La elección de Mano Menezes como nuevo entrenador de la selección peruana activa un viejo archivo que suele desempolvarse solo en épocas de transición: la relación entre Perú y los técnicos brasileños. Una historia que no siempre fue lineal, que alternó episodios de ilusión con pasajes de absoluta irrelevancia, pero que en su conjunto dibuja un mapa curioso de influencias futbolísticas, intentos de adaptación y momentos que quedaron, para bien o mal, fijados en el calendario emocional del hincha.
MIRA: Mano Menezes: “No basta con ser los mejores si no hay una base y consistencia”
El arribo del experimentado estratega gaúcho no solo invita a imaginar el futuro inmediato de la Bicolor, sino también a mirar el retrovisor y entender qué dejaron sus compatriotas antes de él. Porque si algo ha demostrado el fútbol peruano es que ciertos ciclos vuelven, incluso cuando parecería que no hay ningún puente que los conecte. Y la presencia brasileña ha quedado marcada en la historia de la Bicolor que ha tenido -contando a Menezes- seis técnicos de dicho país, lo mismo con Uruguay.
Perú comenzaba a explorar nuevas rutas futbolísticas a inicios de los años sesenta cuando un nombre poco frecuente para la memoria actual llegó a sentarse en el banquillo: Jaime de Almeyda. Era 1962, un año de movimientos y apuestas breves. Su presencia fue más un susurro que un anuncio. Apenas alcanzó a disputar un amistoso ante Inglaterra —una derrota por 4 a 0— y luego desapareció de escena sin mayor registro. Pero sin proponérselo, dejó encendida una pequeña lámpara que en ese momento nadie supo que alumbraría a otros compatriotas suyos décadas adelante.
Aquel primer intento, más experimental que visionario, tuvo continuidad fugaz en 1966 con José Gomes Nogueira, otro brasileño cuyo paso por la selección fue incluso más corto. Tres derrotas consecutivas lo devolvieron antes de tiempo a la esfera continental, casi sin dejar huella. Si el historial se escribiera solo desde los números, la etapa brasileña habría muerto allí. Pero el fútbol, caprichoso, acostumbraba a darle a Perú un gesto inesperado justo cuando parecía haberse quedado sin respuestas.
Con Waldir Pereira, “Didí”, la historia dio un giro que ni el más optimista habría imaginado. Porque no se trataba solo de un técnico brasileño más: era una figura moldeada en la élite, uno de los futbolistas más influyentes del planeta en los años cincuenta, un artista del mediocampo que entendía el juego como una coreografía calculada.
Didí ya había pisado Perú en 1963, cuando vistió la camiseta de Sporting Cristal. Ese regreso marcó un puente sentimental que terminó resolviéndose en la mejor contratación que hizo la Federación Peruana de Fútbol en muchos años: entregarle la dirección técnica rumbo a México 70. Fue una apuesta y, sobre todo, un acto de fe.
Lo que ocurrió después excedió cualquier registro. Perú clasificó al Mundial después de cuatro décadas y lo hizo jugando un fútbol excepcional. El equipo, liderado por Cubillas, Chumpitaz, Sotil y compañía, no solo llegó: compitió con jerarquía y terminó séptimo en la Copa del Mundo, una campaña que hoy sigue siendo brújula emocional para miles de hinchas.
Con Didí, Perú dejó de preguntarse si era capaz y comenzó a comprobar que podía. Esa diferencia es el verdadero legado del brasileño.
WALDIR PEREYRA – DIDI ENTRENADOR DE LA SELECCION PERUANA DE FUTBOL 1970.
/ ARCHIVO PRENSMART












