lunes, abril 27

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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El rápido y masivo consumo de munición en la guerra contra Irán está dejando al descubierto una vulnerabilidad poco visible del poder militar de Estados Unidos: la dificultad para sostener un conflicto de alta intensidad sin comprometer sus reservas estratégicas. Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, el Pentágono ha empleado miles de misiles de precisión —muchos de ellos diseñados para escenarios como un eventual enfrentamiento con Chinaa un ritmo muy superior al de su reposición, obligando a redistribuir recursos desde Asia y Europa y encendiendo alertas sobre la capacidad de respuesta global de Washington si el conflicto se prolonga o se abre un nuevo frente.

Un informe publicado por el diario The New York Times describe un desgaste acelerado y sin precedentes del arsenal estadounidense, con cifras que evidencian una presión extrema sobre las reservas.

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En apenas semanas, Estados Unidos ha empleado unos 1.100 misiles furtivos de largo alcance JASSM-ER (quedando cerca de 1.500 en reserva), más de 1.000 misiles Tomahawk —unas 10 veces su ritmo anual de compra—, más de 1.200 interceptores Patriot (cuando produce alrededor de 600 al año) y más de 1.000 misiles terrestres Precision Strike y ATACMS.

Un bombardero B-2 Spirit de Estados Unidos lanzando un misil JASSM. (Dominio público).

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A esto se suma el uso intensivo de municiones no detalladas en más de 13.000 objetivos atacados, un gasto estimado de entre 28.000 y 35.000 millones de dólares (casi 1.000 millones diarios) y picos como 5.600 millones de dólares en solo dos días, además de pérdidas materiales como aeronaves por unos 275 millones de dólares.

El destructor de misiles guiados clase Arleigh Burke, el USS Spruance (DDG 111), dispara misiles de ataque terrestre Tomahawk en apoyo de la Operación Furia Épica contra Irán. (CENTCOM) / AFP).

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El Times recordó que solo en la operación del Equipo 6 de los SEAL de la Marina para rescatar a un oficial cuyo avión fue derribado en Irán, los militares tuvieron que destruir dos aviones de carga MC-130 y al menos tres helicópteros MH-6, después de que el tren de aterrizaje delantero de los aviones se atascara en la arena húmeda de una pista de aterrizaje improvisada.

El informe también indica que este consumo masivo de municiones ha obligado al Pentágono a redistribuir de manera urgente armas desde Asia y Europa hacia el Medio Oriente, dejando a comandos clave menos preparados frente a potencias como Rusia y China.

En Asia, incluso se han retirado sistemas estratégicos como interceptores Patriot y THAAD, mientras que en Europa se resiente la capacidad de disuasión en el flanco de la OTAN.

Marineros estadounidenses moviendo municiones en la cubierta de vuelo del portaaviones de clase Nimitz USS Abraham Lincoln en apoyo de la Operación Furia Épica contra Irán. (AFP).

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El problema se agrava porque la industria de defensa no puede reponer rápidamente los inventarios: con los ritmos actuales, la recuperación podría tomar años y depende de financiación adicional del Congreso que aún no se concreta, remarca el New York Times.

La guerra también expone una dependencia crítica de municiones extremadamente costosas, como los interceptores de defensa aérea, y plantea dudas sobre la capacidad de producir alternativas más baratas, como drones.

EE.UU. y la nueva lógica de la guerra

El lanzamiento de un misil ATACMS de Estados Unidos. (Dominio público).

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El analista internacional Roberto Heimovits sostiene que el rápido agotamiento de misiles y municiones en Estados Unidos no es un fenómeno nuevo, sino una tendencia que se arrastra desde la guerra en Ucrania y que se ha intensificado con el conflicto en Irán.

Según explica a El Comercio, uno de los factores clave es la creciente asimetría en el campo de batalla: mientras países como Irán emplean drones o misiles relativamente baratos —de decenas o cientos de miles de dólares—, Washington se ve obligado a responder con sistemas defensivos mucho más costosos, como los interceptores Patriot, que pueden valer millones por unidad.

“Estados Unidos necesita usar proyectiles que cuestan millones de dólares para derribar amenazas mucho más baratas, y por eso su capacidad de reposición se ve tensionada”, señala.

No obstante, Heimovits introduce un matiz: la escasez afecta sobre todo a ciertos tipos de munición, pero esta situación debe evaluarse junto con el impacto militar logrado.

El edificio dañado de la Universidad Shahid Beheshti tras un ataque en Teherán, el 4 de abril de 2026. (Foto de AFP).

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“Si bien pueden estar faltando proyectiles defensivos y misiles de ataque como los Tomahawk, también se debe precisar que los ataques han causado un daño significativo a Irán”, afirma. Agrega que hay la necesidad de analizar ambos lados de la ecuación.

En términos estratégicos, Heimovits considera que esta reducción de arsenales podría influir en el cálculo de potencias como Rusia y China, aunque no sería un factor decisivo para desencadenar nuevas guerras, dado que Moscú sigue concentrado en Ucrania y Beijing no muestra señales inmediatas de una ofensiva sobre Taiwán.

Para el analista, el problema de Estados Unidos es real pero coyuntural, no estructural. Recuerda que el país tiene la mayor economía del mundo y un gasto en defensa relativamente bajo en términos históricos, por lo que, con un aumento presupuestario —como el anunciado por el gobierno de Trump—, podría reponer sus arsenales en el mediano plazo.

En ese contexto, sostiene que el desafío principal no es solo producir más, sino adaptarse a una nueva lógica de guerra: desarrollar sistemas más baratos y eficientes, como tecnologías láser o defensas de menor costo, y mejorar la comprensión operativa del adversario para maximizar el impacto con menos recursos.

El desgaste del poder militar de Estados Unidos

Marineros de Estados Unidos en la cubierta de vuelo del portaaviones de clase Nimitz USS Abraham Lincoln en apoyo de la Operación Furia Épica contra Irán, en un lugar no revelado el 28 de febrero de 2026. (AFP).

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Para el analista internacional Francesco Tucci, docente de Ciencias Políticas y de Relaciones Internacionales de la UPC, el rápido agotamiento de misiles y municiones de precisión de Estados Unidos revela una debilidad estructural más profunda que va más allá del frente iraní: la dificultad de sostener una guerra de alta intensidad sin un objetivo estratégico claro ni una “salida” definida.

“A pesar de tener una gran capacidad de fuego, si no existen objetivos claros, no vas a ganar”, enfatiza.

A su juicio, el conflicto ha demostrado los límites de la superioridad aérea y del poder de fuego estadounidense frente a un adversario como Irán que, pese a fuertes pérdidas, resiste mediante tácticas asimétricas, el uso de drones y estrategias de desgaste.

“Las operaciones aéreas son limitadas; en ciertos conflictos, si quieres ganar, necesitas estrategias asimétricas y, a veces, tropas sobre el terreno”, enfatiza.

Hoy estamos viendo que tecnologías más económicas, como los drones, pueden generar un impacto estratégico significativo frente a sistemas que cuestan millones para interceptarlos. Irán ha apostado por una guerra asimétrica, con drones y tácticas de bajo costo, y eso está marcando una diferencia frente al modelo tradicional basado en armamento caro”, sostiene.

Un dron de Irán lanzado contra objetivos estadounidenses en la base Al-Kharj de Arabia Saudita. (Foto de la AGENCIA DE NOTICIAS IRIB / AFP).

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También recuerda que Estados Unidos prácticamente ha destruido toda la armada convencional de Irán. Sin embargo, sostiene que siguen existiendo miles de lanchas rápidas operativas.

Estas lanchas utilizan tácticas de enjambre, lo que hace muy difícil neutralizarlas por completo. Irán sigue teniendo presencia en el estrecho de Ormuz con estas unidades, que pueden atacar o minar rutas marítimas. Esto demuestra la diferencia entre destruir una fuerza convencional y enfrentar amenazas más flexibles y asimétricas”, precisa.

Esta situación, explica Tucci, no solo obliga al Pentágono a restringir operaciones por la escasez de municiones, sino que también evidencia problemas en la planificación y en la comunicación política del conflicto.

Tucci sostiene que las consecuencias son tanto militares como geopolíticas. Por un lado, la reducción de arsenales y el traslado de recursos desde Asia y Europa debilitan la capacidad operativa global de Estados Unidos y complican su rol como potencia hegemónica capaz de sostener múltiples frentes.

Por otro lado, dice que potencias rivales como China y Rusia observan con atención este desgaste: Moscú se beneficia indirectamente por la menor presión en el frente ucraniano, mientras que Beijing podría interpretar la situación como una ventana de oportunidad estratégica, especialmente en el Pacífico, aunque sin necesariamente optar por una acción inmediata para tomar Taiwán por la fuerza.

Estados Unidos ya tiene varios frentes abiertos: el ucraniano, la guerra con Irán y el riesgo de que se abra un tercero en Asia. Si se abriera un frente en Taiwán, Estados Unidos tendría un serio problema, pues ningún país puede sostener tres frentes al mismo tiempo. Estamos ante un escenario en el que la capacidad de respuesta se distribuye en demasiados teatros de operaciones. Para seguir siendo una potencia hegemónica, Estados Unidos debería estar presente en todas las crisis, pero ahora se está debilitando en varios sectores a la vez”, explica.

En paralelo, subraya que la falta de una estrategia de salida clara podría transformar la guerra en Irán en un conflicto de desgaste que termine erosionando la capacidad militar estadounidense sin lograr objetivos políticos concretos.

En ese contexto, concluye, el desgaste del arsenal no solo es un problema logístico, sino un síntoma de una estrategia más amplia que hoy enfrenta crecientes límites.

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