El sistema eléctrico nacional de Cuba (SEN) sufrió este miércoles un nuevo colapso parcial que afecta a cerca de 3,4 millones de personas en cuatro de las provincias orientales de la isla (Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo), según confirmó la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE).
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El 31 de enero se registró el máximo histórico desde que Cuba empezó en 2022 a difundir regularmente estadísticas energéticas, con un apagón que llegó a dejar sin corriente de forma simultánea a un 63 % del país.
Con la caída parcial del SEN, ahora siete de las 16 unidades de producción termoeléctrica operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos, entre ellas dos de las tres mayores. Esta fuente de energía supone de media en torno al 40 % del mix energético en Cuba.
Los informes diarios de la UNE han dejado de especificar desde mediados de enero la cantidad de centrales de generación distribuida (motores) no operativas por falta de combustible (diésel y fueloil) y lubricante, un dato clave para constatar el efecto del fin del petróleo venezolano para Cuba.
Sin embargo, por el resto de cifras publicadas, todo parece indicar que el número de motores parados está en máximos en los últimos días, por encima de los 1.000 MW.
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Expertos independientes indican que la crisis energética en Cuba responde a una infrafinanciación crónica de este sector, completamente en manos del Estado desde el triunfo de la revolución en 1959.
Varios cálculos independientes estiman que serían precisos entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear el sistema eléctrico.
Por su parte, el Gobierno cubano señala al impacto de las sanciones estadounidenses a esta industria y acusa a Washington de «asfixia energética».
Los prolongados apagones diarios lastran la economía, que se ha contraído más de un 15 % desde 2020, según cifras oficiales. Además, han sido el detonante de las principales protestas de los últimos años.













