martes, agosto 25

China aplazó este domingo 23 el lanzamiento de la misión lunar Chang’e 7, que es parte de los trabajos previos del país asiático a un viaje tripulado al satélite terrestre en los próximos tres años.

China aplazó este domingo 23 el lanzamiento de la misión lunar Chang’e 7, que es parte de los trabajos previos del país asiático a un viaje tripulado al satélite terrestre en los próximos tres años.

La Agencia Espacial de Misiones Tripuladas de China (CMSA) indicó que tomó la decisión “en consonancia con el principio de proceder con prudencia, fiabilidad y garantizar el éxito absoluto” de la misión.

Las autoridades de la potencia oriental no precisaron los motivos exactos para la reprogramación, comentando únicamente que el envío de la sonda Chang’e 7 a la Luna se retrasó porque “no se cumplían las condiciones del lanzamiento” y que este “no podrá llevarse a cabo durante la ventana prevista para este año”.

Los reportes de la prensa asiática señalaban que el lanzamiento de Chang’e 7 estaba programado para el último fin de semana o, a más tardar, el 24 de agosto. Hasta el miércoles 19 se reportaba que la plataforma de despegue, equipos y otra infraestructura relacionada se encontraban en un estado apropiado.

La noticia se produce poco después del reciente estallido del cohete chino Larga Marcha 7A, que iba a colocar en órbita un satélite de comunicaciones. El incidente se registró el lunes 10 y según las fuentes oficiales una “anomalía de vuelo” provocó la explosión a 85 segundos del despegue desde el Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang, ubicado en la isla de Hainan.

Esta fotografía, tomada el 19 de agosto de 2026, muestra la sonda lunar Chang’e-7 y el cohete portador Larga Marcha-5 Y14 siendo trasladados verticalmente a la plataforma de lanzamiento en el Centro Espacial Wenchang, en la provincia de Hainan, al sur de China. (Foto: Yang Guanyu / Xinhua vía AFP)

/ YANG GUANYU

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Más allá de este precedente, no hay reportes que mencionen explícitamente que el aplazamiento de la misión Chang’e 7 esté ligado al accidente de hace dos semanas. El portal tecnológico Ars Technica indica que lo más probable es que el cambio de calendario de la misión lunar se deba a la presencia del tifón Nara en las inmediaciones de Hainan.

Los potentes vientos del temporal pueden superar los 70 kilómetros por hora y suponen un escenario meteorológico adverso para cualquier misión espacial. No obstante, el medio antes citado no descarta que se haya detectado desperfectos técnicos, debido a que el cohete Larga Marcha 5 que transportará la sonda Chang’e 7 tiene el mismo motor de la serie Larga Marcha 7, a la que pertenecía la astronave china que explotó recientemente.

La misión Chang’e 7 es parte de la cuarta fase del Programa Chino de Exploración Lunar (CLEP) y se dirigirá al Polo Sur de la Luna, teniendo como objetivo investigar la superficie, morfología, campo magnético y presencia de agua en el satélite terrestre.

Se espera que la sonda alunice sobre el cráter Shackleton y otro de sus grandes objetivos es analizar la posibilidad del establecimiento de futuras bases en el polo meridional de la Luna. Para tales trabajos, Chang’e 7 incluye un orbitador lunar, un módulo lunar y un rover de exploración.

(Foto: China News Service)

(Foto: China News Service)

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La cuarta fase del CLEP, de la que forma parte Chang’e 7, tiene como principal meta el desarrollo de una estación robótica en la Luna y culminará con Chang’e 8, programada para el 2028 y con la que se espera estudiar la viabilidad de los proyectos de utilización de recursos sobre la misma superficie lunar. La siguiente etapa será directamente el envío de una misión tripulada, que China espera realizar entre los años 2029 y 2030.

La primera fase del programa lunar de China consistió en el despliegue de los orbitadores lunares Chang’e 1 (2007) y Chang’e 2 (2010), mientras que la segunda supuso la colocación de los rovers Chang’e 3 (2013) y Chang’e 4 (2018).

Más adelante, el lanzamiento de la sonda prototipo Chang’e 5-T1 en el 2014 marcó el inicio de la tercera etapa. Su sucesora, Chang’e 5, partió en noviembre del 2020 y regresó con material a inicios de diciembre de ese año.

Chang’e 6, antecesora inmediata de la misión recientemente postergada, fue la primera de la cuarta fase y se lanzó en mayo del 2024. La sonda permaneció en la órbita lunar durante 20 días para luego descender sobre la cara oculta de la Luna, teniendo como logro histórico haber sido la primera misión en recoger muestras de esta región del satélite, las cuales llegaron a la Tierra a fines de junio de ese año.

Chang’e 7 tiene importancia como hito de la exploración lunar a causa de la complejidad de los descensos en los polos del satélite de la Tierra y la misión china sería la primera en lograr un alunizaje suave en una de estas regiones. El envío de la sonda no es solo importante por el poder propagandístico de tal logro, sino también por la potencial presencia de agua en la zona a explorar.

En medio de la carrera espacial que protagonizan el gigante asiático y Estados Unidos, medios y analistas coinciden en que esta apunta no solo a llegar antes a la Luna, sino sobre todo a garantizar una presencia humana de forma sostenida.

Maqueta china que ilustra cómo concibe el gigante asiático sus planes de establecer bases lunares. (Foto: China News Service)

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Se cree que cráteres como el de Shackleton tendrían importantes reservas de hielo, por lo que asegurar el acceso al agua sería un primer paso esencial para garantizar el establecimiento de bases y, en consecuencia, el futuro control de estas regiones.

Con tal escenario, el retraso de Chang’e 7 podría significar un revés para los intereses chinos ya que los estadounidenses también planean enviar una misión propia a la región polar meridional en el corto plazo.

Los norteamericanos han recurrido a un sistema de contratación con el sector privado para su programa Artemis y hace un año enviaron una misión operada por la empresa Intuitive Machines, denominada IM-2.

Esta última logró un alunizaje en el Mons Mouton del Polo Sur lunar, pero tuvo problemas de orientación en la superficie, lo que afectó su suministro de energía y llevó al cese del funcionamiento del módulo el 7 de marzo del 2025, un día después de su descenso. Lo anterior no impidió que la sonda consiguiera el envío de algunos datos relevantes.

Asimismo, la NASA había programado para la segunda parte de este año enviar hacia el Polo Sur de la Luna un módulo por medio de Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, como parte de su plan de bases en el cuerpo celeste.

Representación artística de la sonda Chang’e 7. (Foto: China News Service)

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La explosión de un cohete New Glenn durante una prueba a fines de mayo retrasó estos planes porque uno de estos dispositivos iba a ser empleado también para la misión de Blue Origin, que tenía como uno de sus grandes objetivos establecer parámetros para el alunizaje de viajes tripulados.

Eric Berguer, editor de temas espaciales de Ars Technica, considera que el aplazamiento de Chang’e 7 abre la posibilidad a que este y otros viajes no tripulados de EE.UU. puedan tomar la delantera y lograr el primer descenso suave sobre el polo meridional de la Luna.

Independientemente del criterio técnico, la carrera espacial del siglo XXI tiene un componente discursivo clave para los chinos dentro de su pugna geopolítica con Estados Unidos, según explica a El Comercio Carlos Aquino, director del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

“Cuando China empezó sus reformas económicas y de apertura al mundo en 1978 se fijaron cuatro modernizaciones: industria, agricultura, ciencia-tecnología y defensa. Ya ha logrado la mayoría de esos objetivos, pero poner una persona en la Luna sería el cénit de todo lo que se ha planteado, además de ser una demostración cabal del liderazgo de Xi Jinping como responsable de llevar al país a alcanzar todas esas metas”, señala el investigador.

A lo largo de este siglo China ha sumado varios hitos en la exploración espacial que van más allá de las misiones Chang’e y en muchos casos fueron fruto directo de la rivalidad con Washington. Uno de estos casos fue el de la Estación Espacial de Tiangong, gestionada por Beijing y creada luego de que los estadounidenses vetaran la participación china en el programa de la Estación Espacial Internacional.

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