viernes, junio 19

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En Armonía 10 hay canciones que no envejecen. Cambian las voces, pasan los años, se actualizan los arreglos y aparecen nuevos rostros sobre el escenario, pero basta que suenen los primeros acordes de “Cervecero”, “Dios mío, haz que me enamore” o “Lágrima por lágrima” para que algo se encienda en la memoria popular. No es solo música. Es el recuerdo de una reunión familiar, de un amor perdido, de una celebración, de un viaje, de una despedida o de una herida que sigue abierta.

En Armonía 10 hay canciones que no envejecen. Cambian las voces, pasan los años, se actualizan los arreglos y aparecen nuevos rostros sobre el escenario, pero basta que suenen los primeros acordes de “Cervecero”, “Dios mío, haz que me enamore” o “Lágrima por lágrima” para que algo se encienda en la memoria popular. No es solo música. Es el recuerdo de una reunión familiar, de un amor perdido, de una celebración, de un viaje, de una despedida o de una herida que sigue abierta.

Con ese espíritu, este 4 de julio, Armonía 10 reunirá en la explanada del Parque de la Exposición a sus voces actuales y a figuras históricas de la agrupación en “Una sola Armonía”, un concierto que celebrará sus 54 años de historia.

Estamos preparando un concierto con una temática diferente, atípica, que tiene como afán integrar a todas las generaciones que han pasado por Armonía 10”, adelanta Max Aguirre, animador de la agrupación.

Leandro Lozada lo resume como una noche especial para los fanáticos de siempre: “Hemos juntado las voces del ayer y del hoy para crear una nueva temática de concierto”. Carlos ‘Charly’ Carmona, una de las voces más antiguas de la actual delantera, añade que el objetivo es claro: reunir a exintegrantes que hicieron historia en la agrupación y volver a cantar, juntos, las canciones que el público nunca dejó de pedir.

Entre los invitados estarán el hijo de Percy Chapoñay y el hijo de Makuko Gallardo, quienes representarán el legado de sus padres. También participarán Marcos Yacila, Martín Pérez, Roberto Moreno, el ‘Gato’ Bazán, entre otros nombres vinculados a la historia de la agrupación. Además, habrá invitados sorpresa.

Para los actuales integrantes, formar parte de Armonía 10 no es solo un trabajo. Es cargar una herencia. Max Aguirre recuerda que todos crecieron escuchando esas canciones en casa, viendo a padres y abuelos bailarlas en reuniones familiares. Hoy, subir a ese escenario tiene algo de sueño cumplido, pero también de responsabilidad.

Stiven Franco se sumó a la agrupación Armonía 10 de Piura . (Fotos: Julio Reaño/GEC)

/ JULIO REAÑO

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Para nosotros es un privilegio, un honor y un orgullo. Hemos crecido con su música. Ser parte de esta gran familia musical nos llena de orgullo y lo asumimos con mucha responsabilidad y profesionalismo”, afirma.

LEE MÁS: “Seguimos mal, pero intentamos seguir adelante”: Armonía 10 se reconstruye entre la ausencia de Paul Flores, el dolor, el miedo y el amor

‘Charly’ Carmona lleva 15 años ininterrumpidos en la agrupación. Interpreta, entre otros temas, “Cervecero”, una canción asociada a voces históricas como la de Makuko Gallardo. Sabe que la comparación es inevitable, pero no intenta copiar.

“Makuko dejó un gran legado y la valla es muy alta. Uno trata de complacer a la gente, de que el público diga: ‘No lo canta igual, no lo canta mejor, pero lo hace bien’. Eso nos llena de gratitud”, sostiene.

Max lo explica así: “Charly no intenta emular exactamente al cantante, sino transmitir lo que el cantante original transmitía, pero con su propio sello”.

La nueva generación de Armonía 10 también tiene rostro propio. Stiven Franco, de 17 años, suma más de 600 mil seguidores en redes sociales y una energía que ha conectado con un público joven. Antes formó parte de La Bella Luz, pero su ingreso a la llamada Universidad de la Cumbia generó polémica luego de que el dueño de su anterior orquesta denunciara que el cantante dejó la agrupación de manera abrupta y sin previo aviso.

Stiven, sin embargo, sostiene que ese acuerdo no dependió directamente de él. “El arreglo fue con mi papá, no fue conmigo”, aclara. Aun así, asegura que llega a Armonía 10 con ilusión y responsabilidad. “Llego al grupo con muchas ansias, porque siempre fue un sueño estar aquí. Nosotros hemos crecido con las canciones de Armonía 10. Crecí escuchando al maestro Charly”, cuenta.

Cumplir ese sueño también implica asumir las exigencias de una orquesta que vive entre escenarios, carreteras y aplausos. Detrás de cada presentación hay viajes constantes, familias que esperan, cansancio y una disciplina que no admite pausas.

La herida más profunda, sin embargo, sigue siendo la partida de Paul Flores. Para los integrantes de Armonía 10, su muerte marcó un antes y un después. Lo recuerdan como alguien alegre, bromista, lleno de vida. Y aunque el escenario exige sonreír, el dolor continúa.

“Lo que pasó con Paul nos ha dejado una huella imborrable. Tratamos de recordarlo como fue: una persona alegre, bromista, juguetona. Estoy seguro de que a él le hubiera gustado que lo recordemos así, con una sonrisa. Pero a veces duele leer comentarios de personas que nos ven en el escenario y dicen que no nos afecta porque estamos sonriendo. No podemos subir con otra cara que no sea la de alegría. En el fondo, no se imaginan cuánto nos sigue doliendo hasta ahora la partida de Paul”, dice.

Leandro lo resume como parte del oficio: “Ahí aplicamos el profesionalismo. Tenemos que estar alegres para la gente y para el público que ha venido a vernos esa noche”.

Pero esa sonrisa no significa ausencia de miedo. Desde lo ocurrido, la rutina de la orquesta también cambió fuera del escenario. Hoy conviven con medidas de seguridad y se desplazan acompañados por guardaespaldas.

El temor en nosotros está constantemente. No es que lleguemos al evento y recién nos invada. Es convivir diariamente, 24/7, con el temor. En el escenario intentamos no demostrar miedo ni tristeza, porque eso juega en contra del artista”, afirma Max.

Esa misma música que los obliga a sonreír también se convierte en refugio. Leandro siente una responsabilidad especial cada vez que interpreta “Lágrima por lágrima”, tema que pasó por voces como las de Percy Chapoñay y Paul Flores. Charly, en cambio, guarda una historia íntima con “Penar, penar”. Su hermano, también músico, falleció en diciembre del año pasado y siempre le pedía que se la cantara. En un concierto, la agrupación le hizo un pequeño homenaje con su foto en pantalla. “Siempre que canto ese tema recuerdo a mi hermano”, dice Charly.

Entre esas historias personales, Armonía 10 sigue mirando hacia adelante. El Estadio San Marcos, escenario elegido para celebrar sus 53 años, ya marca uno de los capítulos más importantes de su historia reciente. Ahora, con “Una sola Armonía”, la agrupación busca sumar otro hito antes de asumir nuevos retos. El público, mientras tanto, ya empieza a pedir estadios más grandes e incluso el Estadio Nacional.

Cuando se les pide una palabra para definir el presente de Armonía 10, Max elige “éxito”. Leandro y Charly dicen “felicidad”. Stiven, todavía sorprendido por estar donde siempre soñó, solo repite que está feliz.

Quizá esa sea la fuerza de la Universidad de la Cumbia, haber convertido sus canciones en una memoria compartida. Cada generación tiene una voz que recuerda, un tema que le duele, una melodía que la devuelve a casa. El 4 de julio, esas voces volverán a encontrarse en un mismo escenario. Las del ayer y las de hoy. Las que hicieron historia y las que intentan continuarla. Una sola Armonía para cantar, una vez más, que la cumbia también es herencia, familia y país.

Quizá allí esté la fuerza de la Universidad de la Cumbia. En haber convertido sus canciones en una memoria compartida. Cada generación tiene una voz que recuerda, un tema que le duele, una melodía que la devuelve a casa. El 4 de julio, esas voces volverán a encontrarse en un mismo escenario: las del ayer y las de hoy, las que hicieron historia y las que intentan continuarla. Una sola Armonía para recordar que la cumbia también se hereda, se canta en familia y se reconoce como país.

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