Habíamos empezado el mes con la Copa Kirin, un torneo donde lo mejor fue la camiseta roja alterna de Umbro. Un 0-0 olvidable ante Japón con el Santi Acasiete como lo más destacado y Renzo Revoredo como marcador derecho con buena salud. Luego de coquetear al comienzo de su proceso con la posibilidad de jugar con línea de tres, Markarián entendió que la seguridad estaba en parar cuatro en el fondo. “Mientras mantengamos el 0-0 en nuestro arco, en una jugada arriba podemos ganar”, dijo Daniel Peredo entonces.
- Con la ilusión todavía en estado depresivo tras la decepción que significó el proceso eliminatorio a Sudáfrica 2010, la Bicolor eligió a Senegal como rival de su último amistoso previo a la Copa América 2011. Era junio, era Matute, hacía ya algo de frío en Lima y era también un presente por lo menos difícil para la selección que por entonces dirigía (intentaba resucitar, recomponer) Sergio Markarián. Iba a ser, además, el triunfo más triste de Perú en los últimos años: uno que no se celebra, se sufre.
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Habíamos empezado el mes con la Copa Kirin, un torneo donde lo mejor fue la camiseta roja alterna de Umbro. Un 0-0 olvidable ante Japón con el Santi Acasiete como lo más destacado y Renzo Revoredo como marcador derecho con buena salud. Luego de coquetear al comienzo de su proceso con la posibilidad de jugar con línea de tres, Markarián entendió que la seguridad estaba en parar cuatro en el fondo. “Mientras mantengamos el 0-0 en nuestro arco, en una jugada arriba podemos ganar”, dijo Daniel Peredo entonces.
Días después vino otro 0-0, esta vez con República Checa. Y entonces surgió la idea de un último amistoso previo a la Copa América 2011. El rival, Senegal, el escenario, Matute. ¿El objetivo? Ganar o hacer gol, al menos una de dos.
Descartados Jefferson Farfán y Claudio Pizarro, ambos por lesiones, y mientras Edison Flores, con la cara llena de acné y un cabello trinchudo y rebelde contaría días después que no había podido tocar la Copa Libertadores que ganó con la ‘U’ Sub 20; Sergio Markarián no podía dormir de tanto pensar en sus reemplazos.
“Estoy muerto, qué quieren que haga, esto no me pasó nunca en la vida, es insólito e inexplicable”, le dijo el Mago a este Diario tras una nueva baja por lesión: la de Jesús Rabanal.
Senegal venía de perder por 2-0 ante Colombia en el Atanasio Girardot. No había mostrado mucho en juego, salvo una predilección por el juego fuerte. Ante Colombia terminó con 10 por roja directa. El Mago, advertido de la agresividad del rival, había dicho que Paolo casi no iba a jugar.
Perú venció por 1-0 a Senegal en un amistoso disputado en el 2011. (Foto: GEC)
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Pese a los precios módicos, con populares a 25 soles, Matute no se llenó. Lo que sí se llenó fue la lista de lesionados: Zambrano, Ballón y Cachito Ramírez. El último tuvo que salir cargado por los agentes de seguridad debido a que terminó con el tobillo inflamado. Advíncula y Vílchez también terminaron sentidos.
Más que un partido pareció ser una película de terror. A los 18 minutos apenas la rodilla de Zambrano dijo basta. Senegal, con dos expulsiones y cinco amarillas, no permitió que sea un partido de trámite, sino uno de patadas y patadones.

Ramírez tuvo que ser ayudado para ir al camerino tras lesión frente a Senegal. (Crédito GEC).
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“Iba a ser mi primera Copa América y ya vieron lo que pasó”, diría Zambrano al día siguiente, triste, rabioso, decepcionado. El único gol, el de Paolo Guerrero, se celebró mirando de reojo a los caídos, pensando en de dónde podrían salir los reemplazos. Así terminó Perú ese junio del 2011.
De ese 1-0 decantó otro resultado de mal gusto: el gol de Paolo Guerrero, por años, fue contabilizado como dudoso, mientras que la FIFA terminó por no tomarlo en cuenta para las estadísticas oficiales. ¿La razón? El amistoso no fue considerado de clase A1 oficial por un pequeño detalle: Senegal habría llegado a jugar con un equipo juvenil o de convocados de liga. El misterio nunca se resolvió.
Tampoco sobre quién tuvo la gran idea de conseguir un rival así.
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