Se ha hablado mucho de la brecha de infraestructura aeroportuaria que tiene el país, pero es importante poner en perspectiva que ese no es el único desafío para la conectividad aérea. Si analizamos los últimos dos años, vemos que el transporte aéreo en Perú estuvo expuesto a cierres intempestivos, obras que no se realizaron en plazo, mantenimientos de pista sin adecuada coordinación, entre otros eventos. El problema trasciende a la infraestructura, se trata también de la ausencia de una mirada sistémica que impacta en la continuidad operativa.
Esta falta de planificación no ha sido un problema menor ni aislado. Afecta la programación de vuelos, la continuidad del servicio y la confianza de los pasajeros. Cada cierre de pista tiene efectos también en hoteles que quedan vacíos, comercios paralizados y oportunidades que se pierden en las economías locales.
Lo ocurrido en aeropuertos como Jaén y Jauja son ejemplos de la fragilidad del sistema. Medidas adoptadas sin la debida anticipación obligaron a suspender operaciones de manera abrupta, dejando a cientos de pasajeros sin alternativas reales de conectividad.
En Juliaca, observamos una situación igual de preocupante. En octubre pasado se comunicaron cierres de pista programados para realizar trabajos de mantenimiento entre abril y octubre de este año. Al recibir la alerta, nos vimos en la obligación de ajustar nuestros itinerarios y reprogramar a los pasajeros que ya contaban con boletos; incluso no pudimos incrementar frecuencias al destino. Sin embargo, a dos meses del supuesto inicio de las obras, aún no ha publicado la notificación oficial (NOTAM) del cierre, generando una gran incertidumbre sobre el período anunciado para dichos trabajos. De no concretarse, lo que pudo haber sido un proceso planificado y coordinado a nivel sectorial, habrá afectado innecesariamente la planificación de las operaciones y la experiencia de los viajeros.
Para las aerolíneas, operar sin predictibilidad implica mayores costos, menor eficiencia y un riesgo operativo permanente. Este escenario desincentiva el incremento de vuelos y frena la descentralización del transporte aéreo.
El avión es, en muchas regiones del Perú, la única vía de acceso masivo, rápido y seguro. Ciudades como Cusco, Iquitos, Juliaca o Jaén no cuentan con alternativas terrestres que ofrezcan tiempos, capacidad ni confiabilidad equivalentes. Por ello, cuando la operación aérea falla, el plan B no satisface. La conectividad no puede depender de decisiones reactivas ni soluciones de último minuto.
El país ha anunciado inversiones relevantes y compromisos público-privados para mejorar los aeropuertos regionales. La señal es positiva, pero resulta insuficiente si no se empieza a pensar en estas obras como parte de un sistema integral. Cada postergación reduce la capacidad del Perú para atraer visitantes, dinamizar economías regionales y ser un destino más competitivo.
Invertir en aeropuertos regionales no es solo una cuestión de obras, sino de continuidad operativa, planificación responsable y visión de país. Si aspiramos a un Perú integrado, competitivo y atractivo para el mundo, debemos empezar por lo esencial: asegurar que nuestras regiones puedan despegar. La conectividad aérea está en juego.














