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El impresionante fenómeno atmosférico, denominado capa de aire sahariana, está cargado de finísimas partículas de arena, restos orgánicos y ciertos minerales, y aunque sus dimensiones y desplazamiento son impactantes, es frecuente verlo cruzar el Atlántico durante el verano boreal, entre fines de junio y mediados de agosto.
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“Es un fenómeno recurrente y su desplazamiento hacia el Caribe coincide con la actividad de huracanes”, explica a El Comercio el docente de Geografía y Medio Ambiente de la PUCP Christian Yarlequé. Lo que no es tan frecuente, sin embargo, es que este fenómeno alcance el territorio continental norteamericano.
El lunes último, la nube cubría los cielos de Cuba, Haití y República Dominicana; continuó hacia el golfo de México al día siguiente y para el miércoles ya había alcanzado la zona de Florida. El recorrido prosiguió hacia los estados de Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Texas y Luisiana.

Se espera que la máxima concentración de polvo para esta nube sea de 0,55 partículas en la atmósfera (AOD), el indicador más alto del año pero todavía bastante lejano del registrado en el 2020, durante la ocurrencia de la denominada nube Godzilla. En aquella oportunidad, se alcanzaron las 1,5 AOD en el Caribe y hasta 3,5 AOD en África Occidental.
El siguiente video elaborado por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) muestra el tamaño y desplazamiento de la nube Godzilla del 2020.

Para Yarlequé, quien es doctor en Ciencias Atmosféricas, la llegada de la nube a territorio estadounidense este año “está asociada al fenómeno de La Niña, porque cuando esto sucede hay mucha actividad en el Atlántico”.
Según la Organización Panamericana de la Salud, estas nubes se producen cuando la arena del Sahara se levanta como consecuencia del choque entre el aire cálido del desierto y el aire fresco del Sahel.
“El origen de las nubes saharianas es justamente el viento. En las últimas décadas, a causa de la contaminación ambiental, estos sistemas de vientos se vienen intensificando, generando extremos más intensos, y este tipo de eventos poco a poco van generando mayor arrastre”, explica el experto.
— Relación con los huracanes —
La época en la que suelen aparecer las nubes saharianas coincide con la temporada de huracanes en Norteamérica e incluso tienen un importante efecto sobre ellos.
El polvo de la nube reseca el ambiente y se convierte en un inhibidor de tormentas tropicales. Esto resulta especialmente importante este año, pues la NOAA había alertado que existía un 60% de probabilidad de que la temporada de huracanes sea más activa de lo normal.
La nube de este año tiene entre 3 y 4 kilómetros de espesor, una densidad suficiente para estabilizar la atmósfera en esa zona del planeta y dificultar la convección profunda que permite la formación de ciclones.

— Efectos del fenómeno —
Las nubes saharianas transportan minerales como el hierro y el fósforo, que actúan como fertilizantes de ecosistemas marinos y selvas tropicales. “Indudablemente ayuda a la fertilización, actúa en la vegetación de la Amazonía y en otras regiones limita el paso de la luz solar”, comenta Yarlequé.
En el 2020, un estudio publicado en la revista “Geophysical Research Letters” reveló que 27,7 millones de toneladas de polvo proveniente del Sahara se depositan sobre la cuenca del Amazonas cada año.
Sin embargo, no todas son buenas noticias, pues el experto recuerda que “puede traer ligeras complicaciones a la salud”.
Las autoridades han advertido que una prolongada exposición al polvo causa estornudos, tos e irritación ocular. Además, han recomendado que quienes sufren de alergias, asma y otras condiciones permanezcan en sus casas o utilicen mascarillas si salen al exterior.


