Mientras buena parte del mundo sigue reaccionando a la coyuntura, China piensa a cinco años. El nuevo Plan Quinquenal 2026–2030, que será aprobado formalmente en marzo, no busca sorprender, sino ordenar prioridades en un contexto global más fragmentado, menos predecible y claramente más competitivo.
Dado los retos estructurales que tiene, China ya no busca crecer más rápido: apunta a crecer con mayor calidad y control. El crecimiento deja de medirse solo en tasas de expansión y pasa a evaluarse en términos de productividad, resiliencia y autonomía. Es un cambio menos vistoso, pero estratégicamente más relevante.
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El plan tiene cinco áreas de enfoque:
- 1. Innovación tecnológica. Beijing asume que la competencia global se juega en las tecnologías críticas. Inteligencia artificial, biotecnología, computación cuántica, nuevos materiales y comunicaciones 6G aparecen como prioridades. Un ejemplo reciente es el avance en IA generativa aplicada a manufactura, donde Huawei ha desplegado plataformas industriales de IA que ya optimizan procesos, reduciendo tiempos de producción y mermas. No es solo investigación: están pasando del laboratorio a escala nacional.
- 2. Modernización industrial. El objetivo ya no es producir más, sino mejor. El plan impulsa digitalización, automatización y sofisticación de la industria, al tiempo que consolida clústeres de alto valor agregado. La robotización sigue acelerándose: China instaló más de la mitad de todos los robots industriales del mundo en el 2025, aumentando eficiencia y calidad en sectores como automotriz y electrónica.
- 3. Demanda interna. China busca fortalecer su mercado doméstico. Mejores ingresos, protección social y servicios públicos no son políticas sociales, son instrumentos para reducir vulnerabilidades externas y sostener el crecimiento. Ciudades como Shenzhen y Hangzhou ya han ampliado sus programas de salud digital y subsidios para impulsar el consumo familiar, integrando política social con dinamismo económico.
- 4. Desarrollo sostenible. La transición energética, la eficiencia en el uso de recursos y la reducción de emisiones se integran a la estrategia productiva. China ya es el mayor instalador global de energía solar y eólica, y en el 2025 conectó el primer reactor nuclear modular del mundo, una apuesta por tecnologías limpias que refuerzan su liderazgo global. Además, esto reduce su exposición al petróleo importado.
- 5. Seguridad económica. Diversificar cadenas de suministros, reducir dependencias críticas y anticipar shocks externos se vuelve tan importante como crecer. Viene fortaleciendo su modelo de “doble circulación”, diversificando proveedores y ampliando reservas estratégicas de alimentos.
Para el Perú y América Latina, este giro abre oportunidades. Una China más enfocada en calidad, tecnología y sostenibilidad demandará nuevos socios, nuevos proyectos y cadenas de valor más sofisticadas. Hay oportunidades en energías limpias, infraestructura moderna, minería responsable, agroindustria avanzada y servicios asociados.
El desafío no es menor, pero la señal es clara: los países que logren aprovechar esta nueva lógica china podrán atraer inversión de mayor calidad y construir relaciones económicas más duraderas. Pensar a cinco años, esta vez, también puede jugar a nuestro favor. Mensaje para nuestro futuro presidente/a.




