Hace unos días participé del primer evento del año que organizó la Sociedad Peruana de Marketing llamado “Marketing y Política: el rol del marketing en la democracia”. Tuve el honor de compartir escenario con profesionales de primer nivel, como son Rolando Arellano Cueva y Urpi Torrado. Entre los conceptos que destacó Rolando estuvo la importancia que las propuestas que hacen los candidatos durante sus campañas conecten con problemas reales de la gente. Urpi resaltó, entre varios puntos, lo indispensable de manejar los datos generados por las encuestas de manera rigurosa y responsable. En mi caso expliqué que una estrategia de campaña política requiere los mismos ingredientes que una campaña de una marca de consumo masivo: una propuesta de valor relevante y única, aterrizada a una estrategia de comunicación de alto impacto que conecte emocionalmente.
Al final del bloque de presentaciones hubo un espacio para preguntas, y como era lógico, se enmarcaron principalmente en los retos frente a las elecciones más complejas que ha tenido nuestro país en su historia. Si metemos en la coctelera a 36 partidos, con candidatos a la presidencia, al Congreso, Senado y Parlamento Andino -todos mezclados entre millones de contenidos en redes sociales y medios de comunicación, con altas cantidades de ‘fake news’, va a resultar en un trago bien amargo que nos dejará una resaca que durará cinco años.
En el intento de plantear algunas sugerencias de como enfrentar este abrumador y casi apocalíptico escenario, me imaginé lo simple que se nos haría elegir bien si a las campañas electorales se les aplicara las mismas exigencias y obligaciones que se le hacen a las campañas publicitarias de algunas marcas de consumo masivo, que buscan transparentar y advertir sobre sus ingredientes y sus posibles efectos.
Por ejemplo, la ley de octógonos. Candidatos que tengan en sus paneles octógonos que digan “alto en corrupción ”, o “contiene mentiras saturadas”, o “bajo en principios y valores”, todos seguidos por la recomendación de “evitar su consumo al momento de votar”.
O las advertencias que aparecen en las cajetillas de cigarrillos: “Creer en este candidato causa decepción e indignación”, o “votar por este partido le causa cáncer al país”.
También servirían las exigencias de información que tienen las promociones: “Honestidad válida hasta el día de las elecciones”, o “beneficios sólo aplican a los miembros del partido”. Imagínense que los candidatos tengan pegado en su espalda sus “ingredientes”, tal cual tienen todos los productos envasados: “500 grs. de tráfico de influencia, 200 grs. de enriquecimiento ilícito”.
Imaginarnos esta posibilidad suena descabellado y utópico, pero, si le exigimos ese nivel de transparencia a un chocolate, a un licor, a una mayonesa, a una gaseosa, para que tengamos la información indispensable y transparente a la hora de elegir, ¿por qué no a los políticos en temporada electoral?
Bueno, estamos más cerca de lo que crees. Hoy existen varias fuentes de información donde los electores podemos ir a averiguar los “ingredientes” u “octógonos” que tiene cada candidato. Por listar algunos: revisatucandidato.pe, civismo.pe, transparencia.org.pe, eshoy.pe y rpp/elpoderentusmanos.
Me queda claro que mi escenario imaginario de advertencias visibles es utópico. Pero podemos tener el mismo nivel de información si enfrentamos con responsabilidad cívica el objetivo común de elegir mejor a aquellos a los que les vamos a dar las riendas del futuro del Perú, nuestro futuro, el de nuestros hijos. Tal como enuncia la plataforma que impulsa RPP hace años: “El Poder en tus Manos”. Tenemos el poder. Ejerzámoslo de manera consciente e informada. Hoy más que nunca.














