lunes, agosto 31

Hay días en los que ponerse las zapatillas significa buscar compañía. Otros, simplemente, encontrar un espacio propio. El running puede vivirse de ambas maneras y, para Mary Pamela Rea Heredia, conocida en el mundo digital como @pame_moon y administradora de la página Esto es correr, la elección depende de algo tan sencillo como el momento que atraviesa cada corredor.

Yo creo que la elección entre correr solo y correr acompañado viene de la mano del estado de ánimo. Como las veces que me encuentro con amigos para entrenar pero al final cada uno va a su PACE, me pongo mi música y corro súper feliz sola. Por eso depende de tu mood y también de lo que buscas en ese entrenamiento”, refiere la influencer.

La dinámica cambia cuando comienza una preparación específica para competir. Entrenar junto a corredores con un ritmo superior puede convertirse en un estímulo para superar los límites que uno mismo se impone.

Uno puede tener mucha motivación para entrenar solo, pero cuando tienes al lado a alguien que corre más rápido, te das cuenta de que puedes dar más. Incluso por ‘piconería’, ver que te saca distancia te hace esforzarte y seguirlo. Esa energía también aparece en los últimos kilómetros cuando la gente te alienta”, reflexiona la runner.

Para Pamela, el grupo funciona como un estímulo adicional cuando la exigencia aumenta y las fuerzas comienzan a faltar.

En momentos donde te falta una serie más y no puedes más con tu vida, ellos te alientan, te jalan. Entonces mi entrenamiento es mucho mejor”, sostiene la especialista.

Pero el vínculo trasciende el entrenamiento, compartir una sesión de running genera lazos que pueden terminar siendo parte importante de la experiencia deportiva.

No importa ni siquiera el tipo de plan o de coach, lo importante son las personas que lo conforman. Con ellos te vas a encontrar a las cinco de la mañana, vas a desayunar probablemente dos veces a la semana y vas a compartir los primeros veinte minutos de trote easy. Se hacen amigos”, relata.

Hay entrenamientos en los que la mejor compañía es el propio silencio. A Pamela, correr sola le permite concentrarse en sus sensaciones, mantener su pace y completar el trabajo sin las voces o ritmos de otros corredores alrededor.

Lo defendería cuando simplemente eres tú contra el mundo, cuando quizás eres de una personalidad que necesita estar solo para concentrarse. Todos somos completamente diferentes”, explica la creadora de contenidos de running.

Esa concentración también puede convertirse en una forma de disciplina personal. “Empecé y terminé mi entrenamiento sola y estuve mucho más concentrada porque no tenía voces a mi alrededor. Vuelvo a repetir, es con el mood que te encuentras en ese momento de tu vida también”, sostiene.

La competencia es, para ella, uno de esos momentos en los que esa autonomía adquiere mayor importancia. Allí no recomienda modificar sobre la marcha una estrategia preparada durante semanas simplemente por seguir a otro corredor.

El día de carrera eres tú solo y listo. Solamente debes seguir el plan que te funcionó a ti. No existe probar cosas nuevas. Ese chico corre más rápido y me voy a pegar a él, no, eso nunca porque imagínate que te quemes”, advierte la runner.

La experiencia de Pamela muestra que los beneficios de correr acompañado no terminan cuando acaba el entrenamiento. Durante su embarazo, la comunidad que había construido alrededor del running adquirió un papel especial.

La runner continuó haciendo ejercicio y llegó a correr una media maratón con seis meses de gestación, una decisión que tomó con conocimiento de su propio cuerpo y seguimiento médico. Su experiencia también despertó preguntas entre otras mujeres que temían tener que abandonar el deporte al quedar embarazadas.

Muchas mujeres me escribían diciendo que tenían miedo porque no querían dejar de hacer deporte. Y yo les decía ‘sí puedes’. Obviamente, cada cuerpo es diferente. Yo corrí media maratón porque tengo más de 10 medias maratones, entonces conozco mi cuerpo”, cuenta.

Las conversaciones en redes terminaron convirtiéndose en una vía de acompañamiento mutuo. Pamela compartía sus entrenamientos, pero también sus días malos, y descubrió que la motivación podía viajar en ambas direcciones.

Cuando me comentaban que era su inspiración o que les había sacado una risa con mis contenidos, no caían en cuenta que realmente a quien motivaban era a mí”, reconoce.

Ese vínculo cobró todavía más valor durante el posparto, cuando la falta de sueño y el cambio de rutinas hicieron más difícil encontrar tiempo para entrenar. Allí, tanto su grupo de running, Sub4, con quienes ya lleva corriendo más de 5 años, así como su comunidad digital, funcionaron como un soporte para mantenerse activa, incluso cuando el objetivo ya no era perseguir una marca.

Mis amigos de running sabían que quizás no estaba en ese momento en el que iba a salir a correr y hacer mi mejor pace, pero iba a salir a correr porque necesitaba simplemente liberar endorfinas”, relata.

Así, el grupo adquirió una función que va más allá de empujar el rendimiento. Para Pamela, correr acompañada también puede convertirse en una forma de liberar tensiones, recuperar confianza y encontrar un espacio propio en medio de una etapa de cambios.

Correr solo y hacerlo acompañado pueden responder a necesidades distintas. El grupo puede aportar motivación, disciplina y compañía cuando las fuerzas flaquean; correr a solas permite concentrarse en el propio ritmo y escuchar lo que pide el cuerpo.

La clave, desde la experiencia de Pamela, está en reconocer qué necesita cada entrenamiento y cada etapa personal. “Siempre voy a decir que está bueno correr solo, pero es mucho mejor tener un grupo de amigos que compartan tu propia pasión, porque en esos momentos donde tu disciplina está flojeando tienes ese grupo de amigos que te van a decir ‘vamos’”, concluye.

Así, más que elegir entre correr solo o acompañado, se trata de saber cuándo cada modalidad puede sacar lo mejor del corredor.

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