Los alcaldes provinciales y distritales tienen una importancia fundamental en el sistema político, debido a que son el vínculo más cercano –y en algunas zonas rurales, el único– de los ciudadanos con el Estado.
“Estas autoridades están en contacto directo con los vecinos y se encargan de garantizarles servicios esenciales. En muchos lugares en los que es muy difícil que los actores [políticos] nacionales lleguen, las municipalidades son la única instancia de poder político”, explica Paulo Vilca, analista político y exviceministro de Gobernanza Territorial.
Recientemente, el Congreso aprobó, en primera votación, una reforma constitucional que elimina a los movimientos regionales de las contiendas electorales y solo permite la participación de los partidos en las mismas. La norma debe ser ratificada en una segunda votación con por lo menos 87 adhesiones.
La iniciativa ha sido cuestionada por especialistas consultados por El Comercio y hasta por el mismo Jurado Nacional de Elecciones.
Actualmente, 92 movimientos regionales y 10 partidos nacionales tienen por lo menos un alcalde provincial o distrital.
“No hay ningún país del mundo sin organizaciones en el ámbito subnacional. Los movimientos reproducen a escala los males de los partidos nacionales. Ambos necesitan ser reformados”, afirma Fernando Tuesta, exjefe de la ONPE y profesor de Ciencia Política en la PUCP.
En Argentina, por ejemplo, están inscritos 45 partidos nacionales y 705 del ámbito distrital.
En sus fundamentos, la norma aprobada por el Parlamento menciona que los movimientos regionales “han promovido la desinstitucionalización de la democracia y, hasta cierto punto, la corrupción”, “fungen como vientres de alquiler” y se “convierten en organizaciones fusibles”.
“Los movimientos regionales no son la panacea y son un producto deficiente, pero han acumulado las preferencias y retirarlos del mercado electoral por ley sería perjudicial para el país. El gran problema es que los partidos no tienen conexión con los ciudadanos”, comenta Mauricio Zavaleta, politólogo de La Universidad de Pittsburg.
Los expertos consultados por este Diario coinciden en que, si bien el sistema político necesita reformarse, la eliminación de los movimientos regionales no es el camino correcto.




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