Las federaciones deportivas internacionales no son ni podrían ser propietarias de los deportes que organizan. El deporte pertenece, en última instancia, a las personas. Pertenece a los niños que juegan en el colegio, a los amigos que comparten una cancha los fines de semana y a las familias que disfrutan de un partido en cualquier barrio del mundo. El deporte forma carácter, fortalece la salud y enseña valores como la disciplina, el sacrificio y el trabajo en equipo.
Las federaciones deportivas internacionales no son ni podrían ser propietarias de los deportes que organizan. El deporte pertenece, en última instancia, a las personas. Pertenece a los niños que juegan en el colegio, a los amigos que comparten una cancha los fines de semana y a las familias que disfrutan de un partido en cualquier barrio del mundo. El deporte forma carácter, fortalece la salud y enseña valores como la disciplina, el sacrificio y el trabajo en equipo.
Las federaciones cumplen otra función: organizar competiciones, establecer reglas, administrar derechos comerciales y garantizar la justicia deportiva. En el caso del fútbol, esa tarea corresponde a la FIFA, que organiza el torneo deportivo más importante del planeta: la Copa Mundial.
La edición de Rusia 2018 fue vista por más de 3.500 millones de personas y su final superó los mil millones de espectadores en todo el mundo. Pocos eventos contemporáneos logran convocar audiencias globales de esa magnitud.
Por ello, la decisión de ampliar el Mundial a 48 selecciones a partir de 2026 ha generado debate. Algunos críticos sostienen que el torneo perderá calidad deportiva. Sin embargo, la verdadera pregunta es estratégica: ¿debe el Mundial seguir siendo un torneo reservado para pocos o convertirse en una plataforma para expandir el desarrollo del fútbol global?
Lo vivimos intensamente en el Perú en Rusia 2018. Después de 36 años, el país entero volvió a soñar. Recuerdo como oficial del fútbol en aquellos años, a miles de peruanos cantando el himno abrazados en estadios, parques y calles de todo el mundo. Por unos meses desaparecieron las diferencias políticas, sociales o económicas. Solo éramos peruanos.
Si el fútbol puede provocar ese nivel de emoción colectiva en más países, en más generaciones y en más rincones del planeta, entonces 48 selecciones no debilitan al Mundial. Lo hacen más universal.




