El tricampeonato de Universitario de Deportes marcó un punto de quiebre en la historia reciente del club. Tras una década sin títulos, la ‘U’ no solo volvió a ganar, sino que construyó un proceso sostenido que hoy se explica más allá del resultado. “Tricampeones”, el nuevo libro de Pedro Ortiz Bisso, nace con la intención de ordenar ese relato y darle contexto a una hazaña que cambió la percepción del equipo y de su entorno.
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En una conversación con El Comercio, el autor reflexiona sobre los factores humanos y deportivos que sostuvieron al campeón: la ambición de los jugadores, el peso de la experiencia, la presión constante del hincha y las decisiones que moldearon un plantel acostumbrado a convivir con la exigencia. La entrevista recorre los pasajes centrales del libro y propone una mirada crítica sobre cómo se construye el éxito del club más grande del fútbol peruano.
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¿A qué se debe que la ‘U’ tenga tanta presencia en la literatura deportiva del Perú?
Creo que ha habido un despertar que coincide con la reconstrucción institucional del club y con el centenario. Siempre existió respeto y veneración por Lolo Fernández y otras figuras, y se escribieron textos, libros, canciones. Pero esta feliz coincidencia, sumada al éxito deportivo, impulsó el interés por contar historias de la ‘U’.
¿Solo las alegrías y los éxitos merecen ser llevados a los libros o también las penas, tragedias y malos momentos?
Las historias están ahí, hay que encontrarlas. No tienen que ser solo historias de éxito. Hay relatos muy interesantes que nacen de situaciones trágicas o poco agradables. En el caso de la ‘U’, esta coincidencia feliz permitió contar historias alegres, pero hay muchas otras que aún esperan ser contadas.
Más allá del tricampeonato, ¿qué historias de los 100 años de la ‘U’ faltan llevarse a libros o documentales?
La Copa Libertadores de 1972, por ejemplo, no está bien contada. Hay muchos mitos alrededor de ese equipo. No se fue medio plantel a la gira, fueron cinco jugadores importantes. También se ha juzgado mucho a Scarone sin entender el contexto. Y hay periodos oscuros, como finales de los 70, que también merecen ser narrados.
¿Este tricampeonato puede pelearle en la historia a décadas gloriosas como los 60, 70 o 90?
Sí, no solo por los títulos, sino por las historias. A nivel individual quizá no compita con otras épocas, pero el gran diferencial es el colectivo y la forma en que se consiguió: reconstruyendo un club en ruinas, ganando en Matute, celebrando en el centenario y cerrando con una ventaja abrumadora. Eso lo hace épico.
¿Quién fue tu ídolo cuando eras niño hincha de la ‘U’?
Empecé con Cachito Ramírez, pero mi ídolo es Germán Leguía.
En “Tricampeones”, tu libro, narras que cada 25 años años aproximadamente la ‘U’ da una vuelta olímpica en Matute. De la primera en 1974 recuerdas a Chumpitaz, Cachito Ramírez y el ‘Ciego’ Oblitas; de 1999, al Puma, Chemo y Grondona. Dentro de 50 años, ¿qué tres nombres se recordarán de la vuelta olímpica en Matute del 2023?
Calcaterra, por el gol; Edison Flores, por el primer tanto; y Fossati, porque le cambió la cara al equipo. Pero, sobre todo, se recordará al colectivo.
¿Crees que este título se recordará más por la vergüenza que pasó Alianza o por lo que hizo Universitario en la cancha?
Ambas cosas están pegadas. El apagón nos hizo un favor: expuso una mala reacción y exaltó aún más la grandeza de Universitario. Con el apagón que nos regalan un meme por los próximos 100 años.
¿Qué tan determinante fue Jean Ferrari en todo este proceso de un Universitario que comienza a reconstruirse?
Fundamental. Supo conjugar la gestión empresarial con la pasión. Sin él, este proceso habría sido muy difícil. Ordenó el club, apostó por el éxito deportivo y eso devolvió la confianza al hincha y a las marcas.
Si Fossati dejó el 3-5-2 como marca indeleble, ¿qué aportó Fabián Bustos al tricampeonato?
Fue inteligente. Recibió una herencia exitosa y no la rompió. Ajustó detalles, entendió dónde estaba y respetó la máquina que ya funcionaba.
En un plantel con tantos líderes, ¿qué rol cumplen jugadores como Corzo, Calcaterra o Flores?
La clave fue que entendieron que lo más importante era el colectivo. Hay muchos líderes, pero supieron manejar los egos. Eso no es fácil y ha sido una fortaleza.
¿El sistema 3-5-2 es el que mejor le acomoda históricamente a la ‘U’?
Eso es cuestión de gustos. A mí me gusta más el 4-3-3. Pero los sistemas no son lo más importante: con buenos jugadores, técnico y compromiso, puedes ser campeón con cualquiera.

En este plantel tricampeón de Universitario parece haber jugadores con una ambición muy marcada, marcada también por sus orígenes: Valera viene de Pomalca, Flores de Comas, Ureña de Conchalí, una zona dura del Gran Santiago. ¿Crees que ese origen, esa historia personal, explica en parte el tricampeonato?
La conformación de los grupos humanos es compleja. A veces se piensa que venir de un origen humilde garantiza hambre de gloria, pero no siempre es así. Hay jugadores que, pese a venir de abajo, se pierden en el camino porque creen que ya llegaron. Y también ocurre lo contrario: futbolistas con una mejor situación económica que mantienen intacta la ambición. Nada te garantiza el éxito. En este plantel se juntaron trayectorias distintas, pero lo que terminó marcando la diferencia fue cómo esas ambiciones individuales se alinearon con el colectivo.
Llevándolo a la actualidad de Universitario, ¿por qué existe la sensación de que la ‘U’ ha hecho un buen mercado de pases, aunque no necesariamente espectacular?
Yo no creo que sea un mal mercado. Es cierto que hay salidas sensibles como la de Ureña, pero también llegan jugadores con buena actualidad como Alzugaray. Hay apuestas, claro, algunas monedas al aire. Pero en general no es un mercado improvisado. Mi principal preocupación no pasa tanto por los nombres, sino por la edad del plantel.
¿Te preocupa que sea un plantel veterano?
Sí. El año pasado ya era un plantel muy trentón. La experiencia tiene su lado positivo, porque son jugadores a los que no tienes que enseñarles todo, pero también hay un riesgo: menos dinámica, mayor desgaste físico, decisiones tardías. Universitario tiene una deuda pendiente con el rejuvenecimiento del plantel.
¿Ahí entra el rol de Javier Rabanal?
Exacto. A Rabanal se le ha menospreciado. Viene de ser campeón en Ecuador, en una liga más competitiva que la nuestra, y es un técnico que sabe trabajar con jóvenes. Dirigir a la ‘U’ tricampeona es una mochila pesadísima. Rabanal tiene que pelear contra las expectativas del hincha. Tiene que lidiar con eso y, al mismo tiempo, con él la ‘U’ tiene que empezar a pagar esa deuda de rejuvenecer al equipo.
¿Por qué el hincha de la ‘U’ vivía siempre en alerta tras 10 años sin campeonato y aún se mantiene desconfiando de todo?
Las redes sociales han amplificado todo. Antes no existía esta inmediatez para criticar. Hay hinchas bien intencionados que quieren cuidar al club, pero muchas veces opinan desde la ignorancia. Y también hay otros que se disfrazan de hinchas porque hay intereses económicos detrás. Eso genera un clima de sospecha permanente.
¿Y cuál debería ser la perspectiva del hincha mientras el club sigue en proceso de saneamiento?
La lógica diría que cautela, pero el hincha nunca va a ser cauto. Hay demasiada plata en juego y muchos intereses alrededor del club. Siempre va a haber tensión. Lo importante es que se priorice el interés de Universitario por encima de cualquier otro.












