miércoles, febrero 4

“NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO (de Venezuela) PARA CUBA – CERO. Les sugiero (a Cuba) que lleguen a un acuerdo ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE», escribió Trump en su red Truth Social, utilizando letras mayúsculas para enfatizar el mensaje.

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Se estima que en el 2025, Venezuela envió a Cuba un promedio de 27.000 barriles de petróleo al día. La demanda energética de la isla está estimada entre 110.000 y 120.000 barriles de crudo por día. La diferencia busca compensarla con acuerdos establecidos con México y Rusia.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla durante una reunión con ejecutivos de compañías petroleras estadounidenses en la Casa Blanca el 9 de enero de 2026. (Foto de SAUL LOEB / AFP).

Históricamente, los envíos petroleros venezolanos a Cuba se basaron en acuerdos políticos de cooperación profunda entre ambos gobiernos, incluyendo asistencia energética casi sin condiciones comerciales duras a cambio de servicios profesionales de médicos y de seguridad cubanos en Venezuela, además de otras áreas.

La declaración de Trump se produjo ocho días después de la captura por parte de Estados Unidos del mandatario venezolano Nicolás Maduro, en una operación que implicó bombardeos en territorio venezolano y dejó al menos 100 muertos, entre ellos 32 cubanos integrantes del primer anillo de seguridad del líder chavista.

«Cuba sobrevivió durante muchos años gracias a grandes cantidades de PETRÓLEO y DINERO de Venezuela a cambio de proporcionar ‘servicios de seguridad’ para los últimos dos dictadores venezolanos, ’PERO YA NO MÁS’. La mayoría de esos cubanos han muerto tras el ataque estadounidense de la semana pasada, y Venezuela ya no necesita protección de los matones y extorsionadores que los mantuvieron secuestrados durante tantos años», manifestó Trump.

Trump también republicó el mensaje de un usuario de la red social X que sugería que el secretario de Estado, Marco Rubio, sería presidente de Cuba y añadió el comentario: “¡Suena bien para mí!”.

En respuesta a Trump, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel dijo que “Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer”.

Agregó que la isla “se prepara” y está “dispuesta a defender a la Patria hasta la última gota de sangre”.

El mensaje es claro: Cuba ya está en la lista de Trump

Juan Álvarez Vita, quien fue embajador del Perú en Cuba durante parte del régimen de Fidel Castro, interpreta lo dicho por Trump como una señal inequívoca de que La Habana ha entrado en la lista de objetivos estratégicos de Washington.

Para el diplomático, el mensaje implica que Trump está dispuesto a “repetir el plato” aplicado en Venezuela si no hay un giro político sustancial del régimen cubano.

Álvarez Vita sostiene que la situación interna de Cuba es la más grave de toda la etapa del sistema comunista, incluso peor que en décadas anteriores. A partir de su experiencia como embajador en La Habana y de contactos directos en la isla, afirma que la crisis económica y social se ha profundizado hasta niveles “peor que nunca”, agravada ahora por la pérdida del petróleo venezolano, que llegaba bajo condiciones preferenciales en esquema que —recuerda— se remonta a los tiempos de Hugo Chávez.

El embajador subraya que la dependencia energética de Cuba es estructural: la isla no cuenta con recursos hidroeléctricos significativos ni producción petrolera propia, lo que hace que la interrupción definitiva del crudo venezolano tenga un impacto directo y severo sobre la economía y la vida cotidiana. “Ese acuerdo ya no existe, ni en volumen ni en condiciones”.

En ese contexto, Álvarez Vita considera que al régimen de Miguel Díaz-Canel le quedan muy pocas opciones, y que una apertura negociada con Estados Unidos aparece como una salida casi inevitable, aunque políticamente costosa. A diferencia de Venezuela, señala, Cuba no dispone de recursos estratégicos comparables ni de márgenes amplios de negociación, lo que la coloca en una posición incluso más frágil que la que tuvo Maduro antes de su caída.

Respecto al factor internacional, el embajador reconoce que la relación histórica entre Cuba y Rusia es más profunda que la de Moscú con Caracas, pero advierte que Trump actúa bajo una lógica de negociación no convencional. “Primero acorrala a su interlocutor y luego lo obliga a aceptar las condiciones”, explica, aludiendo a la “doctrina Donroe”, una versión adaptada de la doctrina Monroe aplicada hoy en múltiples tableros geopolíticos, desde América Latina hasta Groenlandia.

Finalmente, Álvarez Vita señala que los tiempos y alcances de una eventual acción de Estados Unidos contra Cuba siguen siendo inciertos, condicionados por el Congreso estadounidense, las elecciones legislativas y las propias dinámicas internas de la isla. Sin embargo, enfatiza que el precedente venezolano ha demostrado que Trump está dispuesto a avanzar incluso fuera de los moldes tradicionales, en un escenario internacional que califica de inédito, imprevisible y de alto impacto global.

“La amenaza de Trump pesa, pero Cuba no es Venezuela”

Por su parte, el politólogo venezolano Luis Nunes advierte que las amenazas de Trump contra Cuba deben leerse con cautela y en su debido contexto. Si bien el magnate ha señalado que la isla dejaría de recibir petróleo y dinero desde Venezuela y la ha instado a alcanzar un acuerdo, Nunes subraya que no es comparable negociar con el chavismo que con la dirigencia cubana, una estructura política con más de seis décadas de experiencia en resistir presiones externas.

“El presidente Trump habla mucho y muchas veces cumple lo que dice, pero en el caso cubano la cosa no es tan sencilla”, señala. A su juicio, Cuba es un activo estratégico para Rusia, muy distinto a Venezuela, y Moscú difícilmente permitiría que Washington actúe de manera unilateral contra “la joya que tiene en el Caribe”.

Nunes reconoce que existe un plan estratégico para asfixiar a Cuba mediante el cerco energético, en un momento en que la isla atraviesa una crisis profunda marcada por apagones prolongados, deterioro de la infraestructura y un creciente nivel de desesperación social. Sin embargo, advierte que el mayor riesgo para el régimen no proviene de una amenaza externa, sino del desgaste interno acumulado. “Es la tecla de la desesperación la que puede terminar explotando en cualquier momento. Lo que viven hoy los cubanos es casi imposible de sostener, incluso con los mecanismos de control y represión”, afirma.

En ese escenario, el analista considera que la combinación entre crisis interna y presión internacional puede convertirse en una bomba de tiempo, aunque insiste en que cualquier estrategia hacia Cuba requeriría una ejecución mucho más afinada que la aplicada en otros países de la región. Recuerda, además, el antecedente del fracaso estadounidense en Bahía de Cochinos, como una advertencia sobre los riesgos de subestimar la complejidad del caso cubano.

Para Nunes, la coordinación entre Washington y Moscú será clave. Una acción de Estados Unidos sin consulta previa con Rusia podría generar consecuencias impredecibles, especialmente en un contexto marcado por la cercanía de las elecciones de medio término en EE. UU., que —según el politólogo— presionan a Trump a acelerar decisiones con impacto político interno.

Finalmente, plantea que Cuba enfrenta opciones limitadas: avanzar hacia una apertura negociada con Estados Unidos, profundizar su alineamiento con Rusia o simplemente intentar ganar tiempo. “Los rusos son expertos en eso de vivir un día a la vez”, concluye.

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