Esto merece una digresión. Cuando Álvarez dejó de ‘estar en personaje’ para pasar a hablar de política, se puso serio hasta el aburrimiento. Sus primeros videos del 2024, cuando empezó a dar mensajes sobre la crisis de inseguridad, eran graves y sombríos. Sus primeras entrevistas hacían extrañar a gritos la chispa del comediante. Sin las máscaras del remedo, Carlos se sentía incómodo e inseguro consigo mismo, se escondía detrás de la retórica que maneja por oficio. No es casual que no haya hecho ‘stand up comedy’ en su carrera pues ello obliga a desnudarse en público y reírse de sí mismo. De alguna forma, esta campaña será su primer gran stand up.
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Fin de la digresión. El martes sí recurrió al humor que reprimía. Acto seguido, explicó la controversia de la presunta condena no declarada por complicidad en peculado (el autor del delito sería Montesinos por darle fondos del Estado). Leyó un documento que mostró ante la cámara. En verdad, lo condenaron en dos instancias pero fue absuelto por la Corte Suprema. Por lo tanto, no estaba obligado a consignar el antecedente. Ahí muere la controversia legal pero, política y moralmente, sí vale la pena recordar el antecedente. Es un estigma en su carrera. En el último tramo del fujimorismo, Álvarez tuvo un contrato con TV Perú (Canal 7) que se juzgó ventajoso de acuerdo a los estándares de la TV pública. Hizo remedos muy duros de opositores y muy blandos de Fujimori. Su manager, Raúl Dávila, fue enrolado como gerente de producción del canal. Caído el ‘Chino’ y compungido por el juicio, se retiró temporalmente de la pantalla. La pasó mal. Los 25 años que siguieron reivindicaron su prestigio y brío cómico.
Tanto pesa ‘el asunto que no se toca´ que han estudiado sus consecuencias y hecho consultas. El resultado, según una fuente del entorno de Álvarez es este: a la gente ya no le es ni prioritario ni muy escandaloso enterarse de las preferencias sexuales. Carlos, por lo tanto, no hablará del asunto. Pero le preguntarán por él y, como ya sucedió en una entrevista en Latina con Mónica Delta, dirá que la ley no lo obliga a responder. El partido cree, incluso, que le puede dar la vuelta al impasse: será original ver a un candidato peleando por su privacidad, mientras otros cuentan su vida al detalle. Quizá tenga más figuración dentro que fuera del closet, piensan.

Desde que lanzó su primer video de pre candidato de PPT, año y medio atrás, Álvarez se posicionó con un típico discurso de extrema derecha sobre la inseguridad: pena de muerte, retiro del Pacto de San José, fuera migrantes venezolanos, cárceles inclementes. Le pregunté a Meza si esa percepción de derecha era compartida con su partido de raigambre más regional y centrista (ver mi crónica “Carlos, esto es en serio” publicada en El Comercio el 28/4/2025, sobre los orígenes de PPT y el fichaje de Álvarez). Vladimir me respondió: “Carlos me ha dicho que esa percepción de que es de derecha es equivocada. Ahora que estamos en contacto con la gente él se siente más de centro, pero eso no es por cálculo político, sino por la rutina, el fragor propio de la campaña”.
El ‘fragor de la campaña’ también permitió resolver una fricción entre el partido y el candidato, según me cuenta Meza: “Carlos nos reclamó que no quería que lo recibieran portátiles cuando llegaba a un lugar o entraba a mercados. Eso fastidió a la militancia que quiere recibir y estar al lado de su candidato. Hubo una tensión allí. Pero ya con la campaña, eso no se puede controlar y la gente del partido está con él”. Fuera de esas tensiones, Meza y Delsy Romero, que asiente mientras conversamos, echan flores a su candidato que es conocido donde vaya y que en varias ciudades de regiones lo recuerdan por su ‘labor social’. Ciertamente, Álvarez solía complementar sus giras y shows, con actividades de proyección social, promoviendo y apadrinando comedores, colegios y donaciones. Ese era el pie que tenía puesto desde hace décadas en la política.
Tus invitados
El partido llegó a un acuerdo básico con Álvarez. Carlos tenía 40 años negociando con los canales más grandes del país y ahora tenía que hacerlo con un modesto y flamante partido nacido a partir del movimiento ancashino El Maicito. Es conmovedor enterarse de que fueron a buscar a la empresaria naturista Jeanette Enmanuel creyendo que podía ser candidata. Esta no estaba interesada y les sugirió que buscaran a Carlos. Carlos fue exigente y reclamó poner su importante cuota de candidatos, designar al equipo y tener derecho a veto. Le dieron el 20% de la cuota de designados para que los coloque en posiciones ventajosas. El partido hizo lo propio con el resto de la lista. La ex procuradora nacional Julia Príncipe, brazo derecho político de Carlos, hizo los filtros. Eso dejó fuera de carrera a algunas sugerencias del partido, pero no provocó fricciones insalvables, como las provocó el paso previo de Príncipe en la campaña abortada de Carlos Añaños (primero con Avanza País, luego con Perú Moderno).
El partido convocó a Juan Sheput como estratega político en el comando de campaña y Álvarez aceptó su incorporación. Meza, antes de ser alcalde de Huaraz (2011-2014), fue militante de Perú Posible. Era secretario de juventudes del partido cuando conoció a Sheput, que fue asesor político en el despacho de Toledo, antes de hacerse más conocido como ministro y congresista. Vladimir, Sheput, Álvarez y Príncipe son el cogollo de las decisiones políticas, al que podemos sumar a la secretaria general Delsy Romero y a Raúl Dávila que, aunque no tiene un rol político definido, gravita en las decisiones de Carlos y mantiene los contactos con la prensa. Meza cuenta, además, con la asesoría política de José Labán, que fue un conocido ppkausa.
Indagué si han contratado o contratarán a un estratega extranjero de márketing electoral. Meza rió y me contestó: “Cuando leímos que ‘Porky’ estaba buscando a un asesor de Trump, nos miramos y nos reímos. Intentamos buscar uno y tuvimos una conferencia telefónica con Jordi Segarra, que nos atendió desde España. Planteó una cifra astronómica. Ni hablar, nos hemos resignado a no tener. Lo que ves en los videos de Carlos es creatividad propia”. Con un tercer lugar en la última encuesta de intención de voto de Datum (6.2% tras Rafael López Aliaga con 12% y Keiko Fujimori con 8%), una distribución nacional más o menos pareja (en el Norte y Oriente, mejor que en Lima, siendo el Sur su lado flaco) y el mejor valorado (con 57% de encuestados que consideran buena su postulación, seguido de Alfonso López Chau, Mario Vizcarra y George Forsyth); quizá dejen la resignación.
La decisión de Álvarez de no ceder a la presión por develar su sexualidad, desguarnece otros flancos de campaña. Por ejemplo, ha prometido que no atacará a otros candidatos y hasta ahora ha cumplido. Pero se ha convertido en ‘punching bag’ de otros. La propia dinámica de campaña llevará a debates y puyazos de los que le será difícil escapar, a menos que utilice el salvavidas del humor. Quizá sean mayores los retos que las oportunidades, sino tiene quien lo discipline. Marco Barraza, un personaje ligado a él, cuyo ‘background’ no he podido determinar; además de Dávila y del equipo político de campaña, influyen en decisiones hasta ahora muy intuitivas y coyunturales. Julia Príncipe, por su lado, ha hecho fichajes. Convocó a la exjueza Susana Castañeda para el puesto 3 al senado nacional y fichó a Martín Soto Florián, ex asesor de la PCM y master en políticas sociales de la London School of Economics, para liderar al equipo de plan de gobierno. En poco tiempo, Soto tuvo que desarrollar el plan que, por obligación de ley, los partidos presentaron en diciembre.
Conversé con Soto Florián. Recién ha conocido a Carlos unas semanas atrás. “Tiene capacidad de absorber los temas que tratamos y te los devuelve rápido y creativamente” me dijo de él. Martín reconoce que el capítulo de seguridad tiene que ser afinado y desarrollado. Lo hará con expertos cuyo nombre se reserva. En el equipo del plan también participa Diego Guevara, candidato a la segunda vicepresidencia en la plancha de PPT. Por cierto, Álvarez ha pedido a todos que se alineen con su propuesta de la pena de muerte y lo que ella implica respecto al Pacto de San José. El programa de gobierno, en cambio, tiene un tono más centrista.
Vladimir Meza tiene lo suyo, para bien y para mal. Candidatea al senado, a diferencia de Álvarez y logró que su hermano Alexander encabece la lista al senado por Áncash. “Lo ha hecho por su propio mérito, logrando establecer comités en las 20 provincias (por cierto, Áncash es la región más subdividida del Perú)”, me dice de su hermano. Meza tiene cinco investigaciones abiertas. La última es fruto de la campaña, pues el Ministerio Público abrió investigaciones a más de un partido reaccionando a denuncias de ciudadanos que decían que sus líderes hacían declaraciones contra la democracia. Las otras se derivan de su gestión municipal en Huaraz (ver mi crónica “Carlos, esto es en serio”). Además, fue involucrado por el controversial Zamir Villaverde en una intriga en la que Meza habría conseguido apoyo del JNE a favor de un fraude pro Pedro Castillo. La denuncia se cayó por falta de sustento. Ahora se dedica a dirigir la respuesta nacional de los varios comités del partido para que salten la valla con el hombre con el que los muchos de los militantes pepetistas se reían desde que eran niños.




