Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Los drones kamikaze Shahed, fabricados por Irán, alarman a las naciones ricas del Golfo, pues han pasado de ser un arma relativamente desconocida a convertirse en una de las amenazas más inquietantes para las ricas monarquías árabes aliadas de Estados Unidos. Lanzados en oleadas y capaces de recorrer cientos o incluso miles de kilómetros, estos aparatos de bajo costo han logrado penetrar algunas de las defensas antiéreas más sofisticadas del mundo, golpeando bases militares, radares y puntos estratégicos.
Solo en Emiratos Árabes Unidos, las autoridades indicaron que desde el inicio de la guerra con Irán el 28 de febrero se detectaron 941 drones. De ese total, 65 lograron impactar dentro del país, causando daños en infraestructuras como puertos, aeropuertos, hoteles y centros de datos.
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De acuerdo con el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), fuentes de Estados Unidos informaron a un periodista estadounidense que los drones iraníes Shahed son “hasta el momento la amenaza más peligrosa” para el Golfo.
Según la agencia EFE, también hay preocupación por el rápido agotamiento de las municiones Patriot, pues más de 800 misiles de defensa se han gastados en solo tres días en el Medio Oriente para interceptar drones y misiles iraníes.

Humo saliendo del Aeropuerto Internacional de Dubái tras un ataque iraní. (AFP).
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Los ataques de Irán en el Golfo. (AFP).
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A diferencia de los ataques que Irán ha lanzado sobre Israel, donde los mayores daños se han registrado por el impacto de misiles balísticos, en el caso del Golfo son los drones Shahed los que están causando los mayores estragos.
Los Shahed son muy baratos de construir en comparación con lo que cuesta derribarlos. Fabricarlos puede costar entre 20.000 y 50.000 dólares. Sin embargo, estos drones tienen que ser derribados con misiles Patriot, cuyo costo es de 4,7 millones de dólares por unidad.
Además, según la agencia Reuters, Irán tiene capacidad para producir unos 10.000 de estos drones al mes.
Repartidores en motocicleta recorren una carretera mientras tras ellos se alza una gran columna de humo tras una explosión en la zona industrial de Fujairah, Emiratos Árabes Unidos. (Foto de Fadel SENNA / AFP).
/ FADEL SENNA
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La solución para hacer frente a los Shahed, y de paso bajar el alto costo de interceptarlos, podría estar en Ucrania, el país que más ha lidiado contra ellos pues Rusia los usa prácticamente a diario.
El domingo, el presidente Volodymyr Zelensky manifestó que expertos de Ucrania estarán en Medio Oriente en los próximos días para aportar su experiencia en la lucha contra los drones iraníes.
A cambio, Ucrania espera obtener misiles para sus sistemas Patriot, indispensables para hacer frente a los misiles de Rusia.
Kiev ha recibido solicitudes de ayuda para la protección del Golfo ante los drones iraníes.
Un dron Sting es preparado para su lanzamiento. (Creative Commons).
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Ucrania ha desarrollado el dron de bajo coste Sting para neutralizar los drones Shahed.
Estos interceptores son guiados por operadores que persiguen a los Shahed y detonan al impactar o a una gran proximidad.
Según Wild Hornets, fabricante del interceptor Sting, los drones pueden ser lanzados en menos de 15 minutos desde cualquier terreno llano, y la capacitación de los operadores sólo requiere tres días.
El precio de los Sting oscila entre los 1.200 y los 5.800 dólares, un ahorro enorme en comparación con el uso de los Patriot.
Los drones Shahed y la guerra de desgaste
Una fotografía tomada el 27 de diciembre de 2025 muestra un dron Shahed 136, de diseño iraní, utilizado por el Ejército ruso, sobrevolando Kiev durante un ataque con drones y misiles rusos. (Foto de Sergei SUPINSKY / AFP).
/ SERGEI SUPINSKY
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Para el analista en temas de defensa e inteligencia Andrés Gómez de la Torre, Irán ha reformulado su manera de enfrentar los conflictos armados a partir de una estrategia de guerra asimétrica, basada en golpear a sus adversarios en los puntos más vulnerables en lugar de buscar enfrentamientos militares directos con potencias superiores.
Según explica, uno de los pilares de esa estrategia son los drones kamikaze Shahed, que se han convertido en “la estrella del conflicto” en Medio Oriente y en otros escenarios. Estos aparatos, afirma, tienen un radio de acción que puede alcanzar hasta los 2.000 kilómetros, lo que les permite operar en amplias zonas del teatro de operaciones regional.
“Son sistemas de armas relativamente baratos, y que vuelan a baja altura, lo que dificulta su detección”, señala Gómez de la Torre. Además, suelen ser lanzados de manera múltiple, en lo que se conoce como la técnica de enjambre, con el objetivo de saturar las defensas antiaéreas del adversario.
Explica que este tipo de armas está especialmente diseñado para la llamada guerra de desgaste, una estrategia en la que Irán busca presionar de forma constante a sus rivales mediante ataques repetidos y de bajo costo. “Más allá del impacto físico, también generan un fuerte efecto psicológico, porque pueden golpear tanto instalaciones militares como objetivos no militares”, apunta.
Gómez de la Torre recuerda además que estos drones han sido exportados a Rusia, donde reciben el nombre de Gerán-1 y Gerán-2 y han sido utilizados en la guerra contra Ucrania, incluso con mejoras introducidas por la industria militar rusa.
En su opinión, los Shahed forman parte de un conjunto más amplio de capacidades desarrolladas por Irán dentro de su doctrina militar, que incluye cohetes, misiles balísticos, misiles de crucero y tecnología hipersónica. Todo ello responde a una lógica de guerra que busca evitar una confrontación convencional directa con potencias como Estados Unidos o Israel.
En el caso específico de Israel, el analista explica que los ataques con drones y cohetes deben atravesar varios espacios aéreos —como los de Irak, Siria o Jordania— y enfrentarse a un sistema defensivo de múltiples capas que incluye Arrow, THAAD, Patriot, la Honda de David y el Domo de Hierro, además del apoyo de la flota estadounidense en el Mediterráneo.
“Desde una perspectiva técnica es muy difícil penetrar esas defensas con ataques aislados”, afirma. Por eso, añade, Irán recurre a lanzamientos en enjambre, una técnica que busca saturar los sistemas antiaéreos para aumentar las probabilidades de que algunos proyectiles o drones logren impactar.
A juicio de Gómez de la Torre, el uso masivo de estas plataformas demuestra que Irán ha transformado el campo de batalla con los drones kamikaze Shahed, lo que ha obligado también a Estados Unidos a desarrollar sistemas similares, como el dron LUCAS, pensado para enfrentar este tipo de amenazas en conflictos modernos.
Así son los drones Shahed
El dron Shahed de Irán. (AFP).
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El Shahed-136 tiene un diseño simple pero distintivo: una estructura en forma de ala delta, sin fuselaje convencional, que integra el cuerpo del dron con las alas.
Tiene una longitud aproximada 3,5 metros, su envergadura es de 2,5 metros, un peso total de 200 kg, lleva una ojiva explosiva de unos 40 kilos, vuela a unos 185 km/h, lo que lo hace más parecido a un pequeño avión ligero que a un misil.
Su alcance llega a los 2.000 kilómetros, por lo que, si es lanzado desde Irán, países como Israel y naciones del Golfo pueden ser impactados por el dron.
Usa un motor de pistón con hélice trasera de dos palas.
Aunque no tiene la potencia destructiva de un misil balístico, su carga explosiva es suficiente para dañar edificios, depósitos de combustible, radares o instalaciones militares.
Estos drones no dependen necesariamente de un piloto remoto. Utilizan GPS y navegación inercial para seguir una ruta programada. Antes del lanzamiento, se introducen coordenadas del objetivo. El dron vuela de forma autónoma hasta el punto fijado. En algunas versiones o modificaciones se ha observado la posibilidad de corregir el rumbo en vuelo, lo que aumenta su precisión.




