Organizar un debate presidencial, con 35 candidatos distribuidos en seis fechas, no es una tarea fácil. Estructurar tiempos, segmentos e intervenciones –y lograr que los representantes de todos los partidos estén de acuerdo con estos– debe haber sido un dolor de cabeza para el Jurado Nacional de Elecciones.
Organizar un debate presidencial, con 35 candidatos distribuidos en seis fechas, no es una tarea fácil. Estructurar tiempos, segmentos e intervenciones –y lograr que los representantes de todos los partidos estén de acuerdo con estos– debe haber sido un dolor de cabeza para el Jurado Nacional de Elecciones.
Sin dejar de reconocer el esfuerzo que todo esto ha representado, las primeras tres fechas nos permiten sacar algunas conclusiones. Una de ellas es que el formato aplicado no debería repetirse más. No solo porque es aburrido. Es desordenado y los tiempos de las intervenciones son demasiado cortos para exponer las propuestas. Además, el sistema de ternas permite que algunos candidatos eviten el enfrentamiento directo y se dediquen al paporreteo de iniciativas sin sustento. En otros casos, dos postulantes aprovechan para apanar a un tercero, lo cual es desproporcional. En este tipo de intercambios, el sistema de duplas funciona mejor.
Sin embargo, la principal falencia de este debate no tiene que ver con aspectos organizativos, sino con la calidad de lo que se ofrece. La gran mayoría de los 35 candidatos no tiene la menor idea de dónde está parado. Utilizan la tribuna para derrochar populismo a raudales, pero ponen en evidencia que no tienen idea de cuáles son las funciones y límites del cargo al que aspiran.
A estas alturas es prematuro hablar de ganadores. Una frase celebrada en redes sociales no necesariamente asegura endose de votos ni vociferar frases cliché garantiza un repunte en las encuestas. Son gestos que, en el mejor de los casos, permiten a algunos salir del anonimato.
El lunes comienza la segunda ronda de presentaciones. Será la última oportunidad para que los integrantes del pelotón de menos del 1% se hagan notar. Quizás estas jornadas contribuyan a reducir un poco el alto número de indecisos. El debate nos dejará momentos virales y reels para compartir, pero también muchas dudas y temores sobre lo que le espera a nuestro país en los próximos cinco años.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.




