domingo, abril 5

Los cuentos de Daniella Delgado Rey (Lima, 1987), reunidos en su debut, “Precariedad de la luz”, se distinguen por la disímil elección de sus temas, por los muy diferentes escenarios que elige para plantearlos (la selva peruana, Lima, Tokio, Marruecos, etcétera), así como por la sobriedad con que los narra. Esa sobriedad es una de las virtudes más destacables del conjunto, pues Delgado Rey consigue, en pocas y breves frases, construir una atmósfera, un espacio físico o un lugar mental; hay un lirismo seco y preciso con el que define personajes, objetos y sensaciones. Lo propio ocurre con los diálogos, casi siempre lacónicos, fugaces, definitorios en su propia noción.

Los cuentos de Daniella Delgado Rey (Lima, 1987), reunidos en su debut, “Precariedad de la luz”, se distinguen por la disímil elección de sus temas, por los muy diferentes escenarios que elige para plantearlos (la selva peruana, Lima, Tokio, Marruecos, etcétera), así como por la sobriedad con que los narra. Esa sobriedad es una de las virtudes más destacables del conjunto, pues Delgado Rey consigue, en pocas y breves frases, construir una atmósfera, un espacio físico o un lugar mental; hay un lirismo seco y preciso con el que define personajes, objetos y sensaciones. Lo propio ocurre con los diálogos, casi siempre lacónicos, fugaces, definitorios en su propia noción.

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Si bien estos relatos no pueden englobarse en una apuesta conceptual delimitada, una de sus piedras basales es la infancia como terreno de desolación y soterrada tristeza; una edad, más que inocente, vulnerable a todo el daño y los errores que los adultos son capaces de cometer. Debo decir que los puntos de partida de esta vertiente del libro se caracterizan justamente por la austeridad de una prosa pródiga de símbolos sutiles, atenta a lo apenas sugerido y adherida a una delicadeza que sabe punzarnos con las agridulces aristas de la melancolía.

El problema es que la misma Delgado Rey duda de sus propios alcances y logros. Por ejemplo, en “Hoy te convertirás en un hombre”, la inquietud de un hijo pequeño por el desinterés de su padre, esbozado con prestancia en las primeras páginas, da paso a una genérica persecución automovilística que se decanta en un final de acartonado dramatismo. Lo mismo pasa con “El vestido guinda”: todo lo que el cuento tiene de meritorio —la descripción de una niña atrapada en la jaula de cristal de la clase media acomodada, sedienta por la atención de una madre distante— es traicionado por una conclusión de tragedia subrayada y golpe de efecto de manual. Estas indecisiones lastran aquella delicadeza, esa densidad afectiva aligerada por un lenguaje tenue y directo, como si la autora temiera que algo se le escapara al lector, como si la falta de una resolución convencional le pudiera jugar en contra.

Porque hay otras composiciones, como “La cena”, en las que esa poesía de lo no dicho funciona y nos compromete con la angustia y el vacío de su solitario protagonista. O en el cuento inaugural, “Río arriba”, una travesía por los meandros de la selva amazónica que es al mismo tiempo una silenciosa rebelión hacia la miseria, el patriarcalismo y la ingrata cotidianidad de una mujer decidida a interrumpir un embarazo. O “Camino de hielo”, que trata la metáfora de los animales moribundos y la extrapola sagazmente a los destinos humanos que se debaten alrededor. Por el contrario, “Agua salada” es una narración sobre los desaparecidos en Argentina que no agrega absolutamente nada al tópico; mientras que “Milagro” se entrampa en los lugares comunes de la pobreza marginal y la violencia callejera. “Precariedad de la luz” teme a su bella endeblez; cuando esa aprensión se diluya, Delgado Rey nos ofrecerá con seguridad frutos más consistentes.

“Precariedad de la luz”

Autor: Daniella Delgado Rey

Editorial: Lumen

Año: 2026

Páginas: 138

Relación con la autora: ninguna

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