El Morro Solar es uno de los puntos más importantes de Lima, un lugar de encuentro recurrente para deportistas, turistas, estudiantes y veraneantes. Sin embargo, su valor va mucho más allá del presente: bajo sus rocas se conservan 135 millones de años de historia natural y, sobre ellas, los vestigios del devenir humano, marcados por acontecimientos que contribuyeron a configurar incluso la identidad del país.
El Morro Solar es uno de los puntos más importantes de Lima, un lugar de encuentro recurrente para deportistas, turistas, estudiantes y veraneantes. Sin embargo, su valor va mucho más allá del presente: bajo sus rocas se conservan 135 millones de años de historia natural y, sobre ellas, los vestigios del devenir humano, marcados por acontecimientos que contribuyeron a configurar incluso la identidad del país.
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Nuestra capital está rodeada de cerros, pero ¿qué tiene de especial este conjunto de rocas antiquísimas ubicado al sur de la ciudad? Para el biólogo y paleontólogo Iván Meza, contar la historia del Morro Solar “es narrar la propia historia de la Tierra”.
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Esa idea atraviesa su libro “Morro Solar: 135 millones de años de prehistoria e historia de Lima”, publicado por el Fondo Editorial del Congreso. La obra busca llenar un vacío en la bibliografía sobre la ciudad, no porque no exista información previa, sino porque esta suele encontrarse dispersa en publicaciones especializadas y de difícil acceso.
Iván Meza posando con su libro.
/ Cortesía de Iván Meza
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El libro se divide en dos partes. La primera aborda la formación geológica del morro desde su origen, en la era Mesozoica, cuando aún no era un cerro, sino un fondo marino que comenzó a sedimentarse y que, tras procesos tectónicos, emergió. En ese entorno se desarrolló una flora y fauna propias, hoy conservadas en forma de fósiles, cuyo registro constituye una valiosa fuente paleontológica.
La segunda parte se centra en el paso del ser humano por esta región, desde los pueblos precolombinos hasta la actualidad. Aparecen allí los Ichma, que construyeron la ciudad de Armatambo a las faldas del cerro, el origen del nombre del Morro Solar en tiempos de la conquista española y su papel estratégico durante la Guerra del Pacífico, cuando fue escenario de la defensa final de Lima.
En ese recorrido, destaca un hito clave: en el año 2000, Meza descubrió en el Morro Solar los fósiles de un plesiosaurio, un hallazgo de gran relevancia para la paleontología peruana y mundial. El reptil marino, que convivió con los dinosaurios, se convirtió en el primer registro de su especie en el país y el segundo en el Pacífico Sur. Años más tarde, en 2019, el hallazgo fue publicado en una revista científica de prestigio, generando un notable impacto mediático.
Reconstrucción de un plesiosaurio por Mark P. Witton.
/ Cortesía de Iván Meza
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— Más allá de la divulgación científica, ¿el libro puede leerse también como un homenaje personal al cerro?
Sí. Es un libro que combina lo histórico, lo científico y lo vivencial. Esa dimensión personal tiene que ver con los afectos y, en particular, con mi padre, quien me llevó por primera vez al morro poco antes de los 10 años y, ya a esa edad, al planetario, donde quedé profundamente fascinado. Hay, sin duda, una intención de rendir homenaje al Morro Solar por todo su valor, pero sobre todo de que ese homenaje se traduzca en un objetivo concreto: su conservación y preservación.
— Hoy el Morro Solar es un espacio concurrido, pero su historia se remonta a más de 135 millones de años. ¿Cómo era entonces?
El Morro Solar fue, en sus orígenes, un fondo marino: en algunos momentos fangoso, en otros arenoso. A lo largo de millones de años, esos sedimentos se fueron acumulando, compactándose por su propio peso y perdiendo el agua entre sus partículas hasta convertirse en rocas segmentarias, en un proceso conocido como litificación. Luego intervienen las fuerzas tectónicas, los movimientos de las placas de la Tierra: a veces las montañas emergen, otras se hunden, aparecen mares y desaparecen. En este caso, ese antiguo fondo marino emergió y dio lugar al Morro Solar que conocemos hoy. El contexto de lo que ahora es Lima era muy distinto. No existían los acantilados de la Costa Verde, que se terminaron de formar hace unos 11 mil años, un periodo muy reciente si se compara con la antigüedad del morro. Además, hace unos 135 millones de años existía una cadena volcánica frente a lo que hoy es Ancón, en el mar. Cuando el morro era todavía un cerro joven, se produjeron uno o varios eventos volcánicos catastróficos en Lima. Las huellas de esas erupciones volcánicas submarinas permanecen hasta hoy, visibles entre los estratos de rocas sedimentarias.
— ¿Cuándo adquirió una forma similar a la que tiene hoy?
No existe un registro ni una edad exacta. El Morro Solar corresponde al Cretácico Inferior, es decir, a la etapa temprana del periodo Cretácico, dentro de la era Mesozoica. Se estima que ya durante el Cretácico Superior había emergido como cerro, aunque con menor altura y una inclinación distinta a la actual. Hoy el Morro Solar presenta una inclinación hacia el mar, como si se hundiera en esa dirección, algo que no habría ocurrido en sus etapas tempranas. Es muy probable, por tanto, que su apariencia haya sido bastante diferente. Hoy, su punto más alto se encuentra en el cerro Marcavilca, donde están las antenas de televisión, a unos 281 metros de altura. Aun así, el morro no es estático: continúa emergiendo lentamente, aunque ese proceso es imperceptible a escala humana.
— A lo largo de distintas eras geológicas, el Morro Solar albergó flora y fauna hoy extintas. Tú hallaste allí los fósiles de un plesiosaurio. ¿Qué se sabe de este reptil marino?
Durante la era Mesozoica, la era de los dinosaurios, gran parte del territorio de lo que hoy es el Perú estaba cubierto por el mar. Hacia el occidente se extendía el océano que hoy conocemos como Pacífico; al oriente existía un mar interior; y entre ambos había una franja de tierra de baja altitud: una cordillera de los Andes todavía muy joven. Por eso, la mayoría de fósiles hallados en el país son de origen marino. En ese contexto, no resultaba impensable encontrar en rocas del Cretácico, como las del Morro Solar, restos de un reptil marino. El fósil del plesiosaurio lo encontré de manera casual junto a un amigo mientras buscaba amonitas. Lo identifiqué inicialmente comparándolo con otros huesos que había visto en internet. Años después, ya con formación en biología, pude estudiarlo científicamente y publicar los resultados en 2019, en una revista de impacto, lo que generó una amplia repercusión a nivel nacional e internacional.
— ¿Y por qué el descubrimiento fue tan relevante para la paleontología peruana y mundial?
Se trata del registro de plesiosaurio más antiguo del Perú. Aunque existen cuatro registros de estos reptiles en el país, el del Morro Solar es el más antiguo y el que cuenta con el estudio científico más riguroso publicado hasta ahora. Además, en ese momento solo existía un registro de plesiosaurio en todo el Pacífico Sur, correspondiente a Colombia, por lo que el hallazgo del Morro Solar se convirtió en el segundo. A ello se suma que los registros de reptiles marinos del Cretácico Inferior son escasos en el mundo, en comparación con otros periodos, posiblemente debido a un cambio faunístico asociado a variaciones climáticas, que habría provocado el declive de estos animales. Finalmente, el hecho de hallar un reptil de la era de los dinosaurios en Lima tuvo un fuerte impacto mediático.
Propodio del plesiosaurio del morro (femur o humero).
/ Cortesía de Iván Meza
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— Antes de la fundación de Lima, el Morro Solar fue habitado por los Ichma, que construyeron Armatambo. ¿Cómo vivían y qué ocurrió con esta civilización?
Estamos hablando de un periodo que va aproximadamente del año 900 al 1470 d.C. Armatambo fue una ciudadela de larga ocupación, ubicada estratégicamente en las faldas del Morro Solar. Hacia el este tenía acceso a las zonas agrícolas del valle y, hacia el oeste, al mar; era a una caleta con intensa actividad pesquera. De hecho, gran parte de la población se dedicaba a la pesca, ya que Armatambo era el principal puerto del Señorío Ichma. Además, era un punto de paso clave hacia el santuario de Pachacamac, el centro religioso más importante de la costa central del Perú en esa época. Cuando los incas conquistan a los Ichma, Armatambo alcanza su mayor desarrollo: crece en extensión, se levantan palacetes y se construyen muros con frisos artísticos. Con la llegada de los españoles, Francisco Pizarro designa entonces a un encomendero español a cargo de gran parte de la costa sur de Lima, incluido el Morro Solar. Ese encomendero fue Antonio del Solar, quien tenía la misión de cuidar y evangelizar a la población indígena y que, según la historia, habría tenido un trato relativamente favorable para los estándares de la época. De su apellido provendría el nombre del Morro Solar. Hoy, de la ciudadela de Armatambo queda muy poco. La zona ubicada en las faldas del morro, por el sector del cerro Marcavilca, ha sido invadida casi por completo. Solo permanecen algunos restos en el mismo Chorrillos, que se encuentran cercados y bajo protección. Sin embargo, la parte principal de la ciudadela, la que se extendía directamente sobre las faldas del cerro, prácticamente ha desaparecido.
— Durante la Guerra del Pacífico, el Morro Solar tuvo un papel clave en la defensa de Lima. ¿Qué episodio de ese periodo fue el que más te impactó y por qué?
Sin duda, la batalla de Lima y, en particular, la que se libró en el Morro Solar el 13 de enero de 1881. Me impactó profundamente la heroicidad de los peruanos. Eso lo comprendí con mayor claridad al leer a Jorge Basadre durante la investigación para el libro. Los peruanos ya habían perdido la batalla de San Juan de Miraflores y el enfrentamiento se trasladó al Morro Solar. En ese punto, específicamente en el cerro Marcavilca, los defensores peruanos estaban resistiendo con éxito. Las tropas chilenas avanzaban por las faldas y la base del cerro, pero enfrentaban serias dificultades. Tanto así que el capitán Lynch llegó a pedir refuerzos de manera desesperada al general Baquedano. En ese momento, eran cinco mil peruanos frente a diez mil chilenos, y aun así los peruanos resistían y causaban numerosas bajas al enemigo. Eso es lo que más me impactó. Finalmente, con la llegada de más de cinco mil refuerzos chilenos, los defensores quedaron prácticamente cercados y la batalla se perdió, pero la resistencia en el Morro Solar fue notable.
El Salto del Fraile.
/ Cortesía de Iván Meza
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— En el libro destacas también la dimensión científica del Morro Solar. ¿Qué es lo más importante, para ti, de esa relación entre el morro y la ciencia?
Yo distingo dos aspectos: el científico y el educativo. Para mí, el educativo es fundamental. Desde inicios del siglo XX, estudiantes de biología y geología han acudido al Morro Solar para realizar prácticas de campo. Es un lugar accesible, relativamente seguro y con una geología que no se encuentra en ningún otro punto de Lima. En ese sentido, funciona como un museo natural, además gratuito. Allí se han formado algunos de los mejores geólogos que ha tenido el Perú. En el plano científico, existe una gran cantidad de investigaciones estrechamente vinculadas a la historia geológica de Lima. A diferencia de otros lugares, que hoy están urbanizados, el Morro Solar aún conserva sectores donde es posible estudiar directamente los procesos geológicos. Y, desde el punto de vista paleontológico, el potencial sigue abierto: si fue posible hallar un plesiosaurio, también podrían descubrirse otros reptiles marinos u especies nuevas para la ciencia que todavía permanecen ocultas.
— ¿Crees que conocer la historia del Morro Solar puede cambiar la forma en que miramos Lima y nuestra propia historia?
En parte, sí. Hablar de la historia geológica del Morro Solar es hablar de la historia geológica de Lima. Por ejemplo, yo hago la diferencia entre el tipo de roca del Morro Solar y el tipo de roca y suelo que predomina en el valle de Lima. Eso ya nos dice mucho sobre cómo se formó la ciudad y su entorno. A ello se suma la dimensión histórica más reciente. Se puede hacer un paralelo con el Cerro San Cristóbal, que también tiene un valor histórico por el cerco de Lima encabezado por Manco Inca cuando Francisco Pizarro ya estaba en la ciudad. San Cristóbal, como cerro, es similar a otros que rodean Lima, cerros relativamente jóvenes. La diferencia es que el Morro Solar, además de su historia humana, concentra una historia natural mucho más antigua.




