José Antonio Kast, un abogado conservador de 60 años, asumió este miércoles 11 la presidencia del gobierno chileno, tomando la posta de Gabriel Boric, en una ceremonia que marca un nuevo rumbo para el país sureño.
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Lo hizo en una sesión en la sede del Congreso en Valparaíso rodeado de dignatarios de muchos países, incluyendo el rey Felipe VI de España y mandatarios de países como Bolivia, Argentina, Costa Rica, Ecuador, Honduras y Panamá.
Kast no es el primer presidente conservador desde la caída de la dictadura de Augusto Pinochet y el retorno de la democracia a Chile en 1990 –el empresario Sebastián Piñera dejó una marca fuerte en el país durante sus dos mandatos-, pero es indudablemente el que más a la derecha se encuentra de todos los jefes de Estado que ha habido desde entonces.
El presidente saliente de Chile, Gabriel Boric (derecha), entrega la banda presidencial junto al nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast (centro), en el Congreso Nacional en Valparaíso, Chile, el 11 de marzo de 2026. (Foto de RODRIGO ARANGUA / AFP)
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El flamante presidente se ganó el favor de los chilenos con su promesa de un gobierno “de emergencia” que atacará con mano dura la criminalidad y la enorme migración irregular, en su mayoría venezolanos. En el programa “El Mundo Ahora”, de El Comercio, dos politólogos chilenos y un diplomático peruano analizaron lo que viene para la Administración Kast en el futuro inmediato.
El tema de la inseguridad fue uno de los grandes motores que impulsaron la llegada de Kast a la presidencia, con la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (ENUSC) del 2025 encontrando que un 87,7% de las personas encuestadas consideraba que hubo un aumento en la delincuencia en el país, algo que el gobierno saliente de Boric no supo enfrentar correctamente.
“Las promesas de Kast llegan con grandes expectativas y el electorado chileno esperará una solución rápida para un problema complejo”, señala el politólogo chileno Francisco Covarrubias, rector de la Universidad Adolfo Ibañez (UAI) y columnista del diario El Mercurio.
“Kast llega levantando las banderas tradicionales de la derecha en todo el mundo como son el orden y progreso, bajo la premisa de que se trata de un gobierno de emergencia”, añade Francisco Covarrubias. “Por lo tanto, va a tener que dar resultados en el corto plazo, no necesariamente en números duros, pero sí al menos en la sensación de que está abordando de una manera distinta la delincuencia y que hay viento favorable en la economía”.
Es una línea en la que coincide el politólogo chileno Patricio Navia, profesor de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, quien opina que el mayor desafío del nuevo gobierno será administrar las expectativas ciudadanas.
“La gente espera que se solucionen los problemas con la rapidez de una emergencia, pero para combatir la delincuencia o generar crecimiento económico se necesitan certezas de un gobierno que esté bien instalado y que tenga experiencia política”, considera el experto.
Navia indica que su mayor temor es que el presidente Kast, aunque ideológicamente opuesto, imite a su predecesor Boric en el sentido de realizar grandilocuentes promesas sbore un gran giro en el país, sin que al final se muestren resultados.
“Lo que los países necesitan para crecer, para desarrollarse es estabilidad, reglas claras, instituciones fuertes y no personalismos que concentren el poder en el presidente y que terminan siendo más bien como un espectáculo público más que fortalecimiento de instituciones”, sentencia el politólogo.
A diferencia de otros países de la región, Chile tuvo durante décadas niveles relativamente bajos de migración, aunque en los 20 últimos años el flujo aumentó significativamente.
“Chile tuvo históricamente una migración muy baja, pero esta ola tan grande, primero haitiana y después venezolana y colombiana, generó una capacidad de absorción insuficiente para el país”, explica Francisco Covarrubias.
Según el analista, este incremento provocó presiones en servicios públicos como salud y vivienda y llevó a que la migración se convirtiera por primera vez en un problema central del debate político chileno.

Vista de la oficina de aduanas fronteriza en Colchane, Chile, cerca de Pisiga, Bolivia, el 24 de marzo de 2022. Cientos de migrantes venezolanos cruzan ilegalmente, a pie, a más de 4000 m.s.n.m. y con temperaturas extremas, desde la ciudad fronteriza de Pisiga, Bolivia, hasta Colchane, Chile. (Foto de JORGE BERNAL / AFP)
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Durante su campaña, Kast colocó la migración irregular entre sus principales prioridades, vinculándola directamente con el aumento de la delincuencia, un tema cuya importancia central no cambiará al llegar a la presidencia, opina el diplomático Carlos Pareja Ríos, embajador del Perú en Chile entre los años 2009 y 2014.
“La lucha frontal contra la delincuencia y el tema de la inmigración van a ser temas principales, ya no de campaña sino de acción de gobierno”, sostiene Pareja.
Sin embargo, el diplomático advierte que las medidas anunciadas enfrentan obstáculos prácticos y políticos, en particular la propuesta de la creación de un corredor humanitario para facilitar el retorno de migrantes irregulares, principalmente venezolanos, algo que los especialistas consultados consideran inviable.
“Ese corredor humanitario es algo muy complicado, ya que primero se necesita que los migrantes quieran salir y que Venezuela los quiera recibir”, advierte Pareja.
Patricio Navia también cuestiona la viabilidad de la medida.
“El corredor humanitario no ha funcionado en ninguna parte, tampoco va a funcionar en Chile”, afirma el experto.
A su juicio, el gobierno tendrá que adoptar una estrategia más realista, tomando en cuenta que su presencia es también parcialmente necesaria para el funcionamiento económico del país.
“Habrá que regularizar a muchos inmigrantes, porque es mejor saber quiénes son y que estén dentro del sistema económico”, remarca Navia.
El tema migratorio también tiene implicaciones para las relaciones con los países vecinos, especialmente con el Perú, debido a que muchos migrantes ingresan a Chile por la frontera norte, algo que según el exembajador Pareja podría generar tensiones diplomáticas si no se gestiona la coordinación entre ambos países.
“La mayor parte de los migrantes han ingresado por la frontera peruana, y ahí es donde viene el tema con el Perú”, ahonda.
Para el diplomático, la política migratoria que adopte el nuevo gobierno chileno tendrá efectos directos en la relación bilateral.
Pese a estas tensiones potenciales, los analistas coinciden en que los vínculos económicos entre ambos países son profundos y han demostrado una notable resiliencia.
Por ejemplo, Covarrubias destaca el alto nivel de integración empresarial entre ambos países.
“Tenemos muchas empresas chilenas en el Perú y muchas empresas peruanas en Chile”, resalta el director de la UAI. “Hay una relación económica muy fuerte que ha funcionado incluso al margen de la política”.
Esta red de inversiones y comercio bilateral ha permitido que la relación entre ambos países se mantenga estable incluso en momentos de tensiones políticas, aunque el especialista nota que esta cooperación podría potenciarse más si hubiera una mejor relación entre los gobiernos.
Mientras tanto, Navia resalta que un punto a mejorar es la cooperación en seguridad, especialmente frente al avance del crimen organizado en la región, algo que no solo involucra al Perú y Chile, sino a todos los países de la región.
“Chile, Perú, Bolivia y Ecuador podrían colaborar mucho más en inteligencia y seguridad para enfrentar la delincuencia”, afirma Navia.
A su juicio, el fortalecimiento de los mecanismos de cooperación regional será clave para enfrentar fenómenos transnacionales como el narcotráfico y las redes criminales.
Pero en un primer momento quizá la relación a la que el gobierno de Kast tendrá que prestar más atención no será aquella con sus vecinos, sino con las dos superpotencias rivales: China y Estados Unidos.
Esto llevará a que Kast, pese a su demostrada afinidad ideológica con sectores conservadores de Estados Unidos y con el presidente Donald Trump, tenga que realizar un acto de equilibrio entre Beijing y Washington, con el politólogo Patricio Navia subrayando que las relaciones internacionales usualmente suelen responder más a intereses estratégicos de los países que a las afinidades personales.
“Las relaciones entre países son relaciones de Estado, no relaciones de personas”, acentúa el experto.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estrecha la mano del presidente electo de Chile, José Antonio Kast (izquierda), al inicio de la cumbre «Escudo de las Américas» en el Trump National Doral de Miami, Florida, el 7 de marzo de 2026. (Foto de SAUL LOEB / AFP)
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Es así que a su juicio, Chile deberá mantener una relación estrecha con EE.UU. (el mayor inversionista extranjero en el vecino del sur), especialmente en ámbitos como seguridad, defensa y cooperación política, sin dejar de lado a China, quien se ha convertido en el principal socio comercial de Chile.
Francisco Covarrubias considera que esa realidad económica obliga a una política exterior pragmática.
“La relación comercial con China es mucho mayor que con Estados Unidos. Cortar relaciones sería absurdo e imposible”, advierte.
Algo de lo que se mostró completamente de acuerdo Navia, quien considera que lo peor que puede hacer el gobierno de Kast es ganarse un pleito con estos titanes globales.
“No necesitamos pelear con ninguno de ellos, que son dos potencias muy importantes que están yendo a su enfrentamiento”, avisa Navia. “Lo que tiene que hacer Chile es decir, ‘nos queremos llevar bien con todos, podemos ser amigos y socios comerciales de uno, podemos ser grandes aliados y socios comerciales del otro’, sin que nosotros nos tengamos que convertir en el campo de pelea de los demás”.




