El intercambio de ataques entre Irán y Estados Unidos e Israel ha entrado en una fase especialmente delicada al rozar dos de los puntos más sensibles de su componente estratégico: Natanz, eje del programa nuclear iraní, y Dimona, símbolo del poder disuasivo israelí. Más allá del impacto militar inmediato, golpear o acercarse a instalaciones de ese tipo eleva el riesgo de una escalada de consecuencias imprevisibles, no solo por su carga estratégica y simbólica, sino también por el temor a efectos ambientales y para la vida, tal como alertó la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El sábado, Irán denunció un ataque estadounidense-israelí contra el complejo de enriquecimiento de uranio de Natanz. Dijo que fue golpeada la Planta de Enriquecimiento de Combustible.
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La Organización de Energía Atómica de Irán (OEAI) informó que, tras la realización de evaluaciones técnicas y especializadas en Natanz, no se detectó la liberación de materiales radiactivos.
Esta imagen satelital, cortesía de Vantor, muestra una vista general del complejo de túneles de Pickaxe Mountain, adyacente a la instalación nuclear de Natanz, provincia de Isfahán, en el centro de Irán, el 7 de marzo de 2026. (AFP).
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Las instalaciones de Natanz ya habían sido alcanzadas por bombardeos en el cuarto día de la guerra iniciada el pasado 28 de febrero.
Además, en junio del año pasado, durante la denominada guerra de los 12 días, Israel bombardeó también la Planta de Enriquecimiento de Combustible de Natanz.
Producto de ese ataque, el edificio quedó prácticamente destruido y se dañaron gravemente las salas subterráneas que albergaban centrifugadoras, según declaró en su momento el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi.
Durante la misma guerra de los 12 días, Estados Unidos impactó las instalaciones subterráneas de Natanz con bombas antibúnker, probablemente diezmando lo que quedaba.

El bombardeo de Estados Unidos en Natanz en junio del 2025. (AFP).
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En represalia a lo que pasó el sábado, Irán atacó Dimona, la ciudad donde se ubica la principal instalación nuclear de Israel.
Un misil, que no fue interceptado por los sistemas de defensa israelíes, cayó directamente en el suelo, hiriendo a 47 personas, informó la agencia EFE.
Un hombre toma un café mientras observa las casas destruidas por un ataque con misiles de Irán en Dimona, Israel, el 22 de marzo de 2026. (Foto de JOHN WESSELS / AFP).
/ JOHN WESSELS
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El reactor nuclear se encuentra a unos 13 kilómetros al sureste de Dimona.
Tras esos hechos, la OMS alertó el domingo que la guerra “ha alcanzado una fase peligrosa”.
“Los ataques dirigidos contra instalaciones nucleares suponen una amenaza creciente para la salud pública y la seguridad ambiental”, agregó el director general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
La institución hizo un llamado urgente a las partes en conflicto para que “ejerzan la máxima contención militar y eviten cualquier acción que pueda desencadenar incidentes nucleares”.
Una fase de mayor riesgo en la guerra
La policía trabaja en el lugar donde un misil iraní impactó directamente en un barrio residencial de Dimona, Israel, el 22 de marzo de 2026. (EFE/EPA/ABIR SULTAN)
/ ABIR SULTAN
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Para Francesco Tucci, docente de Ciencias Políticas y de Relaciones Internacionales de la UPC, los ataques contra Natanz y la respuesta iraní en Dimona deben leerse como “mensajes recíprocos” vinculados al programa nuclear de ambos países, y como una señal de que la guerra ha entrado en una etapa de mayor riesgo.
Tucci manifestó que Dimona mantiene una enorme carga simbólica porque históricamente ha sido asociada al desarrollo nuclear israelí, mientras que Natanz forma parte del núcleo del programa atómico iraní.
El analista sostuvo que golpear o rozar ese tipo de instalaciones no solo tiene un valor militar, sino también político y psicológico.
Agregó que el ataque a Natanz no parece una escalada, sino parte de una planificación, de los objetivos trazados por Israel y Estados Unidos desde antes de la guerra “para degradar la capacidad misilística y militar iraní, así como afectar o acabar con su programa nuclear”.
En paralelo, advirtió que la situación se vuelve todavía más compleja por las señales contradictorias sobre una posible negociación impulsada por Donald Trump, desmentida por Irán, y por las diferencias de enfoque entre Washington e Israel con respecto a los objetivos finales de la guerra.
Tucci también se refirió al impacto humanitario de la guerra, con denuncias sobre contaminación del aire en zonas de Irán tras ataques de Israel a infraestructura energética como depósitos de combustible, y alerta que, en medio de versiones cruzadas, propaganda y niebla de guerra, resulta cada vez más difícil verificar qué ocurre realmente sobre el terreno.
Si hubiera una fuga de uranio enriquecido al 60% como el que posee Irán, el riesgo principal no sería que se produjera una “explosión nuclear”, sino una contaminación radiológica y química en el área afectada.
El OIEA explicó el año pasado, tras los ataques a Natanz, que dentro de la instalación podía haber dispersión de uranio hexafluoruro, fluoruro de uranilo e hidrógeno fluoruro, y advirtió que la radiación de esos compuestos —sobre todo por partículas alfa— se vuelve peligrosa si se inhalan o se ingieren.
El problema, además, no es solo radiológico: la toxicidad química del uranio, sea natural, empobrecido o enriquecido, es esencialmente la misma, y organismos como la OMS señalan que puede afectar sobre todo a los riñones, mientras que el hexafluoruro de uranio y sus productos de descomposición pueden irritar gravemente las vías respiratorias, los ojos y la piel.
La importancia de Natanz y Dimona
Una fotografía distribuida por la oficina presidencial iraní el 10 de abril de 2021 muestra a un ingeniero dentro de la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. (AFP).
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Natanz alberga una de las principales instalaciones de enriquecimiento de uranio de Irán y es considerada una pieza clave de su programa nuclear.
En Natanz hay miles de centrifugadoras usadas para procesar uranio, que puede servir tanto para fines civiles como para militares si el nivel de enriquecimiento aumenta.
Su importancia para Teherán radica en que simboliza su capacidad tecnológica, su autonomía frente a la presión occidental y una parte central de su poder de negociación y disuasión en Medio Oriente.
Está situado a unos 220 kilómetros al sur de Teherán y tiene laboratorios subterráneos y en superficie.
Antes de la guerra, el OIEA afirmó que Irán utilizaba allí centrifugadoras avanzadas para enriquecer uranio hasta un 60%, muy cerca del 90% necesarios para fabricar armas nucleares. Se presume que parte de ese material se encontraba en las instalaciones cuando todo el complejo fue atacado en junio del año pasado.




