Candidatos en pugna y una segunda vuelta aún incierta. El politólogo Carlos Meléndez solo espera que quien salga presidente tenga sentido común.
—¿Es una posibilidad real que Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori pasen a la segunda vuelta?
Es una posibilidad en tanto el electorado peruano ha ido virando paulatinamente hacia la derecha. Hay un colchón electoral en la derecha más grande del que había hace cinco años, incluso gente que estaba en la izquierda del espectro político tiende a apoyar políticas de mercado, reducciones tributarias. Pero tanto la derecha como la izquierda están fragmentadas.
—¿La derecha está menos fragmentada que la izquierda?
Hay tres grandes electores de derecha en el Perú. La derecha conservadora tradicional, de nivel socioeconómico alto, la derecha de los de arriba, donde López Aliaga ha encontrado un nicho. Hay una derecha popular urbana, sectores C y D, que es donde mejor le va al fujimorismo y hay una derecha más liberal que ha quedado medio huérfana, que en su momento votó por Kuczynski, Hernando de Soto y hoy está sin candidato. Espá, Grozo y ahora Nieto, a pesar de sus orígenes de izquierda, están tratando de atraer a este electorado que es bastante más juvenil.
—En la hipótesis de una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga, ¿se podría dar el hecho inédito de que el llamado sector caviar se incline hacia ella?
Un escenario entre Keiko Fujimori y López Aliaga en una segunda vuelta sería la primera vez que Keiko Fujimori pasase a un balotaje con un candidato a la derecha de ella. Ella siempre ha ido a segundas vueltas con candidatos a la izquierda de ella. Humala, Castillo y Kuczynski.
—Pero Kuczynski era derecha.
Era derecha, pero en temas morales, sociales, estaba a favor del matrimonio de personas del mismo sexo. Era más progre. Por lo tanto, esta teoría que señalas tiene lógica en el sentido de que Keiko Fujimori está más cerca a ellos, ideológicamente.
—Como ocurrió con PPK, ¿este sector se auparía a Keiko? ¿Sería más permeable a ellos?
Para el sector progresista, limeño urbano, Fujimori y López Aliaga son dos de sus rivales ideológicos, solo que uno es histórico y otro es más reciente. Entonces son más bien ellos los que tienen que decidir si apoyarían a su rival histórico o a su nuevo rival.
—¿Ella ya se colocó a la derecha de López Aliaga al plantear la salida de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para el regreso de los “jueces sin rostro”?
El electorado de Keiko Fujimori y de López Aliaga está bastante a la derecha. La única diferencia principal es de clase, como suelo decir, “los trumpistas de Dasso”, o “los fachos pobres”. El electorado peruano es un electorado bukelista sin Bukele. Lo más cerca a Bukele que tenemos en la actual elección son López Aliaga y Keiko Fujimori a su manera.
“El electorado peruano es un electorado bukelista sin Bukele”.
—¿Carlos Álvarez no pegó con el discurso bukelista?
No, porque tiene que ir más allá de los discursos y las formas. Y Carlos Álvarez es un imitador finalmente y a un imitador no se le toma en serio.
—¿En este esquema de derechas de arriba y de abajo no entra César Acuña?
Lo de César Acuña es un partido político clientelar, un patrimonialismo de nuevo rico que en el sector informal urbano norteño trata de generar maquinarias y clientelajes, coqueteando con sectores privados e influenciando en la regulación pública. Es básicamente un proyecto clientelar, público-privado.
—¿Existe el voto estratégico?
Sí existe, pero en un sector muy minoritario del electorado. Gente cercana a López Aliaga está buscando que este tipo de argumentación se extienda y popularice, porque López Aliaga sabe que en una elección con Keiko Fujimori no la va a tener tan fácil. Ese axioma que Keiko Fujimori pierde con cualquiera no sé si se mantenga ante López Aliaga, quien ha sido antiestablishment, radical y extremista en temas de fondo y forma, alguien muy conflictivo con sus rivales políticos, lo que lo ha ayudado a crecer políticamente.
—Estas elecciones se dan en un contexto de inseguridad ciudadana e inestabilidad política. ¿Eso abona a favor de quién?
Abona a favor de quien ha hecho su lema de campaña el orden, que es Keiko Fujimori, y a la derecha en general. Las encuestas te dicen que el principal problema del Perú es la inseguridad, hace cinco años era la economía y ganó la izquierda, por eso es que creo que hoy el viento está a favor de una candidatura de derecha. El fujimorismo es quien tiene la marca de la orden más establecida dentro de su márketing político y de su historia.
(Foto: César Campos para El Comercio)
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—En las últimas tres elecciones, Keiko Fujimori deslindaba de la figura de Alberto Fujimori, ahora se refiere a él en todo momento. ¿Se ha dado cuenta de que lo que funcionaba era el padre?
Son electorados que han variado y la imagen que tenemos de Alberto Fujimori también cambia. Hace 15, 20 años, Alberto Fujimori era un exdictador y “¡qué bien que esté preso!”, decían. Pero un exlíder autoritario después de haber pasado tantos años en la cárcel, se convierte en alguien del que la gente cambia su percepción, y piensa que ya cumplió condena muchos años, cosa que otros políticos no hicieron. Entonces, la imagen del patriarca autoritario también ha variado. No es lo mismo haberse enfrentado a su padre en el momento donde era el pararrayos de la herencia autoritaria, a alguien que murió anciano, enfermo y que despertó mucha nostalgia en la ciudadanía peruana.
“¿No puede ser presidente la hija de Fujimori, pero sí el sobrino de Montesinos?”.
—Esta campaña tuvo una vacancia presidencial en el medio. El fujimorismo acusa a Renovación Popular de generar caos e inestabilidad y desde Renovación responden que Fuerza Popular alentaba la corrupción negándose a la vacancia. ¿Quién gana con todo esto?
Ahí se vio la mayor experiencia política de Keiko Fujimori, y cómo el hígado guía el comportamiento y la estrategia de López Aliaga. Él creía que vacando a todos los presidentes [Boluarte, Jerí] reafirmaba su posición y su radicalismo y ahí puede cometer errores cuando la gente quiere algo de moderación y de orden. La gente no solo busca orden, seguridad, sino también en términos políticos, y en esa disputa por Jerí se le vio a López Aliaga contribuyendo al desorden, y a la inestabilidad presidencial, y Keiko Fujimori mostró reflejos al momento de ponerse en una causa que no era popular dentro de los parlamentarios.
—En el debate del lunes pasado eran todos contra López Aliaga, y el miércoles, todos contra Keiko. ¿El elector tiende a identificarse con la víctima?
En el caso de López Aliaga, han sido candidatos hombres contra él, percibido como candidato blanco, limeño de nivel económico alto. En cambio, el enfrentamiento contra Keiko Fujimori ha sido un apanado en mancha hacia una mujer, por eso no es casual que a Keiko Fujimori le va a mejor entre las mujeres que en otra parte del electorado. Las feministas de izquierda no están de acuerdo con ello, pero acá se vio, no solo conflictividad y agresión contra una candidata cualquiera, sino también contra una mujer.
(Foto: César Campos para El Comercio)
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—En el debate del miércoles, el candidato aprista Enrique Valderrama da un duro golpe al candidato Jorge Nieto recordándole su nexo con la exalcaldesa Villarán y su aspiración a ser primer ministro de Dina Boluarte. ¿Cuánto podría afectarle esto a Nieto?
Paradoja: ¿no puede ser presidenta la hija de Fujimori, pero sí el sobrino de Montesinos? Nieto Montesinos viene de las canteras de izquierda, su socialización política ha sido de izquierda, su equipo de confianza es de izquierda. Que él quiera atraer al electorado de centroderecha y derecha no le quita su esencia. En México conoció lo que era el gobierno autoritario del PRI. Por cierto, estuvo de agregado cultural en México, en un puesto que no es concursable, como él dijo.
—En 1995 fue asesor de la Dirección General de Asuntos Culturales del Viceministerio de Política Internacional, resolución firmada por el entonces canciller Efraín Goldenberg.
Cargo de confianza, entonces, además, mentiroso. Es alguien muy hábil que está buscando engatusar a un sector del electorado juvenil, que no tiene por qué conocer de estos matices políticos.
—¿Cómo podría afectarle haber estado en el gobierno municipal de Susana Villarán?
Todo el estigma que tiene la gestión de Villarán con respecto a la corrupción le va a salpicar a él sin lugar a dudas y Valderrama ha sido muy hábil en hacernos recordar esto en pleno debate.
—¿Cómo aprecia el crecimiento de la candidatura de Alfonso López Chau?
López Chau tiende a jugar con una figura tecnocrática por haber sido ingeniero económico de la Universidad del Callao y ha hecho carrera académica en la UNI. Lamentablemente, en las universidades públicas hay mucha politiquería y deficiencia en los servicios que se brindan a los estudiantes. Él viene de ese mundo. Conoce el mundo estudiantil, y se acercó a la juventud cuando la UNI albergó a quienes protestaban contra Dina Boluarte. Ha estado en el sur que le ha abierto sus puertas, pero es insuficiente para discutir temas de relevancia nacional.
“López Aliaga sabe que en una elección con Keiko Fujimori no la va a tener tan fácil”.
—¿Qué esperar el 12 de abril?
Que quien salga elegido presidente tenga sentido común. Ya hemos tirado la toalla de tener a un gran líder, a un gran reformador, a un visionario, a un estadista. No va a salir ese estadista de estas elecciones, no va a salir un líder popular que arrastre masas. No estoy pidiendo al nuevo presidente que sea un estadista, sino que apenas tenga sentido común.
—¿Tienen algún efecto los debates en los electores?
Cuando la diferencia entre los candidatos es de uno o dos puntos, pueden ser importantes no necesariamente para ganar, pero sí para pasar o no la valla. La pobre performance de César Acuña en el debate va a hacer que su electorado juvenil –que lo tiene porque son sus clientes– deje de apoyar su candidatura y le puede costar pasar la valla.
“No hay que descartar el escenario de un triple empate”
— En una de tus columnas señalas que el cambio de Constitución ya no es prioridad en esta elección. ¿Cómo se explica el crecimiento de Roberto Sánchez, que plantea una nueva Constitución?
No es prioridad para la mayoría, pero sí para un sector importante todavía, sobre todo para la gente que son los perdedores del modelo económico. Con el COVID-19 en el Perú, se abrió una herida de injusticia social y de desigualdad, lo que hizo que creciera el elector que reclamaba justamente justicia social y lucha contra la desigualdad. Fue un Estado que demostró que había dado la espalda a muchos ciudadanos, por lo tanto, creció el espacio de izquierda durante las elecciones anteriores, y hay un gran electorado de ese sector que se mantiene. El electorado de izquierda coordina para tomar una decisión, y en un contexto de abandono del Estado y de desigualdad le pueden dar un respaldo sólido a un candidato que justamente busque una ruptura con Lima y con el Estado. En eso se basa el crecimiento de Sánchez en sectores rurales, donde las encuestas tienen más deficiencias para llegar. Roberto Sánchez va a sacar más puntaje de lo que muestran las encuestas.
—¿Le alcanza para pasar a la segunda vuelta?
Eso es lo que no sabemos. No hay que descartar el escenario de un triple empate entre los tres primeros. No podemos descartar un escenario de triple empate entre los dos candidatos de la derecha urbana limeña y el candidato del mundo rural peruano que hoy es Roberto Sánchez.
—¿Cómo se explica que Roberto Sánchez, poniéndose el sombrero y hablando de la “ruta castillista”, esté creciendo?
Roberto Sánchez tiene en su lista para el Congreso a tres exministros castillistas, Anahí Durand, Iber Maraví, Hernando Ceballos y a familiares como la hija-cuñada, a la hermana de Pedro Castillo y a Isaac Humala, al patriarca de los Humala, quienes tienen posibilidad de estar en el próximo Senado. Si bien es cierto, Roberto Sánchez es un otorongo porque ha estado en el Congreso, y ha sido ministro de Comercio Exterior, ha logrado convencer al electorado castillista de que ese proyecto tiene una continuidad con él. El castillismo no es un proyecto que tiene un electorado de 20%, por eso a lo que más esperarían es a competir con López Aliaga y Keiko Fujimori.



