El cártel de Sinaloa, insignia del narcotráfico en México, enquistó en nuestro país a falsos empresarios agrícolas de su organización para adquirir de primera mano clorhidrato de cocaína directo del VRAEM y el Huallaga.
Para operar bajo una nueva estrategia logística, la red criminal transnacional, integrada por ciudadanos mexicanos y colombianos, implementó el uso de criptomonedas y billeteras virtuales a través de casas de cambio locales, con el fin de abrir una nueva ruta de exportación que saldría por los puertos del norte del país.
Para articular esta fachada, la organización criminal utilizó a su favor el calendario agrícola nacional y planificó su estrategia de traslado de droga con base en la información sobre la temporada de alta producción de cebolla en nuestro país.
—Ruta norte—
Bajo la hipótesis de la Dirección Antidrogas (Dirandro), esta red criminal fijó el inicio de sus operaciones durante la época de verano, pretendiendo mimetizar el cargamento ilícito en medio del flujo comercial de cebolla en el norte peruano. Fue en ese periodo que la organización camufló sesenta kilos de cocaína de alta pureza dentro de doscientas cuarenta cebollas falsas.
Según detalló el coronel Jenner Lozada Gordillo, jefe de la División de Investigaciones Especiales (Divinesp) esta red criminal operó “enviando la carga en contenedores marítimos convencionales, aprovechando la fachada de exportaciones agroindustriales legítimas hacia los Estados Unidos”.
Para ello diseñaron un método artesanal para evitar los controles de alerta. Las 240 cebollas falsas fueron elaboradas con moldes sintéticos y recubiertas con capas de cáscara real. De esta manera, imitaron la textura, el peso y la apariencia de la verdura para evadir y engañar las rigurosas inspecciones.

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La mafia despachó el cargamento diseñado como un envío piloto a través de terminales portuarios alternos del norte del país.
Según resaltó el mando policial, las indagaciones confirman que “se tiene la referencia que es la primera vez que esta facción intentaba abrir una ruta de exportación con este método”.
La presencia del cártel de Sinaloa en el Perú no es un fenómeno reciente. La Dirandro arrastra un historial de dos décadas persiguiendo a emisarios de esta organización en terminales portuarios y almacenes urbanos. Sin embargo, la detección de este cargamento piloto enciende las alarmas de las autoridades al revelar que nuevas facciones criminales buscan diversificar sus rutas mediante alianzas transnacionales y economías virtuales.
—Conexión Miami—
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El cargamento, sin embargo, no navegaba solo. Una alerta de inteligencia permitió que la Dirandro y la DEA vigilaran en secreto el contenedor mediante una entrega controlada internacional hasta su arribo a los Estados Unidos. Fue el pasado 6 de julio que la operación binacional ejecutó el golpe definitivo en el estado de Florida.
En Miami, las autoridades federales esperaron a que la red retirara la mercancía del puerto en tres maletas, las cuales le fueron entregadas a la ciudadana estadounidense Mireya Delgado, quien fue capturada en flagrancia. A la mujer, vinculada al rubro de autos de alta gama, le habían prometido 20 mil dólares por trasladar la droga de alta pureza hacia la ciudad de Chicago.
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Actualmente, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos procesa este caso penal bajo el expediente criminal 1:26-mj-03186 en la Corte del Distrito Sur de Florida, manteniendo las investigaciones bajo estricta reserva internacional. Paralelamente, la inteligencia financiera rastrea las transacciones de criptomonedas y billeteras digitales para financiar el acondicionamiento del cargamento y el pago a acopiadores locales.
Mientras el expediente judicial sigue en curso en la corte estadounidense, la Dirandro mantiene bajo observación las operaciones del cártel en el país. Según enfatizó el coronel Lozada, las unidades de inteligencia continuarán el cerco sobre estos corredores alternos para evitar que las organizaciones transnacionales establezcan nuevas líneas de salida por el norte.
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