al cambio climático.

“Estamos en un mundo cambiante, un mundo en el que no hay dos años con patrones de clima iguales”, afirma. Una muestra de ello es que “la ocurrencia de cúpulas de calor como esta casi se han triplicado desde 1950 debido al cambio climático impulsado por las actividades humanas”, según Quino.

Ante esta nueva realidad, no solo Europa sino también el resto del mundo deberá tomar medidas tanto para ralentizar el cambio climático como para lidiar con un clima más impredecible y extremo.

A corto plazo, Javier Quino recomienda priorizar acciones de protección sanitaria como la hidratación constante, evitar la exposición al sol entre las 10:00 y 16:00 horas, usar ropa ligera y vigilar especialmente a adultos mayores, niños y personas con enfermedades cardiovasculares.

Además, señala que los gobiernos deben activar sistemas de alerta temprana, ampliar el acceso al agua potable y restringir el trabajo físico al aire libre durante las horas más críticas.

Ricardo Bohl destaca que muchas ciudades europeas no están preparadas para temperaturas extremas. Un ejemplo de eso es el Reino Unido, famoso por su clima nublado, donde las viviendas fueron diseñadas para conservar calor y no cuentan con sistemas de enfriamiento, mientras que los sistemas de metro carecen de aire acondicionado y se convierten en verdaderas trampas térmicas durante estas olas de calor.

Por eso advierte que a mediano plazo hay una necesidad creciente de adaptación de las ciudades al nuevo escenario climático rediseñando urbes para aumentar las áreas verdes con más árboles, bulevares y parques, así como otras medidas para reducir la temperatura urbana como fuentes de agua.

“No podemos seguir viviendo como si el clima no estuviera cambiando”, sostiene Bohl. “Tenemos que reforestar las ciudades y cuidar nuestros bosques”.

A largo plazo, las soluciones pasan por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y acelerar la transición energética. En este punto Quino insiste con mayor énfasis en las energías renovables, así como medidas adicionales como electrificar el transporte y mejorar la eficiencia energética de edificios y ciudades.

“Se deben impulsar acciones de mitigación, como la transición a energías renovables para reducir la emisión de gases de efecto invernadero”, afirma. Solo así podremos enfrentar este nuevo, y más caliente, mundo en que nos encontramos.

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