En esta historia nadie habla. No hay textos ni diálogos, solo gestos y acciones que los actores utilizan para construir una narrativa peculiar. “Crónica de Amor”, reciente creación escénica dirigida por Fernando Castro, prescinde completamente de las palabras y se apoya en el lenguaje corporal para relatar una historia íntima sobre la ruptura familiar, la infancia y las ausencias.
“Muchas veces el cuerpo se ve como una pieza inherente pero olvidada dentro del repertorio comunicativo. Reivindicar lo que puede expresar es también una forma de recuperar el valor de nosotros mismos, en un mundo donde hasta los teléfonos parecen recordarnos que somos prescindibles”, comenta Fernando Castro, director de la obra.
Sobre el escenario, Christian Ysla, Margot Lozano, Diego Sakuray y Macla Yamada dan vida a la historia de un niño de siete años que, tras una separación difícil, se encuentra por primera vez con su madre. Hasta ese momento ha crecido bajo el cuidado estricto de su abuela, entre rutinas marcadas y reglas fijas. Su padre —aunque presente— mantiene una relación distante. En un día cargado de expectativa, el niño conoce finalmente a su madre. Pero ella está lejos de encarnar la imagen idealizada que él había imaginado.
“La exploración del cuerpo en su máxima expresión es la propuesta que hacemos con esta obra —explica el director— En este universo sin palabras, el actor se convierte en un artesano que cuenta esta historia compleja a su manera, desde lo físico y lo emocional”.
El círculo vicioso
Desde que dos personas se conocen, se enamoran, conviven y, a veces, se casan, se inicia una cadena de rutinas, promesas y sacrificios que muchas veces termina en una ruptura. Historias como la que plantea “Crónica de Amor” nacen en ese punto: cuando el amor pasa de ser una ilusión compartida a una batalla cotidiana. Parte del impulso narrativo de la obra se sostiene en ese vaivén emocional, entre el afecto y el desencanto.
“A diferencia de las telenovelas, donde hay buenos y malos y todo termina bien, el teatro puede mostrar lo compleja que es la vida”, señala Castro. “Las familias no son estructuras perfectas; se crean, se rompen y se reconstruyen. Ese amor se trabaja, no es algo implícito”.
Más allá del conflicto familiar, el verdadero motor de la obra es la necesidad de hablar de la maternidad, y de cómo esta se enfrenta a una serie de expectativas impuestas. “Ahí está el gran conflicto: lo que se espera de una madre y lo que en realidad puede ser”, explica el director. “Esa búsqueda de reconciliación es una lucha constante, que puede verse a diario en los ojos de muchas mujeres”.
La música que acompaña el montaje incluye temas del nuevo álbum de Alejandro y María Laura, que refuerzan con sutileza los momentos más significativos del relato. También se han incorporado canciones de los años ochenta, que aportan contexto y una atmósfera nostálgica. Sin ubicarse en un tiempo o lugar específico, la obra apuesta por explorar emociones universales de forma directa, sin grandilocuencias, pero con la convicción de que, incluso desde el silencio, siempre es posible cambiar.
Sobre la obra
«Crónica de amor»
Temporada: Hasta el 14 de julio.
Horario: jueves, viernes, sábados y lunes a las 8:00 p.m. y domingos a las 7:00 p.m.
Lugar: Teatro C.C. PUCP
Entradas disponibles en Joinnus.













