Caracas retoma poco a poco la cotidianidad con más comercios abiertos y gente acudiendo a sus trabajos, entre el nerviosismo por las nuevas réplicas tras el doble terremoto de una semana atrás, mientras familiares insisten en la búsqueda de sus parientes y quienes quedaron sin casas duermen en carpas a la espera de recobrar la normalidad.
Las zonas de Caracas que sufrieron mayores daños siguen este miércoles acordonadas con cintas que dicen “No pase, peligro”, advertencias que algunos ignoran, mientras que en ciertos edificios de oficinas se impide temporalmente el acceso para evaluar o reparar los daños.
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Hay kioskos abiertos vendiendo bebidas, cigarros y golosinas, y se ve gente corriendo en plazas y saliendo con ropa de ejercicios de gimnasios cercanos. En este contexto, también continúan las labores de remoción de escombros de edificios desplomados.
En Caracas, de unos cinco millones de habitantes, el impacto del terremoto se concentró en el municipio Chacao, al este de la capital, donde unos tres edificios colapsaron por completo y unos 80 sufrieron daños.
Allí, a las afueras de la residencia Petunia, en la urbanización Los Palos Grandes, Alberta Tahani asegura a EFE que ha acudido junto a parientes todos estos días a la espera de que rescaten a su sobrino, quien se encuentra bajos los escombros desde hace una semana.
Según Tahani, su familiar atendió una llamada en medio de los terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5, y dijo que estaba bien, pero después de esto no hubo más contacto.
“Nos apegamos a eso: a la esperanza de esa llamada”, dice la mujer, cuando han pasado más de 160 horas del desastre y mientras los rescatistas aceleran las labores de búsqueda porque el tiempo se acorta.
En las adyacencias de los edificios desplomados, confluyen médicos y voluntarios en tiendas de campaña, y hasta hay pastores evangélicos, quienes han puesto sillas en la calle y reciben a creyentes para rezar.
También en Los Palos Grandes, se han instalado unas 20 carpas con personas de un edificio cercano que sufrió daños, pero no se desplomó. Durante siete días, han acudido a sus apartamentos para asearse y rescatar su cosas.
Puestos de comida ambulantes en Caracas, Venezuela, el 1 de julio de 2026. (Raúl Martínez / EFE)




