En todo tipo de interacción entre humanos, es común encontrar personas con las cuales se nos hace difícil trabajar, ya sea porque no confiamos en ellas, porque tenemos puntos de vista antagónicos o porque simplemente, no nos gustan. Lo común es evitarlas o confrontarlas.
En todo tipo de interacción entre humanos, es común encontrar personas con las cuales se nos hace difícil trabajar, ya sea porque no confiamos en ellas, porque tenemos puntos de vista antagónicos o porque simplemente, no nos gustan. Lo común es evitarlas o confrontarlas.
Este tipo de reacción trae altos costos tanto en lo personal como a la organización.
¿Cómo lidiar con este tipo de reto?
Adam Kahane, en su libro “Collaborating with the Enemy”, sugiere desarrollar capacidades para ampliar nuestra disposición a colaborar a pesar de las circunstancias, porque la situación a enfrentar lo amerita. Ciertamente es un reto mayor, sobre todo por la tensión y estrés que experimentamos al actuar en entornos altamente disruptivos. Es necesario por lo tanto, prepararse y entrenarse para encontrar formas de hacerlo.
Primero habrá que diagnosticar la situación que puede derivar en tres posibles escenarios. El primero hará que forcemos la “mano” al estar convencidos de tener la razón y el poder para imponernos ante la parte antagónica. El segundo escenario, exigirá el adaptarnos al reconocer no poder evitar la confrontación. Esto requerirá enfocarse en contribuir con lo que mejor sabemos hacer, reconociendo las diferencias y tolerándolas. El tercer escenario implicará el cancelar nuestra participación porque no vemos posibilidad de llegar a acuerdos razonables.
Tras el diagnóstico, si optamos por el segundo escenario, lo que se impone es entender que la interacción confrontacional puede aplacarse si uno logra colocar sobre la mesa en forma transparente y clara las desavenencias, para con respeto y buena argumentación, tratar de encausarlas hacia una solución óptima. Será determinante el desarrollar un alto sentido de justicia, comprensión, pero a la vez, determinación al defender nuestros argumentos.
Por último, privilegiar el enfocarse en generar valor a través de cómo contribuimos al trabajo del grupo, en vez de estar prontos a criticar la posición antagónica y ahondar diferencias.
Las circunstancias en que se desarrollan las organizaciones exigen que los colaboradores eviten que se genere un ambiente tóxico. Sin “fricción” no habrá “tracción”; de ahí la importancia de, en forma constructiva, colaborar inclusive con los enemigos.













