En la madrugada fría del litoral de Paracas, cuando el cielo aún se resistía a entregar la luz del amanecer, una pequeña estación científica apuntaba silenciosamente al horizonte. Allí, entre expectativas, neblinas leves y paciencia, se produjo un instante histórico. El Perú capturaba por primera vez la imagen del legendario cometa Halley.
En los registros de la astronomía aparece con un nombre técnico: 1P/Halley. El cometa debe su apellido al astrónomo inglés Edmund Halley (1656-1742), quien en 1705 logró calcular la órbita de este viajero celeste y demostrar que regresaba periódicamente al vecindario del Sol.
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El cometa más famoso de la historia regresaba al sistema solar ese verano de 1986, y lo hacía aproximadamente cada 76 años, siendo la última vez que se había asomado a este barrio terrícola en 1910. En consecuencia, los científicos peruanos no querían perder la oportunidad de observarlo.
Imagen histórica: la primera fotografía captada desde cielo peruano. Ocurrió el 10 de marzo de 1986, en Paracas, Ica. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
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En el Perú, el escenario elegido para esa vigilancia celeste fue la estación de observación instalada en Punta Pejerrey, cerca de Paracas (Ica) desde donde los técnicos del Instituto Geofísico del Perú (IGP) iniciaron una serie de observaciones sistemáticas a comienzos de marzo de aquel año 86.
EL MILAGRO DEL HALLEY EN CIELO PERUANO
La madrugada del 10 de marzo de 1986, el esfuerzo rindió frutos. A las 5 y 20 horas, tras una exposición fotográfica de 15 minutos, los especialistas lograron registrar la silueta del cometa: su cabeza luminosa y la característica cola extendiéndose en el espacio.
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La imagen revelaba lo que muchos aficionados del cielo ansiaban ver: la clásica forma del cometa Halley, una luminosa cabellera seguida por una cola simple que se abría camino entre la oscuridad del firmamento.

El diario Decano no dejó de informar y destacó la zona de exposición en Punta Pejerrey, Paracas. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
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Para entonces, los observadores calculaban que el núcleo del cometa tenía una intensidad de cuarta magnitud, es decir, un brillo suficiente para distinguirlo incluso sin la ayuda de binoculares en condiciones favorables.
La cola del Halley, según las mediciones iniciales, alcanzaba cerca de tres grados de longitud en el cielo, aunque los especialistas estimaban que podría alargarse conforme avanzara su trayectoria alrededor del Sol.
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A esa hora temprana de la mañana, el cometa aparecía hacia el sureste, aproximadamente 20 grados sobre el horizonte, una posición que obligaba a madrugar a científicos y curiosos que querían observarlo.
Por esos días, en varias zonas del país, especialmente en el sur, pudieron ver el fenómeno astronómico. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
/ EL COMERCIO
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El responsable de estas observaciones era el astrofísico japonés Mitsumi Ishitsuka, director del Observatorio Solar de Huancayo, quien supervisaba el trabajo científico de seguimiento del cometa desde territorio peruano.
COMO SE REGISTRÓ FOTOGRÁFICAMENTE EL FENÓMENO
Para registrar el fenómeno se utilizó un astrógrafo con apertura de 12 centímetros y distancia focal de 50 centímetros, equipo trasladado especialmente desde el Observatorio Solar de Huancayo antes de iniciar las observaciones el 3 de marzo de 1986.
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La elección de Punta Pejerrey, en Paracas, no era casual. Desde ese punto elevado del puerto General San Martín se podía obtener un horizonte despejado hacia el mar, ideal para capturar objetos astronómicos de baja altura.
Sin embargo, existía una preocupación: la persistente neblina costera podía arruinar las observaciones. Los científicos temían que el cielo gris del litoral impidiera registrar al visitante cósmico.
La gente, los amigos, se reunían y buscaban el mejor lugar para ver al menos la cola del Halley. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
/ JUVENAL ALVARADO
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