Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Los felinos de la gran selva maya de Guatemala no solo cazan en el suelo, la competencia por comida también ocurre en las alturas, desde las ramas hasta las copas de los árboles. Así lo señala un reciente estudio científico que revela que jaguares (Panthera onca), pumas (Puma concolor), ocelotes (Leopardus pardalis) y margays (Leopardus wiedii) han desarrollado diferentes estrategias de cacería que les permiten coexistir sin entrar en una pelea constante por presas.
Leer más | Sin salida: la irreversible realidad de los felinos que son rescatados del tráfico de animales
Mediante cámaras trampa, recolección y análisis de ADN en heces, investigadores de la Universidad Estatal de Oregón y la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS) Guatemala hallaron que mientras los jaguares y ocelotes cazaban principalmente presas terrestres, los pumas y margays consumían mucho más animales que viven en los árboles.
Se trata de uno de los primeros estudios en medir las diferencias en la forma y el lugar de caza y cómo esto influye para que cuatro depredadores felinos puedan compartir el espacio en ecosistemas complejos, como la selva tropical maya.

Ocelote. Al igual que el jaguar, este felino caza principalmente presas terrestres en la selva maya de Guatemala, pero también son presa de los pumas y jaguares. Foto: cortesía Predator Conservation / CKWRI
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Autores del estudio científico, así como especialistas en felinos y mesocarnívoros destacan la importancia de este descubrimiento en medio de una acelerada pérdida y fragmentación de la selva, así como en la necesidad de seguir estudiando las técnicas de caza de estas especies.
Leer más | La lucha silenciosa por rehabilitar y liberar al yaguarundí en Guatemala

Investigadores de la Universidad Estatal de Oregón y la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre de Guatemala utilizaron grabaciones de cámaras trampa y análisis de ADN de heces para estudiar jaguares, pumas, ocelotes y margays en la Reserva de la Biosfera Maya. Foto: cortesía Oregon State University
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Aunque existe evidencia de que los gatos silvestres cazan tanto a nivel terrestre como en los árboles, expertos destacan que hay pocos estudios sobre estas interacciones en la selva maya, donde las diferentes capas verticales del bosque son claves para entender cómo, dónde y qué cazan.
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue detectar que los pumas comen con mucha mayor frecuencia monos araña (Ateles geoffroyi) y monos aulladores negros (Alouatta pigra), pues los consumen más del doble que a los venados colorados y grises. En tanto, los ocelotes representaron el 10 % de la dieta de jaguares y 2 % de la de los pumas, según el estudio.
Para Rony García-Anleu, director del Departamento de Investigación Biológica de WCS Guatemala y uno de los autores del estudio, la distribución de alimento entre las dos especies más grandes de carnívoros que hay en la Reserva de la Biósfera Maya —el jaguar y el puma— fue el hallazgo más importante.

Margay subadulto. Este felino caza zarigüeyas y ratones de abazones en mayor proporción, al igual que el ocelote, pero también incluye ratas en su dieta. Foto: cortesía Arturo Caso / Predator Conservation
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
“Tenemos a los pumas teniendo más presas arbóreas y a los jaguares con presas más grandes y más terrestres, como los pecaríes y los armadillos. Lo más importante fue entender cómo ellos, ecológicamente, se distribuían el espacio y el tiempo”, dice a Mongabay Latam.
La investigación se hizo en áreas protegidas remotas dentro de la Reserva de la Biosfera Maya y utilizó imágenes de 55 cámaras trampa en tierra así como de otras 30 instaladas en el dosel de los árboles.
Además, se analizaron 215 muestras de excrementos, la mayoría recolectadas por equipos de campo, pero también detectadas por perros rastreadores. Todas las muestras fueron analizadas en la Universidad Estatal de Oregón y mediante un proceso conocido como metacodificación de barras de ADN se pudo determinar la dieta de las especies.
Este proceso permitió saber que los jaguares consumían principalmente pecaríes y armadillos de nueve bandas, así como ocelotes y venados de monte, en menor medida. Después de los monos, las principales presas de los pumas fueron los venados, pecaríes y las pacas de tierras bajas.
Los ocelotes consumían principalmente mamíferos pequeños y medianos, como zarigüeyas y el ratón de abazones en mayor proporción, una dieta similar a la del margay, que incluía ratas también.
“Esta investigación desafía las suposiciones arraigadas sobre cómo coexisten los grandes carnívoros y destaca la importancia de la estratificación vertical de la alimentación”, afirmó Ellen Dymit, investigadora de la Universidad Estatal de Oregón y principal autora tras publicar el artículo.
Rebeca Escobar, oficial de WWF Mesoamérica, destaca la importancia de este tipo de análisis en regiones como Guatemala, donde considera que aún hay “vacíos de información” sobre los felinos silvestres, pues los esfuerzos de investigación se han enfocado principalmente en el jaguar como especie sombrilla, aquellas que requieren grandes extensiones de hábitat y al mismo tiempo son claves para la conservación de un ecosistema.
“No significa que no exista interés en los felinos menores. El análisis de heces ha permitido conocer con mayor precisión la dieta de cada especie, aportando información valiosa sobre sus técnicas de caza. Por ello, resulta fundamental unir esfuerzos e impulsar investigaciones más profundas sobre los felinos menores”, dice a Mongabay Latam.

Jaguares captados en el Corredor de la Selva Maya, en Belice. Foto: cortesía Panthera Belice
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Aunque los investigadores no grabaron ningún video de pumas en los árboles en este estudio y no hay evidencia de cómo cazan monos y especies en los árboles, señalan que sí se ha documentado este comportamiento en otros casos. Además, consideran quelos pumas podrían tener la capacidad de alimentarse en los árboles por un menor peso, en comparación al jaguar.














