El debate sobre si corresponde una censura o una vacancia al presidente José Jerí es sencillo en la forma, pero complejo en el fondo. Se trata de un debate que nos vuelve a saltar en medio de una crisis en Palacio de Gobierno.
Lo complejo radica en el debate que debe producirse sobre el rol que asume el presidente del Congreso cuando, por sucesión constitucional, termina ocupando el sillón de Palacio de Gobierno. No es un debate nuevo. Se produjo hace más de 20 años con el caso de Valentín Paniagua.
Revisando el Diario de Debates de aquella época, uno se encuentra con intervenciones como la de Henry Pease: “Acá se ha dicho con mucha tranquilidad: ¿Y si lo censuran? ¿Acaso en alguna parte de la Constitución, que es un todo y que se interpreta en conjunto, cabe la censura al presidente de la República? Caería automáticamente. Porque si puede ser censurado como presidente del Congreso sin darse razones, porque es una decisión política, entonces caería automáticamente como presidente de la República, lo cual no puede darse, señores”.
En ese entonces, y pese a la coyuntura que se vivía tras la caída del fujimorismo, nadie se imaginaba situaciones extremas como tener siete presidentes en casi diez años, entre vacancias y censuras. Lo interesante de aquel debate es que ponían sobre la mesa un concepto importante: una persona no puede ser presidente del Congreso y presidente de la República a la vez porque va en contra de un principio básico: la separación de poderes.
Aquel debate terminó con la aprobación de la Ley 27375, que interpreta que, para asumir la presidencia de la República, el congresista no pierde su condición de titular del Parlamento ni su curul. Leyendo la norma sin el contexto del debate, es natural interpretar que al legislador encargado de la presidencia de la República se le puede sacar con una censura. Pero el debate de dicha norma tenía otro espíritu, en el cual en ninguna parte estaba sobre la mesa el escenario de una censura.
Entonces, estamos ante un debate que debería reabrirse para abordar varias aristas que quedan en el aire cuando un congresista asume la conducción del gobierno. Por ejemplo: ¿qué sucede con su despacho parlamentario? Un reportaje periodístico mostró la poca productividad del despacho de Jerí. ¿Quién controla al personal si su congresista está 24 horas dedicado a las labores del gobierno? El trabajo de la Presidencia de la República es a tiempo completo, no lo puede repartir. Otra cuestión paradójica es: ¿Jerí puede presentar mañana un proyecto de ley desde su despacho parlamentario, presentar una cuestión de confianza que obligue al Congreso a aprobarla, y luego promulgarla con su firma?
Hay varios vacíos que deberían ajustarse dada la experiencia de los últimos años. Pero ese es un debate que debe darse alejado de la coyuntura que afrontamos. El caso de Jerí debería resolverse con base en los antecedentes próximos y, luego de ello, el Congreso recién debería reabrir un debate sobre el rol de un congresista que termina asumiendo la Presidencia de la República.




